{"id":632,"date":"2010-04-03T19:55:07","date_gmt":"2010-04-03T19:55:07","guid":{"rendered":"http:\/\/bloquepopularjuvenil.org\/bpjwordpress\/?p=632"},"modified":"2010-04-03T19:55:07","modified_gmt":"2010-04-03T19:55:07","slug":"la-lucha-de-clases-en-la-republica-romana-primera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcomunista.org\/?p=632","title":{"rendered":"La lucha de clases en la Rep\u00fablica romana &#8211; Primera Parte"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" alignright size-full wp-image-631\" height=\"160\" width=\"160\" alt=\"\" style=\"border: 1px solid black; margin: 5px; float: right;\" src=\"http:\/\/bloquepopularjuvenil.org\/bpjwordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/spartacus.jpg\" srcset=\"https:\/\/elcomunista.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/spartacus.jpg 159w, https:\/\/elcomunista.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/spartacus-150x150.jpg 150w, https:\/\/elcomunista.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/spartacus-100x100.jpg 100w\" sizes=\"(max-width: 160px) 100vw, 160px\" \/>Comenzamos la publicaci&oacute;n de una importante serie de art&iacute;culos de Alan Woods, la cual nos provee una explicaci&oacute;n marxista de los procesos que dieron colapso a la Rep&uacute;blica romana. Aqu&iacute;, el m&eacute;todo del materialismo hist&oacute;rico es usado para arrojar luz sobre un momento decisivo de suma importancia en la historia mundial. Para los marxistas, el estudio de la historia no es solo un pasatiempo sin alg&uacute;n sentido. Es fundamental que estudiemos la historia para extraer las lecciones de &eacute;sta. Parafraseando al filosofo americano George Santayana: &ldquo;qui&eacute;n no aprende de la historia est&aacute; condenado a repetirla&rdquo;.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" alignright size-full wp-image-631\" height=\"160\" width=\"160\" alt=\"\" style=\"border: 1px solid black; margin: 5px; float: right;\" src=\"http:\/\/bloquepopularjuvenil.org\/bpjwordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/spartacus.jpg\" srcset=\"https:\/\/elcomunista.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/spartacus.jpg 159w, https:\/\/elcomunista.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/spartacus-150x150.jpg 150w, https:\/\/elcomunista.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/spartacus-100x100.jpg 100w\" sizes=\"(max-width: 160px) 100vw, 160px\" \/>Comenzamos la publicaci&oacute;n de una importante serie de art&iacute;culos de Alan Woods, la cual nos provee una explicaci&oacute;n marxista de los procesos que dieron colapso a la Rep&uacute;blica romana. Aqu&iacute;, el m&eacute;todo del materialismo hist&oacute;rico es usado para arrojar luz sobre un momento decisivo de suma importancia en la historia mundial. Para los marxistas, el estudio de la historia no es solo un pasatiempo sin alg&uacute;n sentido. Es fundamental que estudiemos la historia para extraer las lecciones de &eacute;sta. Parafraseando al filosofo americano George Santayana: &ldquo;qui&eacute;n no aprende de la historia est&aacute; condenado a repetirla&rdquo;.<\/p>\n<p><!--break--><\/p>\n<h1>La lucha de clases en la rep&uacute;blica romana<\/h1>\n<p>La historia de todas las sociedades hasta nuestros d&iacute;as es la historia de las luchas de clases<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, se&ntilde;ores y siervos, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces, y otras franca y abierta, lucha que termin&oacute; siempre con la  transformaci&oacute;n revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.&rdquo; <em>(Marx y Engels. Manifiesto Comunista).<\/em><\/p>\n<p>&ldquo;(&hellip;) Cuando la experiencia no es conservada, como entre los salvajes, la infancia se perpetua. Aquellos quienes no recuerdan el pasado est&aacute;n condenados a repetirlo.&rdquo; <em>(George Santayana. La vida de la raz&oacute;n).<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<h4>&iquest;Qu&eacute; es el materialismo hist&oacute;rico?