{"id":405,"date":"2009-10-24T20:21:26","date_gmt":"2009-10-24T20:21:26","guid":{"rendered":"http:\/\/bloquepopularjuvenil.org\/bpjwordpress\/?p=405"},"modified":"2009-10-24T20:21:26","modified_gmt":"2009-10-24T20:21:26","slug":"la-coyuntura-economica-y-el-movimiento-obrero-mundial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcomunista.org\/?p=405","title":{"rendered":"La coyuntura econ\u00f3mica y el movimiento obrero mundial"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" alignright size-full wp-image-403\" height=\"240\" align=\"right\" width=\"160\" src=\"http:\/\/bloquepopularjuvenil.org\/bpjwordpress\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/des.jpg\" style=\"border: 1px solid black; margin: 5px; float: right;\" alt=\"\" \/>Publicamos este interesant&iacute;simo art&iacute;culo de Trotsky titulado &quot;Flujos y Reflujos&quot;, en su edici&oacute;n en castellano, o &quot;Marea Alta&quot;, en la versi&oacute;n inglesa, y que tiene por subt&iacute;tulo: &quot;La coyuntura econ&oacute;mica y el movimiento obrero mundial&quot;, que expresa de manera m&aacute;s precisa el contenido del texto. El art&iacute;culo fue escrito a fines de diciembre de 1921 y forma parte de un conjunto de escritos de Trotsky sobre los debates en aquel per&iacute;odo en el seno de la III Internacional, recogidos en el libro &quot;Los primeros 5 a&ntilde;os de la Internacional Comunista&quot;. En este trabajo Trotsky aborda la relaci&oacute;n dial&eacute;ctica entre el ciclo econ&oacute;mico capitalista y la lucha de clases, y guarda una gran actualidad con la actual coyuntura econ&oacute;mica de crisis capitalista internacional y la situaci&oacute;n en el movimiento obrero mundial.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\n<!--break--><\/p>\n<p><strong>Flujos y Reflujos: La coyuntura econ&oacute;mica y el movimiento obrero mundial<\/strong> [1] <\/p>\n<p>El mundo capitalista entra en un per&iacute;odo de ascenso industrial. Los booms se alternan con las depresiones. Una ley org&aacute;nica de la sociedad capitalista.<\/p>\n<p>\nEl actual boom de ninguna manera indica el establecimiento de un equilibrio en la estructura de clase. Una crisis frecuentemente favorece el surgimiento de estados de &aacute;nimo anarquistas y reformistas entre los trabajadores. El boom ayudar&aacute; a unificar a las masas trabajadoras. <\/p>\n<p>1 <br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" alignright size-full wp-image-404\" height=\"382\" width=\"255\" src=\"http:\/\/bloquepopularjuvenil.org\/bpjwordpress\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/trotsky1940.jpg\" style=\"border: 1px solid black; margin: 5px; float: right;\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/elcomunista.org\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/trotsky1940.jpg 255w, https:\/\/elcomunista.org\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/trotsky1940-200x300.jpg 200w\" sizes=\"(max-width: 255px) 100vw, 255px\" \/>Los s&iacute;ntomas de un nuevo ascenso de la marea revolucionaria se est&aacute;n haciendo evidentes en el movimiento obrero europeo. Es imposible pronosticar si traer&aacute; consigo las gigantescas olas que lo inundan todo. Pero no hay ninguna duda de que la curva del desarrollo revolucionario est&aacute; evidentemente en ascenso. <\/p>\n<p>El per&iacute;odo m&aacute;s cr&iacute;tico en la vida del capitalismo europeo se dio en el primer a&ntilde;o de la postguerra (1919). Las m&aacute;s altas manifestaciones de lucha revolucionaria en Italia (jornadas de septiembre de 1920) ocurrieron en un momento en que los picos m&aacute;s agudos de la crisis pol&iacute;tica en Alemania, Inglaterra y Francia parec&iacute;an estar ya superados. Los acontecimientos de marzo de este a&ntilde;o en Alemania fueron un eco retrasado de una &eacute;poca revolucionaria que hab&iacute;a pasado, y no el comienzo de una nueva. A principios de 1920, el capitalismo y su estado, habiendo consolidado sus primeras posiciones, pasaban ya a la ofensiva. El movimiento de las masas trabajadoras asumi&oacute; un car&aacute;cter defensivo. Los partidos comunistas se convencieron de que estaban en minor&iacute;a, y en ciertos momentos parec&iacute;an aislados de la abrumadora mayor&iacute;a de la clase trabajadora. De aqu&iacute; la llamada &quot;crisis&quot; de la III Internacional. En el momento actual, como ya he afirmado, el punto de inflexi&oacute;n se puede ver con toda claridad. La ofensiva revolucionaria de las masas trabajadoras est&aacute; creciendo. Las perspectivas de lucha se est&aacute;n extendiendo cada vez m&aacute;s. <\/p>\n<p>Esta sucesi&oacute;n de etapas