<\/h4>\n<p>Para mucha gente, la historia es algo de inter&eacute;s puramente acad&eacute;mico. Algo que se estudia por distracci&oacute;n o posiblemente para extraer esta o aquella lecci&oacute;n moral. Eso parece ser lo m&aacute;ximo que la historia nos puede ofrecer. Sin embargo, el uso de la historia con prop&oacute;sitos morales es limitado. Edward Gibbon, el gran historiador ingl&eacute;s escribi&oacute;: &ldquo;La historia es poco m&aacute;s que el registro de cr&iacute;menes, locuras y desgracias de la humanidad&rdquo;. Hegel alguna vez coment&oacute; ir&oacute;nicamente que el estudio de la historia nos provee lo que nunca nadie ha aprendido de ella. Aun as&iacute; es esencial que estudiemos la historia, precisamente para que podamos extraer las lecciones necesarias de &eacute;sta. Parafraseando las palabras del  fil&oacute;sofo americano George Santayana: &ldquo;qui&eacute;n no aprende de la historia est&aacute; condenado a repetirla&rdquo;.<\/p>\n<p>Hasta que Marx desarroll&oacute; la teor&iacute;a del materialismo dial&eacute;ctico, las ideas predominantes se basaban en una interpretaci&oacute;n idealista de la historia, la cual todo lo atribu&iacute;a a la acci&oacute;n de los individuos. La clave para la historia estaba en la actividad llevada a cabo por los reyes, pol&iacute;ticos, generales y los grandes individuos. Si aceptamos este punto de vista, &iquest;c&oacute;mo es posible darle un sentido a la historia? Los individuos persiguen un sin fin de objetivos distintos: ambici&oacute;n personal, fanatismo religioso, intereses econ&oacute;micos, objetivos art&iacute;sticos, intrigas pol&iacute;ticas, sed de revancha, envidia, odio y toda una vasta gama de emociones, prejuicios y nociones conocidas por el ser humano. Con tal cantidad de objetivos e intereses, parecer&iacute;a que no es posible establecer leyes hist&oacute;ricas generales, de la misma manera en que podemos determinar de forma precisa la posici&oacute;n y el momento de una part&iacute;cula subat&oacute;mica.<\/p>\n<p>De hecho, cualquier estudio de la historia puede hacer notar, una vez que existen ciertos patrones, que algunas situaciones son  constantemente repetidas. Incluso cierto tipo de personalidades se reproducen bajo condiciones similares. En la introducci&oacute;n de <em>Bolchevismo, el camino a la revoluci&oacute;n,<\/em> hago menci&oacute;n a este hecho: &ldquo;existen muchas similitudes entre la revoluci&oacute;n de octubre en Rusia y las grandes revoluciones burguesas del pasado. En ocasiones esos paralelismos parecen extraordinarios, extendi&eacute;ndose hasta las personalidades de los principales <em>dramatis personae, <\/em>como ejemplo tenemos las similitudes entre Carlos I de Inglaterra, Luis XVI de Francia y el Zar Nicol&aacute;s, todos con sus esposas extranjeras&rdquo;. Hay muchos otros ejemplos que uno podr&iacute;a citar. Las similitudes psicol&oacute;gicas entre Julio Cesar y Napole&oacute;n Bonaparte han sido mencionados en muchas ocasiones. Pero estos dos personajes est&aacute;n separados por un periodo de tiempo muy largo y descansan sobre intereses de clase completamente diferentes, correspondiendo a modelos socio-econ&oacute;micos completamente distintos. Entonces, &iquest;c&oacute;mo podemos explicar estas similitudes?<\/p>\n<p>Aqu&iacute; es posible establecer una aproximaci&oacute;n an&aacute;loga con leyes que gobiernan al animal morfol&oacute;gico. Tomemos tres animales marinos: 1) el <em>ictiosaurio<\/em> (una especie extinta); 2) el tibur&oacute;n y 3) el delf&iacute;n. El primero fue una especie de dinosaurio marino, el segundo un pez primitivo y el tercero un mam&iacute;fero, como nosotros. A estos los encontramos separados por vastos periodos de tiempo con evoluciones completamente diferentes. Aun as&iacute; corporalmente son pr&aacute;cticamente id&eacute;nticos. Con este simple hecho es posible deducir que condiciones similares producen resultados similares, y esto no s&oacute;lo es aplicable a los animales morfol&oacute;gicos sino tambi&eacute;n a la historia de nuestra propia especie.<\/p>\n<p>La constante repetici&oacute;n de los mismos patrones (y a veces de los mismos tipos de personalidades) nos indica que la historia no es arbitraria, sino que detr&aacute;s del aparente caos hay definitivamente leyes operando, y que esas leyes se reafirman admitiendo el aparente caos &ndash;exactamente como el movimiento ca&oacute;tico de las olas, que es un reflejo del poder oculto de las corrientes debajo de la superficie del oc&eacute;ano&ndash;. A fin de obtener una compresi&oacute;n racional de la historia, es necesario penetrar por debajo de la superficie y examinar la naturaleza de los hechos aparentes, los cuales son los que empujan a la sociedad humana hacia adelante.<\/p>\n<p>Toda la ciencia est&aacute; basada en dos supuestos: 1) que el mundo existe independientemente de nosotros y 2) que podemos ser capaces de entenderlo. Si la ciencia puede explicar los mecanismos que gobiernan organismos sociales como el de las abejas, las hormigas y los chimpanc&eacute;s, &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;a ser imposible explicar el funcionamiento de la sociedad humana y las fuerzas que determinan su desarrollo? El marxismo rechaza la visi&oacute;n de que la historia es una serie de eventos sin sentido e incomprensibles. El materialismo hist&oacute;rico afirma que la historia de la sociedad humana tiene sus propias leyes y que &eacute;stas pueden ser analizadas y entendidas. Las leyes que gobiernan el desarrollo social fueron inicialmente expuestas por Carlos Marx. En la famosa introducci&oacute;n a la <em>Cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica<\/em>, Marx explica las bases del materialismo hist&oacute;rico en los siguientes t&eacute;rminos:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;En la producci&oacute;n social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producci&oacute;n que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producci&oacute;n forma la estructura econ&oacute;mica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jur&iacute;dica y pol&iacute;tica y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producci&oacute;n de la vida material condiciona el proceso de la vida social pol&iacute;tica y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicci&oacute;n con las relaciones de producci&oacute;n existentes o, lo que no es m&aacute;s que la expresi&oacute;n jur&iacute;dica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta all&iacute;. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre as&iacute; una &eacute;poca de revoluci&oacute;n social. Al cambiar la base econ&oacute;mica se transforma, m&aacute;s o menos r&aacute;pidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella&rdquo;<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Con estas palabras, el fundador del socialismo cient&iacute;fico, una vez y para siempre prescindi&oacute; de toda explicaci&oacute;n metaf&iacute;sica, idealista y subjetiva de la historia humana. En otras palabras, Marx desempe&ntilde;&oacute; el mismo gran servicio para la Historia que el de su gran contempor&aacute;neo Carlos Darwin respecto a las plantas y animales. Darwin descubri&oacute; en la selecci&oacute;n natural un proceso objetivo presente en la naturaleza que explica la evoluci&oacute;n de la vida en todas sus m&uacute;ltiples formas sin la necesidad de alg&uacute;n plan preconcebido o de alg&uacute;n &ldquo;dise&ntilde;o&rdquo; sobrenatural. Al hacer esto, desterr&oacute; al Todopoderoso de la biolog&iacute;a, justo como Newton lo hab&iacute;a desterrado (en los hechos, no en la teor&iacute;a) del funcionamiento del universo.<\/p>\n<p>El gran logro de Marx, fue que descubri&oacute; el motivo principal de todo el cambio social y el progreso en t&eacute;rminos del desarrollo de las fuerzas productivas: la agricultura, la industria, la ciencia y la t&eacute;cnica. Esto no significa, desde luego, que uno pueda reducir todo a la econom&iacute;a, como los cr&iacute;ticos ignorantes del marxismo mantienen. Hombres y mujeres hacen su propia historia, pero ellos no lo hacen independientemente de las condiciones existentes que dan forma a su conciencia, las cuales determinan sus acciones m&aacute;s all&aacute; de que sean consientes de ello o no. En la misma introducci&oacute;n, Marx explica la naturaleza exacta de las relaciones entre el desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones sociales que gradualmente cristalizan sobre la base de &eacute;stas y la lucha de clases que expresa