es el producto de causas complejas de diferente orden: pero en sus cimientos, brota de los agudos zigzags de la coyuntura econ&oacute;mica que refleja el desarrollo capitalista de la postguerra (I). <\/p>\n<p>Las horas m&aacute;s peligrosas para la burgues&iacute;a europea ocurrieron durante el per&iacute;odo de desmovilizaci&oacute;n de las tropas, con el retorno de los soldados enga&ntilde;ados a sus casas y con su reasignaci&oacute;n en los panales de la producci&oacute;n. Los primeros meses de la postguerra engendraron grandes dificultades que contribuyeron a agravar la lucha revolucionaria. Pero las camarillas dominantes se rectificaron a tiempo y llevaron adelante una pol&iacute;tica gubernamental y financiera a gran escala, dise&ntilde;ada para mitigar la crisis provocada por la desmovilizaci&oacute;n. El presupuesto estatal continu&oacute; manteniendo las proporciones monstruosas de la &eacute;poca de guerra; muchas empresas se mantuvieron en operaci&oacute;n artificialmente; muchos contratos se prolongaron para evitar el desempleo; se alquilaron departamentos a precios que hac&iacute;an imposibles reparar los edificios; el gobierno subsidi&oacute; de su propio presupuesto la importaci&oacute;n de pan y de carne. En otras palabras la deuda nacional se fue amontonando, la moneda se hundi&oacute;, los cimientos de la econom&iacute;a fueron totalmente socavados, todo con el prop&oacute;sito pol&iacute;tico de prolongar la ficticia prosperidad industrial y comercial de los a&ntilde;os de guerra. Esto dio a los c&iacute;rculos industriales dirigentes la oportunidad de renovar el equipamiento t&eacute;cnico de las empresas m&aacute;s grandes y reconvertirlas a la producci&oacute;n de tiempos de paz. <\/p>\n<p>Pero este boom ficticio choc&oacute; r&aacute;pidamente contra el empobrecimiento generalizado. La industria de bienes de consumo fue la primera en estancarse debido a la capacidad extremadamente reducida del mercado, y mont&oacute; r&aacute;pidamente las primeras vallas de superproducci&oacute;n que m&aacute;s tarde obstruyeron la expansi&oacute;n de la industria pesada. La crisis asumi&oacute; proporciones sin precedentes y formas no vistas hasta entonces. Habiendo comenzado a principios de la primavera del otro lado del Atl&aacute;ntico, la crisis se propag&oacute; a Europa a mediados de 1920, y alcanz&oacute; su punto m&aacute;s profundo en mayo de 1921, o sea el a&ntilde;o que est&aacute; llegando a su fin. <\/p>\n<p>Por tanto, para el momento en que la crisis industrial y comercial de postguerra se establec&iacute;a de forma abierta e inconfundible (luego de un a&ntilde;o de prosperidad ficticia), el primer asalto elemental de la clase trabajadora contra la sociedad burguesa ya estaba en sus etapas finales. La burgues&iacute;a pudo mantener sus posiciones por medio de maniobras y enga&ntilde;os, haciendo concesiones, y en parte ofreciendo resistencia militar. El primer asalto proletario fue ca&oacute;tico -sin ninguna idea ni objetivos pol&iacute;ticos definidos-, sin ning&uacute;n plan, sin ning&uacute;n aparato dirigente. El curso y el resultado de este asalto inicial demostr&oacute; a los trabajadores que cambiar su suerte y reconstruir la sociedad burguesa era una tarea mucho m&aacute;s complicada que lo que podr&iacute;an haber pensado durante las primeras manifestaciones de protesta de postguerra. Relativamente homog&eacute;nea en lo incipiente de su estado de &aacute;nimo revolucionario, las masas trabajadoras de all&iacute; en adelante comenzaron a perder muy r&aacute;pidamente su homogeneidad, estableci&eacute;ndose entre ellas una diferenciaci&oacute;n interna. El sector m&aacute;s din&aacute;mico de la clase trabajadora, y el menos ligado a las tradiciones pasadas, luego de aprender por experiencia propia la necesidad de claridad ideol&oacute;gica y de unidad organizativa, se aglutin&oacute; en el Partido Comunista. Luego de los fracasos, los elementos m&aacute;s conservadores o menos conscientes retrocedieron temporariamente de sus intenciones y m&eacute;todos revolucionarios. La burocracia sindical sac&oacute; provecho de esta divisi&oacute;n para recuperar sus posiciones. <\/p>\n<p>La crisis comercial e industrial de 1920 estall&oacute; en la primavera y en el verano, como ya se dijo, en un momento en que las mencionadas reacciones pol&iacute;ticas y psicol&oacute;gicas ya se hab&iacute;an instalado en el seno de la clase trabajadora. La crisis incuestionablemente aument&oacute; la insatisfacci&oacute;n entre grupos obreros considerables, provocando aqu&iacute; y all&aacute; manifestaciones tempestuosas de insatisfacci&oacute;n. Pero luego del fracaso