la naturaleza contradictoria de &eacute;stas relaciones:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones econ&oacute;micas de producci&oacute;n y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jur&iacute;dicas, pol&iacute;ticas, religiosas, art&iacute;sticas o filos&oacute;ficas, en una palabra las formas ideol&oacute;gicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que &eacute;l piensa de s&iacute;, no podemos juzgar tampoco a estas &eacute;pocas de transformaci&oacute;n por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producci&oacute;n. Ninguna formaci&oacute;n social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jam&aacute;s aparecen nuevas y m&aacute;s elevadas relaciones de producci&oacute;n antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua.<\/p>\n<p>&ldquo;Por eso, la humanidad se propone siempre &uacute;nicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrar&aacute; siempre que estos objetivos s&oacute;lo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se est&aacute;n gestando, las condiciones materiales para su realizaci&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<\/blockquote>\n<h4>La lucha de clases<\/h4>\n<p>Aqu&iacute;, la esencia del m&eacute;todo del materialismo hist&oacute;rico es expresada  con una meticulosidad y concisi&oacute;n maravillosa. En &uacute;ltima instancia, es el cambio en los cimientos econ&oacute;micos los que causan los grandes cambios hist&oacute;ricos, los cuales podr&iacute;amos llamar revoluciones. Pero la relaci&oacute;n entre la base econ&oacute;mica de la sociedad y la compleja y vasta superestructura de las leyes, la religi&oacute;n, la ideolog&iacute;a y el Estado que se erige sobre la base econ&oacute;mica no es simple y mec&aacute;nica sino extremadamente contradictoria. Los hombres y mujeres, quienes son los verdaderos protagonistas de la historia, no son realmente consientes de las causas &uacute;ltimas y de los resultados de sus acciones, los resultados de estas acciones son frecuentemente opuestas a las intenciones subjetivas de sus autores.<\/p>\n<p>Cuando Brutus y Cassius desenvainaron la espada que mat&oacute; a Julio Cesar imaginaron que iban a restablecer la Rep&uacute;blica, pero en la pr&aacute;ctica dieron lugar a la destrucci&oacute;n de los &uacute;ltimos vestigios del republicanismo y prepararon el camino para el Imperio. Sus ilusiones republicanas fueron como una hoja de parra sentimental e idealista para ocultar sus verdaderos intereses de clases &ndash;que eran aquellos de la aristocracia romana privilegiada que dominaba la vieja Rep&uacute;blica y que estaba luchando por preservar sus privilegios. De este ejemplo podemos ver la importancia de distinguir cuidadosamente lo que los hombres dicen y piensan acerca de ellos mismos, de los intereses reales que los mueven y determinan sus acciones.<\/p>\n<p>Marx explica que la historia de toda la sociedad dividida en clases es la historia de la lucha de clases. El Estado consiste en cuerpos de hombres armados con el prop&oacute;sito de regular precisamente la lucha de clases y mantenerla dentro de l&iacute;mites aceptables. La clase dominante en periodos normales ejerce un control sobre el Estado. Pero existen ciertos periodos, cuando la lucha de clases alcanza un nivel de intensidad que va m&aacute;s all&aacute; de los &ldquo;l&iacute;mites aceptables&rdquo;. En tales periodos revolucionarios, la cuesti&oacute;n del poder se pone a la orden del d&iacute;a. En estos casos, o la clase revolucionaria derroca el viejo Estado y lo sustituye con un nuevo poder o la clase dominante aplasta la revoluci&oacute;n e impone una dictadura &ndash;el poder Estatal en su forma m&aacute;s abierta y descarada, en oposici&oacute;n al Estado bajo formas &ldquo;democr&aacute;ticas&rdquo;.