de la ofensiva de 1919, y con la consiguiente diferenciaci&oacute;n que tuvo lugar, la crisis econ&oacute;mica no pudo ya por s&iacute; misma restaurar la unidad necesaria en el movimiento, ni hacer que &eacute;ste asumiera el car&aacute;cter de un nuevo y m&aacute;s resuelto asalto revolucionario. Esta circunstancia refuerza nuestra convicci&oacute;n de que los efectos de una crisis sobre el curso del movimiento obrero no son todo lo unilaterales que ciertos simplistas imaginan. Los efectos pol&iacute;ticos de una crisis (no s&oacute;lo la extensi&oacute;n de su influencia sino tambi&eacute;n su direcci&oacute;n) est&aacute;n determinados por el conjunto de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica existente y por aquellos acontecimientos que preceden y acompa&ntilde;an la crisis, especialmente las batallas, los &eacute;xitos o fracasos de la propia clase trabajadora, anteriores a la crisis. Bajo un conjunto de condiciones la crisis puede dar un poderoso impulso a la actividad revolucionaria de las masas trabajadoras; bajo un conjunto distinto de circunstancias puede paralizar completamente la ofensiva del proletariado y, en caso de que la crisis dure demasiado y los trabajadores sufran demasiadas p&eacute;rdidas, podr&iacute;a debilitar extremadamente, no s&oacute;lo el potencial ofensivo sino tambi&eacute;n el defensivo de la clase. <\/p>\n<p>Hoy, en retrospectiva, para ilustrar este pensamiento, habr&iacute;a que formular la siguiente proposici&oacute;n: si la crisis econ&oacute;mica con sus manifestaciones de desempleo e inseguridad masivos hubiera seguido directamente a la terminaci&oacute;n de la guerra, la crisis revolucionaria de la sociedad burguesa hubiera sido de un car&aacute;cter mucho m&aacute;s agudo y profundo. Precisamente, con el objetivo de evitar esto, los estados burgueses limaron las aristas de la crisis revolucionaria por medio de una prosperidad financiera especulativa, esto es, posponiendo la inevitable crisis comercial e industrial por doce o dieciocho meses, al costo de desorganizar m&aacute;s a&uacute;n sus respectivos aparatos financieros y econ&oacute;micos. En raz&oacute;n de esto, la crisis se volvi&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s profunda y aguda: en cuanto a los ritmos, sin embargo, no coincidi&oacute; ya con la turbulenta oleada de desmovilizaci&oacute;n, sino que tuvo lugar en el momento en que &eacute;sta ya hab&iacute;a cedido, en un momento en que uno de los campos estaba sacando balance y extrayendo las lecciones,&nbsp; mientras que el otro estaba atravesando una fase de desilusi&oacute;n y sufriendo las consecuentes divisiones. La energ&iacute;a revolucionaria de la clase trabajadora se repleg&oacute; sobre s&iacute; misma y encontr&oacute; su expresi&oacute;n m&aacute;s clara en los imperiosos esfuerzos por construir el Partido Comunista. Este inmediatamente se expandi&oacute; hasta llegar a ser la fuerza mayor en Alemania y Francia. Al pasar el peligro inmediato, el capitalismo, habiendo creado artificialmente un boom especulativo en el curso de 1919, se aprovech&oacute; de la crisis incipiente para desalojar a los trabajadores de aquellas posiciones (la jornada de 8 horas, los aumentos de salarios) que los capitalistas se hab&iacute;an visto obligados a cederle previamente como forma de autopreservaci&oacute;n. Peleando en batallas de retaguardia, los trabajadores retrocedieron. Las ideas de conquistar el poder, de establecer rep&uacute;blicas sovi&eacute;ticas, de llevar adelante la revoluci&oacute;n socialista, naturalmente se debilitaron en sus mentes al tiempo que se encontraron obligados a luchar, no siempre con &eacute;xito, para mantener sus salarios tan si quiera en el m&iacute;sero nivel al cual hab&iacute;an descendido.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p>All&iacute; donde la crisis econ&oacute;mica no asumi&oacute; el aspecto de sobreproducci&oacute;n y agudo desempleo, sino que retuvo en cambio (como en Alemania) la forma profunda de remate del pa&iacute;s y degradaci&oacute;n del nivel de vida de los trabajadores, la energ&iacute;a de la clase, dirigida a aumentar los salarios para compensar el poder de compra declinante del marco, se parec&iacute;a a los esfuerzos de un hombre tratando de atrapar su propia sombra. Como en otros pa&iacute;ses, el capitalismo alem&aacute;n pas&oacute; a la ofensiva: las masas laboriosas, aunque resistiendo, retrocedieron en desorden. <\/p>\n<p>Fue precisamente en medio de esa situaci&oacute;n general que ocurrieron los acontecimientos de marzo de este a&ntilde;o en Alemania. En esencia, todo se reduce a esto: que el joven Partido