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay muchas m&aacute;s variantes, cuyas formas han sido observadas en momentos hist&oacute;ricos diferentes. Engels explica que el Estado en periodos normales es el Estado de la clase dominante, lo cual es perfectamente cierto. Sin embargo, la historia tambi&eacute;n conoce periodos que no son del todo normales, periodos de intensos conflictos entre las clases en los que ninguna de las clases contendientes tiene &eacute;xito al momento de poner decididamente su sello en la sociedad. Un largo periodo de lucha de clases que no produce un resultado decisivo puede llevar a un cansancio de las principales clases en pugna. En tales circunstancias el aparato del Estado &ndash;bajo la forma del ej&eacute;rcito y el general quien lo encabeza (Cesar, Napole&oacute;n) &ndash; comienza a elevarse por encima de la sociedad y empieza a establecerse como una fuerza &ldquo;independiente&rdquo;.<\/p>\n<p>La creaci&oacute;n de un marco legal para regular la lucha de clases no significa que sea suficiente para garantizar una situaci&oacute;n pac&iacute;fica. Por el contrario, tales arreglos simplemente sirven para retrasar el conflicto final y dar un car&aacute;cter mucho m&aacute;s violento y convulsivo al final. Las expectativas de las masas aumentan y se concentran, y sus aspiraciones les dan un campo m&aacute;s amplio para desarrollarse. De esta manera, en nuestros tiempos, las masas desarrollaron grandes ilusiones en sus representantes parlamentarios y en la posibilidad de solucionar sus problemas m&aacute;s sensibles por medio del voto en las elecciones. Al final, sin embargo, esas esperanzas son eliminadas y la lucha de clases se desarrolla m&aacute;s all&aacute; del parlamento de una manera incluso m&aacute;s violenta que antes &ndash;tanto por parte de las masas como de las clases poseedoras las cuales no se detienen a la hora de  preparar conspiraciones ilegales y golpes de Estado a espaldas de las instituciones democr&aacute;ticas. Aunque jure p&uacute;blicamente en nombre de la &ldquo;democracia&rdquo;, en realidad la clase dominante solo la tolerar&aacute; en la medida en que no amenace su poder y privilegios.<\/p>\n<p>Donde la contienda entre las clases haya alcanzado un punto de par&aacute;lisis sin resultados claros y donde la lucha entre las clases alcance una forma de Estado de equilibrio inestable, el Estado puede elevarse por encima de la sociedad y adquirir un alto nivel de independencia. El caso de la antigua Roma no fue la excepci&oacute;n. En teor&iacute;a, la Rep&uacute;blica romana era gobernada por una oligarqu&iacute;a de familias aristocr&aacute;ticas acomodadas, que ejerc&iacute;an su dominio sobre el poder pol&iacute;tico. El resultado de esta contradicci&oacute;n fue un largo  periodo de lucha de clases que culmin&oacute; en guerra civil, al final de la cual el ej&eacute;rcito se hab&iacute;a elevado por encima de la sociedad y se hab&iacute;a convertido en el due&ntilde;o de su destino. Un militar aventurero compiti&oacute; con otro por el poder. Un t&iacute;pico ejemplo de esta especie fue Cayo Julio Cesar. En nuestros tiempos este fen&oacute;meno es conocido como <em>bonapartismo<\/em>, y en el mundo antiguo asumi&oacute; la forma de <em>Cesarismo<\/em>.<\/p>\n<p>En la actualidad podemos ver el mismo fen&oacute;meno expresado en los reg&iacute;menes fascistas y bonapartistas. El Estado se erige por encima de la sociedad. La clase dominante est&aacute;  obligada a entregar el poder a un hombre fuerte en el plano militar, quien, para protegerla, concentra todo el poder en sus manos. &Eacute;ste est&aacute; rodeado por una banda de ladrones, pol&iacute;ticos corruptos, carreristas &aacute;vidos de puestos de oficina y riqueza y  escoria por el estilo. Naturalmente, a la espera de ser bien remunerados por su servicios prestados sin ninguna oposici&oacute;n de nadie para cuestionar sus adquisiciones. La clase dominante es aun due&ntilde;a de los medios de producci&oacute;n, pero el Estado ya no le pertenece. Aunque a rega&ntilde;adientes, para protegerse tiene que tolerar la imposici&oacute;n, el robo, los insultos e incluso ocasionalmente golpes de su Jefe y sus socios, a los que esperan para dar elogios todo el tiempo, mientras en silencio los maldicen.<\/p>\n<p>Tal situaci&oacute;n solo puede surgir cuando la lucha entre las clases alcanza un punto muerto, donde de alguna victoria decisiva no pueda surgir un ganador, de un bando o de otro. La clase dominante no es capaz de continuar gobernando bajo las viejas formas y el proletariado no es capaz de dar lugar a un cambio revolucionario. La historia de la Rep&uacute;blica Romana es casi un ejemplo de laboratorio de esta afirmaci&oacute;n. En la antigua Roma una feroz lucha de clases culmin&oacute; precisamente en la ruina y con el ascenso del <em>Cesarismo<\/em>, lo que culmin&oacute; finalmente en el Imperio.<\/p>\n<h4>La historia Reciente<\/h4>\n<p>Toda la historia de la Rep&uacute;blica Romana es la historia de la lucha de clases, comenzando con la lucha entre patricios y plebeyos por el control y repartici&oacute;n de las tierras. La decadencia de la sociedad gentilicia deriv&oacute; en el acenso de los antagonismos de clase, llevando a  una feroz  guerra civil entre Plebeyos y Patricios que dur&oacute;, intermitentemente, unos 200 a&ntilde;os. Finalmente, la nobleza patricia se fusion&oacute; con la nueva clase de los terratenientes, esclavistas y ricos, quienes poco a poco expropiaron las tierras de los campesinos romanos libres, que fueron arruinados por el servicio militar. El empleo masivo de mano de obra esclava para cultivar las enormes propiedades (latifundios) condujo a la despoblaci&oacute;n de Italia y el debilitamiento de la Rep&uacute;blica, allanando el camino para la victoria, primero de los emperadores, la ca&iacute;da de Roma y luego a la larga y oscura noche de la barbarie, como Engels explic&oacute;:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&quot;En el seno de esta nueva constituci&oacute;n, a la cual dieron mayor impulso la expulsi&oacute;n del &uacute;ltimo rex, Tarquinio el Soberbio, quien usurpaba un verdadero poder mon&aacute;rquico, y su sustituci&oacute;n por dos jefes militares (c&oacute;nsules) con iguales poderes (como entre los iroqueses) se mueve toda la historia de la Rep&uacute;blica romana, con todas las luchas entre patricios y plebeyos por el control de la administraci&oacute;n y el reparto de las tierras del Estado, y con la desaparici&oacute;n completa de la nobleza patricia en una nueva clase compuesta por terratenientes y rentistas. Esta clase comenz&oacute; poco a poco a absorber toda la tierra de los campesinos arruinados por el servicio militar, emplearon esclavos para cultivar, las enormes haciendas as&iacute; formadas, despoblando Italia y abriendo as&iacute; la puerta, no s&oacute;lo a los emperadores, sino tambi&eacute;n a sus sucesores: los b&aacute;rbaros germanos. &quot;(Engels, <em>El origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado<\/em>).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Los or&iacute;genes de Roma est&aacute;n envueltos en la niebla. Podemos, por supuesto, desechar cualquier explicaci&oacute;n mitol&oacute;gica que intente atribuir los or&iacute;genes de Roma a la legendaria Eneas, quien huy&oacute; de las ruinas en cenizas de Troya. Como es el caso de muchas tribus antiguas, este fue un intento de atribuir un origen noble e ilustre a lo que era un asunto mucho m&aacute;s innoble. Del mismo modo, el nombre del m&iacute;tico fundador de Roma (R&oacute;mulo) significa simplemente &quot;hombre de Roma&quot;, por lo que no nos dice nada en absoluto. Seg&uacute;n la creencia tradicional, la fecha de la fundaci&oacute;n de Roma fue 753 a.C. Sin embargo, esta fecha se contradice con la evidencia arqueol&oacute;gica: demasiado tarde para los primeros asentamientos regulares y demasiado temprano para el momento de la verdadera urbanizaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El historiador m&aacute;s famoso de la Roma en sus inicios, Tito Livio, hace una mezcla de material hist&oacute;rico real con un acopio de leyendas, especulaci&oacute;n y mitolog&iacute;a de la que es dif&iacute;cil extraer la verdad. Sin embargo, estos mitos son de enorme importancia ya que nos proporcionan pistas importantes. Al comparar el registro escrito &ndash;confuso como es&ndash; con la evidencia de la arqueolog&iacute;a, la ling&uuml;&iacute;stica comparativa y otras ciencias, es posible reconstruir, al menos en l&iacute;neas muy generales, los or&iacute;genes de Roma. La econom&iacute;a pastoral de estas tribus es probablemente cierta, ya que corresponde a lo que sabemos sobre el modo de vida econ&oacute;mica de muchas de las tribus Latinas, aunque para el comienzo del primer milenio ya estaban practicando la agricultura y cultivaban la tierra con arados.