Comunista, lleno de p&aacute;nico ante el evidente reflujo de la oleada revolucionaria en el movimiento obrero, hizo una apuesta desesperada para aprovechar la acci&oacute;n de uno de los destacamentos del proletariado que a&uacute;n manten&iacute;a la din&aacute;mica anterior, con el prop&oacute;sito de &quot;electrizar&quot; a la clase trabajadora y de hacer todo lo posible porque las cosas avanzaran, y precipitar la batalla decisiva. <\/p>\n<p>El III Congreso Mundial de la Comintern se reuni&oacute; cuando a&uacute;n estaba fresca la impresi&oacute;n de los acontecimientos de marzo en Alemania. Luego de un cuidado an&aacute;lisis, el Congreso evalu&oacute; en toda su importancia el peligro inherente a la falta de correspondencia entre la t&aacute;ctica de la &quot;ofensiva&quot;, la t&aacute;ctica de la &quot;electrizaci&oacute;n&quot; revolucionaria, etc. -y los procesos muchos m&aacute;s profundos que estaban teniendo lugar dentro de la clase trabajadora de acuerdo con los cambios y giros de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica. <\/p>\n<p>Si hubiera habido en Alemania en 1918 y 1919 un Partido Comunista comparable en cuanto a fuerza a aqu&eacute;l que exist&iacute;a en marzo de 1921, es muy probable que el proletariado hubiera tomado el poder ya en enero o marzo de 1919. Pero no hab&iacute;a tal partido. El proletariado sufri&oacute; una derrota. De la experiencia que sac&oacute; de esta derrota, naci&oacute; el Partido Comunista. Una vez puesto en pie, si &eacute;ste hubiera intentado actuar en 1921 de la misma forma en que el Partido Comunista deber&iacute;a haber actuado en 1919, hubiera sido reducido a a&ntilde;icos. Es exactamente esto lo que dej&oacute; claro el &uacute;ltimo Congreso Mundial. <\/p>\n<p>La discusi&oacute;n sobre la teor&iacute;a de la ofensiva estuvo estrechamente mezclada con la evaluaci&oacute;n de la coyuntura econ&oacute;mica y su futura evoluci&oacute;n. Los adherentes m&aacute;s consecuentes a la teor&iacute;a de la ofensiva desarrollaron la siguiente l&iacute;nea de razonamiento: El mundo entero est&aacute; atrapado en una crisis que es la crisis de un orden econ&oacute;mico en descomposici&oacute;n. Esta crisis indefectiblemente va a profundizarse y por lo tanto a revolucionar cada vez m&aacute;s a la clase trabajadora. En vista de esto era superfluo que el Partido Comunista mantuviera un ojo vigilante sobre su retaguardia, sobre sus reservas principales; su tarea era tomar la ofensiva contra la sociedad capitalista. M&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, el proletariado, bajo el l&aacute;tigo de la decadencia econ&oacute;mica ir&iacute;a en su apoyo. Este punto de vista no se expres&oacute; en el Congreso en &eacute;sta, su forma m&aacute;s definida, porque sus aristas m&aacute;s filosas hab&iacute;an sido suavizadas durante las sesiones de la Comisi&oacute;n que tom&oacute; a su cargo la situaci&oacute;n econ&oacute;mica. La mera idea que la crisis industrial y comercial pudiera ceder el paso a un relativo boom fue considerada por los adherentes conscientes o semiconscientes&nbsp; de la teor&iacute;a de la ofensiva casi como centrismo. En cuanto a la idea de que el nuevo reanimamiento industrial y comercial podr&iacute;a no s&oacute;lo no actuar como freno sobre la revoluci&oacute;n, sino que por el contrario promet&iacute;a impartirle nuevo vigor, no les parec&iacute;a otra cosa que puro menchevismo. El seudo-radicalismo de los &quot;izquierdistas&quot; encontr&oacute; una expresi&oacute;n retardada y bastante inocente en la &uacute;ltima convenci&oacute;n del Partido Comunista&nbsp; alem&aacute;n, donde se adopt&oacute; una resoluci&oacute;n en la cual, dicho sea de paso, yo fui objeto de una pol&eacute;mica individualizada, a pesar de haberme limitado a expresar el punto de vista del Comit&eacute; Central de nuestro partido. Me reconcilio tanto m&aacute;s f&aacute;cilmente con esta min&uacute;scula y anodina venganza de los &quot;izquierdistas&quot; porque de conjunto, la lecci&oacute;n del III Congreso Mundial no pudo menos que dejar su marca sobre todo el mundo, en primer lugar, sobre nuestros camaradas alemanes. <\/p>\n<p>2 <\/p>\n<p>Hoy existen signos incuestionables de un quiebre en la coyuntura econ&oacute;mica. Los lugares comunes que se invocan, en el sentido de que esta crisis es la crisis final de la decadencia, de que la misma constituye la base de la &eacute;poca revolucionaria, de que s&oacute;lo puede desembocar en la victoria del proletariado, tales lugares comunes no pueden obviamente, reemplazar al an&aacute;lisis concreto del desarrollo econ&oacute;mico junto con todas las