<\/p>\n<p>Uno de esos grupos de pastores y agricultores emigraron desde la zona de los montes albanos (Monte Cavo), a unos trece kil&oacute;metros al sur-este de Roma, en los primeros a&ntilde;os del primer milenio y construyeron sus chozas a orillas del T&iacute;ber. Sin embargo, este grupo particular se estableci&oacute; en una zona que ten&iacute;a una importancia econ&oacute;mica relevante. La posici&oacute;n geogr&aacute;fica de Roma, controlando el cruce del r&iacute;o T&iacute;ber, que separa las dos mitades de la pen&iacute;nsula, fue de gran importancia estrat&eacute;gica para las naciones que buscaban controlar el destino de Italia. Situado en un vado del T&iacute;ber, Roma estaba en el cruce entre el valle del r&iacute;o y el de los comerciantes que viajan de norte a sur en el lado oeste de la pen&iacute;nsula italiana.<\/p>\n<p>Al sur de Roma se encontraban las f&eacute;rtiles tierras agr&iacute;colas de la llanura de Campania, ba&ntilde;ada por dos r&iacute;os, capaz de producir hasta tres cosechas de cereales en un a&ntilde;o en algunos distritos. Roma tambi&eacute;n ten&iacute;a el comercio de la sal, altamente lucrativo, derivado de las salinas situadas en la desembocadura del T&iacute;ber. La importancia de este producto en el mundo antiguo no puede ser minusvalorada.<\/p>\n<p>Hoy decimos: &quot;un hombre vale lo que su sal.&quot; En la antigua Roma, esto era literalmente cierto. La palabra &quot;salario&quot; deriva de la palabra latina sal, <em>salarium<\/em>, que vincula el empleo, la sal y los soldados, aunque la relaci&oacute;n exacta no est&aacute; clara. Una teor&iacute;a es que el soldado proviene del lat&iacute;n <em>sal<\/em> <em>dare<\/em> (dar sal). El historiador romano, Plinio el Viejo, mantiene en su Historia Natural que &quot;En de Roma&#8230; La sal era el pago para los soldados y que la palabra salario se deriva de ella&#8230;&quot; <em>(Plinio Historia Natural XXXI)<\/em>. M&aacute;s probablemente, el <em>salarium<\/em> fue o bien una indemnizaci&oacute;n pagada a los soldados romanos para la compra de la sal o el precio por hacer que los soldados conquistaran los suministros de sal y guardaran la V&iacute;a de Sal (<em>Via Salarium<\/em>) que llevaba a Roma.<\/p>\n<p>Cualquiera que sea la versi&oacute;n que  uno acepte, no hay duda acerca de la importancia vital de la sal y su comercializaci&oacute;n, que debi&oacute; haber jugado un papel de vital importancia en la creaci&oacute;n de una comunidad estable y pr&oacute;spera en Roma, la cual debi&oacute; haber atra&iacute;do, de manera poco grata, la atenci&oacute;n de las tribus menos favorecidas. La imagen que surge de la primera comunidad romana es la de un grupo de clanes que luchan por defender su territorio frente a la presi&oacute;n de otros pueblos (latinos, etruscos, sabinos, etc.)<\/p>\n<h4>Los inicios de la sociedad romana<\/h4>\n<p>De acuerdo con Tito Livio, Roma se conform&oacute;  a partir de pastores bajo la direcci&oacute;n de caciques. Se refiere a las antiguas tribus romanas, los ramnenses<em>, <\/em>titienses<em> <\/em>y<em> <\/em>l&uacute;ceres de quienes conocemos poco. El primer asentamiento fue establecido por <em>gens<\/em> latinas (cien de acuerdo a la leyenda), quienes estaban unidos en una tribu; <em>a esta tribu le fue pronto anexada la de los sabinos, quienes, seg&uacute;n menciona Livio<\/em>, era otra tribu compuesta por unas cien <em>gens<\/em>, y finalmente por una tercera tribu de elementos diversos, quienes, dice nuevamente, estaba compuesta por unas cien <em>gens<\/em> tambi&eacute;n. En consecuencia, la poblaci&oacute;n de Roma parece haber sido una mezcla de diferentes pueblos. Esto fue una consecuencia natural de largos a&ntilde;os de guerra y de su posici&oacute;n geogr&aacute;fica. Durante un largo periodo los habitantes originales fueron mezclados con muchos otros elementos, quienes gradualmente lograron la unificaci&oacute;n de los habitantes dispersados bajo un estado com&uacute;n.