consecuencias t&aacute;cticas que se desprenden del mismo. A decir verdad, la crisis mundial hizo un alto, tal como se ha dicho, en mayo de este a&ntilde;o. Los s&iacute;ntomas de una mejora en la coyuntura se revelaron primeramente en la industria de bienes de consumo. A partir de all&iacute; la industria pesada se puso tambi&eacute;n en marcha. Hoy en d&iacute;a estos hechos son incontrovertibles y se reflejan en las estad&iacute;sticas. No voy a presentar dichas estad&iacute;sticas para no hacerle m&aacute;s dif&iacute;cil al lector seguir la l&iacute;nea general del argumentoI. <\/p>\n<p>&iquest;Significa esto que se ha detenido la decadencia de la vida econ&oacute;mica del capitalismo? &iquest;Que esta econom&iacute;a ha recobrado su equilibrio? &iquest;Que la &eacute;poca revolucionaria est&aacute; llegando a su fin? En absoluto. El quiebre en la coyuntura industrial significa que la decadencia de la econom&iacute;a capitalista y el curso de la &eacute;poca revolucionaria son mucho m&aacute;s complejas de lo que imaginan ciertos simplistas. <\/p>\n<p>La din&aacute;mica del desarrollo econ&oacute;mico est&aacute; representada por dos curvas de diferente orden. La primera curva, que es b&aacute;sica, denota el crecimiento general de las fuerzas productivas, la circulaci&oacute;n de mercanc&iacute;as, el comercio exterior, las operaciones bancarias, etc. En su conjunto, esta curva se mueve hacia arriba a trav&eacute;s de todo el desarrollo del capitalismo. Expresa el hecho de que las fuerzas productivas de la sociedad y la riqueza de la humanidad han crecido bajo el capitalismo. Esta curva b&aacute;sica, sin embargo, sube en forma desigual. Hay d&eacute;cadas en que aumenta tan poco como el grosor de un cabello, luego siguen otras d&eacute;cadas donde trepa bruscamente, s&oacute;lo para, m&aacute;s tarde, durante una nueva &eacute;poca, permanecer por largo tiempo en el mismo nivel. En otras palabras, la historia conoce de &eacute;pocas de crecimiento brusco as&iacute; como otras de crecimiento m&aacute;s gradual de las fuerzas productivas bajo el capitalismo. De esta forma, tomando el gr&aacute;fico del comercio exterior ingl&eacute;s, podemos establecer sin dificultad que el mismo muestra &uacute;nicamente un crecimiento muy lento desde el final del siglo dieciocho hasta mediados del siglo diecinueve. Luego en un espacio de m&aacute;s o menos veinte a&ntilde;os (1851 a 1873) trepa muy velozmente. En la &eacute;poca que sigue (1873 a 1894) permanece virtualmente sin cambios, y luego retoma su crecimiento acelerado hasta llegar a la guerra. <\/p>\n<p>Si dibujamos este gr&aacute;fico, su curvatura ascendente y desigual nos dar&aacute; un cuadro esquem&aacute;tico del curso del desarrollo capitalista como un todo, o en uno de sus aspectos. <\/p>\n<p>Pero nosotros sabemos que el desarrollo capitalista se da a trav&eacute;s de los as&iacute; llamados ciclos industriales, que comprenden una serie de fases consecutivas de la coyuntura econ&oacute;mica: boom, estancamiento, crisis, fin de la crisis, mejora, boom, estancamiento, y as&iacute; sucesivamente. Un an&aacute;lisis hist&oacute;rico muestra que estos ciclos se siguen el uno al otro cada ocho o diez a&ntilde;os. Si estuvieran colocados en el gr&aacute;fico, obtendr&iacute;amos, superpuestos sobre la curva b&aacute;sica que caracteriza la direcci&oacute;n general del desarrollo capitalista, un conjunto de ondas peri&oacute;dicas que se mueven hacia arriba y hacia abajo. Las fluctuaciones c&iacute;clicas de la coyuntura son inherentes a la econom&iacute;a capitalista, como los latidos del coraz&oacute;n son inherentes a un organismo vivo. <\/p>\n<p>Un boom sigue a una crisis, una crisis sigue a un boom, pero en su conjunto la curva del capitalismo ha venido trepando en el curso de siglos. Claramente la suma total de booms tiene que haber sido mayor que la suma total de crisis. Sin embargo, la curva del desarrollo asumi&oacute; un aspecto diferente en diferentes &eacute;pocas. Hubo &eacute;pocas de estancamiento. Las oscilaciones c&iacute;clicas no cesaron. Pero puesto que el desarrollo capitalista en su conjunto sigui&oacute; ascendiendo, de all&iacute; se desprende que las crisis pr&aacute;cticamente equilibraron los booms. Durante las &eacute;pocas en las cuales las fuerzas productivas aumentaron con rapidez, las oscilaciones c&iacute;clicas continuaron altern&aacute;ndose. Pero cada boom obviamente empujaba la econom&iacute;a hacia adelante un trecho mayor del que retroced&iacute;a con cada crisis que se suced&iacute;a. Las ondas c&iacute;clicas podr&iacute;an compararse con las vibraciones de una cuerda met&aacute;lica, suponiendo que la l&iacute;nea del desarrollo econ&oacute;mico se asemejara a una cuerda met&aacute;lica en tensi&oacute;n: en realidad, por supuesto, &eacute;sta no es una l&iacute;nea recta, sino que su curvatura es compleja. <\/p>\n<p>Esta mec&aacute;nica interna del desarrollo capitalista a trav&eacute;s de la incesante alternancia de crisis y boom es suficiente para mostrar cu&aacute;n incorrecta, unilateral y anticient&iacute;fica es la idea de que la actual crisis, a la vez que se agrava, deba prolongarse hasta que se establezca la dictadura del proletariado, independientemente de si esto sucede el a&ntilde;o que viene, o en tres a&ntilde;os o m&aacute;s, a partir de hoy. Las oscilaciones c&iacute;clicas, dijimos como refutaci&oacute;n a esto en nuestro informe y resoluci&oacute;n del III Congreso Mundial, acompa&ntilde;an a la sociedad capitalista en su juventud, en su madurez y en su&nbsp; decadencia, exactamente como los latidos de su coraz&oacute;n acompa&ntilde;an a un ser humano incluso hasta en su lecho de muerte. No importa cu&aacute;les puedan ser las condiciones generales, por m&aacute;s profunda que pueda ser la decadencia econ&oacute;mica, la crisis econ&oacute;mica e industrial interviene barriendo las mercanc&iacute;as y fuerzas productivas excedentes, y estableciendo una correspondencia m&aacute;s estrecha entre la producci&oacute;n y el mercado, y por estas mismas razones abriendo la posibilidad del reanimamiento industrial. <\/p>\n<p>El ritmo, la amplitud, la intensidad y la duraci&oacute;n del reanimamiento depende de la totalidad de las condiciones que caracterizan la viabilidad del capitalismo. Hoy puede decirse positivamente (lo dijimos hace un tiempo en las jornadas del III Congreso) que luego de que la crisis haya desmontado la primera valla, bajo la forma de precios exorbitantes, el incipiente reanimamiento industrial chocar&aacute; r&aacute;pidamente, bajo las actuales condiciones mundiales, contra otra gran cantidad de vallas: la m&aacute;s profunda ruptura del equilibrio econ&oacute;mico entre Europa y EE.UU., el empobrecimiento de Europa Central y Oriental, la prolongada y profunda desorganizaci&oacute;n de los sistemas financieros, etc. En otras palabras, el pr&oacute;ximo boom industrial en ning&uacute;n caso ser&aacute; capaz de restaurar las condiciones para un futuro desarrollo que sea en alguna medida comparable a las condiciones de antes de la guerra. Por el contrario, es muy probable que despu&eacute;s de sus primeras conquistas, este boom choque contra las trincheras econ&oacute;micas cavadas por la guerra. <\/p>\n<p>Pero un boom es un boom. Esto quiere decir una creciente demanda de mercanc&iacute;as, producci&oacute;n en expansi&oacute;n, desempleo que se reduce, precios en ascenso y la posibilidad de salarios m&aacute;s altos. Y, en las circunstancias hist&oacute;ricas dadas, el boom no reducir&aacute; sino que por el contrario agudizar&aacute; la lucha revolucionaria de la clase trabajadora. Esto se desprende de todo lo anterior. En todos los pa&iacute;ses capitalistas el movimiento obrero luego de la guerra alcanz&oacute; su pico m&aacute;s alto y luego finaliz&oacute;, como hemos visto, en un fracaso m&aacute;s o menos pronunciado y en una retirada, y en la desuni&oacute;n de las filas obreras. Con estas premisas pol&iacute;ticas y psicol&oacute;gicas, una crisis prolongada, aunque sin ninguna duda hubiera aumentado el resentimiento de las masas trabajadoras (especialmente de los desocupados y los subocupados), sin embargo, simult&aacute;neamente, hubiera tendido a debilitar su actividad, porque &eacute;sta est&aacute; &iacute;ntimamente ligada a la conciencia de los obreros de su rol irremplazable en la producci&oacute;n. <\/p>\n<p>El desempleo prolongado a continuaci&oacute;n de una &eacute;poca de ofensivas y retiradas pol&iacute;ticas revolucionarias no trabaja en absoluto a favor del Partido Comunista. Por el contrario, cuanto m&aacute;s tiempo perdura la crisis, m&aacute;s amenaza con favorecer estados de &aacute;nimo anarquistas en un ala y reformistas en la otra. Este hecho encontr&oacute; su expresi&oacute;n en la ruptura de las agrupaciones anarcosindicalistas con la III Internacional, y de cierta consolidaci&oacute;n de la Internacional de Amsterdam y de la Internacional Dos y Media, en el agrupamiento temporario de los serratistas; la ruptura del grupo de Levi, etc. Por el contrario, el reanimamiento industrial est&aacute; destinado a aumentar, en primer lugar, la confianza en s&iacute; mismas de las masas trabajadoras, minada ahora por los fracasos y por la desuni&oacute;n de sus propias filas; forzosamente tender&aacute; a fusionar a la clase obrera en las f&aacute;bricas y plantas y aumentar&aacute; el anhelo de unidad de acci&oacute;n militante. <\/p>\n<p>Ya estamos observando los comienzos de este proceso. Las masas trabajadoras sienten que el terreno se afirma bajo sus pies. Est&aacute;n buscando unir sus filas. Sienten claramente que la divisi&oacute;n es un obst&aacute;culo para la acci&oacute;n. Se est&aacute;n esforzando no s&oacute;lo para unificar su resistencia a la ofensiva que el capital descarg&oacute; sobre ellas producto de la crisis, sino tambi&eacute;n para preparar una contraofensiva, basada en las condiciones del reanimamiento industrial. Esta crisis fue un per&iacute;odo de esperanzas frustradas y de resentimiento, casi siempre de resentimiento impotente. El boom, a medida que se despliegue, suministrar&aacute; una salida para esos sentimientos en forma de acci&oacute;n. Esto es lo que, precisamente, establece la resoluci&oacute;n del III Congreso, que hemos defendido: <\/p>\n<p>&quot;Pero si el ritmo del desarrollo aminora, y la actual crisis comercial e industrial fuera seguida por un per&iacute;odo de prosperidad en una mayor o menor cantidad de pa&iacute;ses, esto en ninguna medida significar&iacute;a el comienzo de una &eacute;poca &lsquo;org&aacute;nica&#8217;. Mientras exista el capitalismo, las oscilaciones c&iacute;clicas son inevitables. Las mismas acompa&ntilde;ar&aacute;n al capitalismo en su agon&iacute;a de muerte, de la misma forma que lo acompa&ntilde;aron en su juventud y en su madurez. En el caso de que el proletariado se viera obligado a retroceder bajo la ofensiva del capitalismo en el curso de la presente crisis, inmediatamente retomar&aacute; la ofensiva tan pronto como surja cualquier mejoramiento en la coyuntura. Su ofensiva [de lucha] econ&oacute;mica, que en tal caso ser&iacute;a inevitablemente llevada adelante bajo la consigna del desquite por todas los enga&ntilde;os del per&iacute;odo de guerra y por todo el saqueo y los abusos de la crisis, tender&aacute; a transformarse en una guerra civil abierta, as&iacute; como sucede con la actual lucha ofensiva&quot;. <\/p>\n<p>La prensa capitalista est&aacute; celebrando a tambor batiente sus &eacute;xitos en la &quot;rehabilitaci&oacute;n&quot; econ&oacute;mica y las perspectivas de una nueva &eacute;poca de estabilidad capitalista. Este &eacute;xito tiene tan poca base como los temores complementarios de los &quot;izquierdistas&quot; que piensan que la revoluci&oacute;n debe surgir del agravamiento ininterrumpido de la crisis. En realidad, mientras que la prosperidad comercial e industrial que se aproxima implica econ&oacute;micamente nuevas riquezas para los c&iacute;rculos superiores de la burgues&iacute;a, todas las ventajas pol&iacute;ticas ser&aacute;n para nosotros. Las tendencias hacia la unificaci&oacute;n dentro de la clase obrera son s&oacute;lo una expresi&oacute;n de la creciente voluntad de acci&oacute;n. Si los trabajadores est&aacute;n exigiendo hoy que, en pos de la lucha contra la burgues&iacute;a, los comunistas lleguemos a un acuerdo con los Independientes y con los socialdem&oacute;cratas, m&aacute;s adelante -en la medida que el movimiento crezca hasta alcanzar una amplitud de masas- estos mismos trabajadores se convencer&aacute;n de que s&oacute;lo el Partido Comunista les ofrece el liderazgo en la lucha revolucionaria. La primera oleada de la marea lleva hacia arriba a todas las organizaciones obreras, empuj&aacute;ndolas hacia un acuerdo. Pero el mismo destino aguarda a los socialdem&oacute;cratas y a los independientes: ser&aacute;n alcanzados uno tras otro por las pr&oacute;ximas oleadas de la marea revolucionaria. <\/p>\n<p>&iquest;Significa esto -al rev&eacute;s de lo que piensan los partidarios de la teor&iacute;a de la ofensiva- que no es la crisis sino el pr&oacute;ximo reanimamiento econ&oacute;mico el que va a llevar directamente a la victoria del proletariado? Una afirmaci&oacute;n tan categ&oacute;rica ser&iacute;a infundada. Ya hemos mostrado m&aacute;s arriba que no existe una interdependencia mec&aacute;nica, sino dial&eacute;ctica y compleja, entre la coyuntura y el car&aacute;cter de la lucha de clases. Basta para comprender el futuro que estamos entrando en el per&iacute;odo de reanimamiento much&iacute;simo mejor armados que lo que est&aacute;bamos cuando entramos en el per&iacute;odo de crisis. En los pa&iacute;ses m&aacute;s importantes del continente europeo tenemos poderosos partidos comunistas. El quiebre en la coyuntura indudablemente nos abre la posibilidad de una ofensiva, no s&oacute;lo en el campo econ&oacute;mico, sino tambi&eacute;n en la pol&iacute;tica. Es una tarea in&uacute;til dedicarnos ahora a especulaciones sobre hasta d&oacute;nde llegar&aacute; esta ofensiva. Esta reci&eacute;n comienza, reci&eacute;n comienza a hacerse visible. <\/p>\n<p>Un sofista podr&iacute;a plantear la objeci&oacute;n de que si nosotros creemos que el reanimamiento industrial ulterior no necesariamente nos llevar&aacute; directamente a la victoria, entonces comenzar&aacute; obviamente un nuevo ciclo industrial, lo cual significa otro paso hacia la restauraci&oacute;n del equilibrio capitalista. En ese caso, &iquest;no se estar&iacute;a realmente ante el peligro del surgimiento de una nueva &eacute;poca de recuperaci&oacute;n capitalista? A esto se podr&iacute;a contestar as&iacute;: Si el Partido Comunista no crece; si el proletariado no adquiere experiencia; si el proletariado no resiste en una forma revolucionaria m&aacute;s audaz e irreconciliable; si no consigue pasar en la primera oportunidad favorable de la defensiva a la ofensiva; entonces la mec&aacute;nica del desarrollo capitalista, con el complemento de las maniobras del estado burgu&eacute;s, sin duda lograr&iacute;a cumplir su trabajo en el largo plazo. Pa&iacute;ses enteros ser&aacute;n arrojados violentamente a la barbarie econ&oacute;mica; decenas de millones de seres humanos perecer&iacute;an de hambre, con desesperaci&oacute;n en sus corazones, y sobre sus huesos ser&iacute;a restaurado alg&uacute;n nuevo tipo de equilibrio del mundo capitalista. Pero tal perspectiva es pura abstracci&oacute;n. En el camino especulativo hacia este equilibrio capitalista, hay muchos obst&aacute;culos gigantescos: el caos del mercado mundial, el desbaratamiento de los sistemas monetarios, el dominio del militarismo, la amenaza de guerra, la falta de confianza en el futuro. Las fuerzas elementales del capitalismo est&aacute;n buscando v&iacute;as de escape entre pilas de obst&aacute;culos. Pero estas mismas fuerzas elementales fustigan a la clase trabajadora y la impulsan hacia delante. El desarrollo de la clase trabajadora no cesa, incluso cuando &eacute;sta retrocede. Porque, mientras pierde posiciones, acumula experiencia y consolida su partido. Marcha hacia adelante. La clase trabajadora es una de las condiciones del desarrollo social, uno de los factores de este desarrollo, y por sobre todas las cosas su factor m&aacute;s importante, porque personifica el futuro. <\/p>\n<p>La curva b&aacute;sica del desarrollo industrial est&aacute; buscando rutas hacia arriba. El movimiento se torna complejo por las fluctuaciones c&iacute;clicas, que en las condiciones de postguerra se parecen m&aacute;s a espasmos. Es naturalmente imposible prever en qu&eacute; punto del desarrollo se producir&aacute; una combinaci&oacute;n de condiciones objetivas y subjetivas tales como para producir un cambio revolucionario. Tampoco es posible prever si esto ocurrir&aacute; en el curso del actual reanimamiento, en su comienzo, o hacia su fin, o con la llegada de un nuevo ciclo. Es suficiente para nosotros comprender que el ritmo del desarrollo depende en gran medida de nosotros, de nuestro partido, de sus t&aacute;cticas. Es de la mayor importancia tomar en cuenta el nuevo viraje en la econom&iacute;a que puede abrir un nuevo estadio en la fusi&oacute;n de las filas y en preparar una ofensiva victoriosa. Porque que el partido revolucionario comprenda qu&eacute; es lo que est&aacute; sucediendo, implica ya de por s&iacute; un acortamiento de los tiempos y un adelantamiento de las fechas. <\/p>\n<p>25 de diciembre de 1921<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n[1] Publicado por primera vez en Pravda, N&uacute;mero 292, 25 de diciembre de 1921. Traducci&oacute;n especial del ingl&eacute;s para esta edici&oacute;n de la versi&oacute;n publicada en The First Five Years of the Communist International, Vol. 2, Ed. Monad Press, 1977, Nueva York, p&aacute;g. 74. <\/p>\n<p>I. Remito a los lectores interesados en estas estad&iacute;sticas al art&iacute;culo del camarada Pavlovsky, N&ordm; 10 de Communist International y a los art&iacute;culos del camarada S.A. Faulkner en Ekonomicheskaya Zhizn (N&ordm; 284, 285 y 286).(N. de L.T.) <br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicamos este interesant&iacute;simo art&iacute;culo de Trotsky titulado &quot;Flujos y Reflujos&quot;, en su edici&oacute;n en castellano, o &quot;Marea Alta&quot;, en la versi&oacute;n inglesa, y que tiene por subt&iacute;tulo: &quot;La coyuntura econ&oacute;mica y el movimiento obrero mundial&quot;, que expresa de manera m&aacute;s precisa el contenido del texto. 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