<\/p>\n<p>Nadie pod&iacute;a pertenecer al pueblo romano a menos que, &eacute;l o ella, fuera un miembro de una gens a trav&eacute;s de una curia y una tribu. Diez gens formaban una curia (entre los griegos conocida como fratr&iacute;a). Cada curia ten&iacute;a sus propios ritos religiosos, santuarios y sacerdotes; el &uacute;ltimo, constituido como cuerpo, se formaba a partir de los colegios sacerdotales romanos. Diez curias constitu&iacute;an una tribu, en las cuales probablemente, como en el resto de las tribus de Am&eacute;rica, exist&iacute;a originalmente un presidente electo como jefe militar y un sumo sacerdote. Las tres juntas formaron las tribus del pueblo romano, el <em>Populus Romanus<\/em>. En los primeros tiempos, las gens romanas ten&iacute;an las caracter&iacute;sticas siguientes:<\/p>\n<ol>\n<li>El derecho hereditario rec&iacute;proco de los gentiles; los bienes quedaban siempre dentro de la gens.<\/li>\n<li>Posesi&oacute;n de un lugar de sepultura com&uacute;n.<\/li>\n<li>Ritos religiosos comunes (la <em>sacra<\/em> <em>gentilitia<\/em>).<\/li>\n<li>La obligaci&oacute;n de no casarse dentro de la gens.<\/li>\n<li>La posesi&oacute;n de la tierra en com&uacute;n. Esta existi&oacute; siempre en los tiempos primitivos, desde que se comenz&oacute; a repartir el territorio de la tribu. En las tribus latinas encontramos el suelo pose&iacute;do parte por la tribu, parte por la gens, parte por casas que en aquella &eacute;poca dif&iacute;cilmente pod&iacute;an ser a&uacute;n familias individuales. Se atribuye a R&oacute;mulo el primer reparto de tierra entre los individuos, a raz&oacute;n de dos &quot;jugera&quot; (como una hect&aacute;rea). Sin embargo, m&aacute;s tarde encontramos a&uacute;n tierra en manos de las gens, sin hablar de las tierras del Estado, en torno a las cuales gira toda la historia interior de la rep&uacute;blica.<\/li>\n<li>La obligaci&oacute;n de los miembros de la gens de prestarse mutuamente socorro y asistencia. En tiempos de la segunda guerra p&uacute;nica, las gens se asociaron para rescatar a sus miembros hechos prisioneros; el Senado se lo <em>prohibi&oacute;<\/em>.<\/li>\n<li>Derecho de llevar el nombre de la gens.<\/li>\n<li>Derecho a adoptar a extra&ntilde;os en la gens.<\/li>\n<li>El derecho de elegir y deponer al jefe no se menciona en ninguna parte. Pero como en los primeros tiempos de Roma todos los puestos, comenzando por el rey, s&oacute;lo se obten&iacute;an por elecci&oacute;n o por aclamaci&oacute;n, y como los mismos sacerdotes de las curias eran elegidos por &eacute;stas, podemos admitir que el mismo orden reg&iacute;a en cuanto a los jefes (&quot;pr&iacute;ncipes&quot;) de las gens, aun cuando pudiera ser regla elegirlos de una misma familia.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En un principio parece que los asuntos p&uacute;blicos fueron manejados por el Senado (el Consejo de Ancianos, del lat&iacute;n <em>senex<\/em>, anciano). Este estaba integrado por los jefes de las trescientas gens. Es por esta raz&oacute;n por la que fueron llamados &quot;padres&quot;, <em>patres<\/em>, de las que m&aacute;s tarde reciben la denominaci&oacute;n de patricios. Aqu&iacute; vemos c&oacute;mo las relaciones patriarcales originales del antiguo sistema igualitario de las gens, gradualmente produjo una aristocracia tribal privilegiada, que cristaliz&oacute; en la Orden de los Patricios &ndash;la clase dominante en los inicios de la sociedad romana. Como explica Engels:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;La elecci&oacute;n habitual del jefe de cada gens en las mismas familias cre&oacute; tambi&eacute;n aqu&iacute; la primera nobleza gentilicia. Estas familias se llamaban patricias y pretend&iacute;an al derecho exclusivo de entrar en el Senado y al de ocupar todos los dem&aacute;s oficios p&uacute;blicos. El hecho de que con el tiempo el pueblo se dejase imponer esas pretensiones y el que &eacute;stas se transformaran en un derecho positivo, lo explica a su modo la leyenda, diciendo que R&oacute;mulo hab&iacute;a concedido desde el principio a los senadores y a sus descendientes el patriciado con sus privilegios. El senado, como la &quot;bul&ecirc;&quot; ateniense, decid&iacute;a en muchos asuntos y proced&iacute;a a la discusi&oacute;n preliminar de los m&aacute;s importantes, sobre todo de las leyes nuevas. Estas eran votadas por la asamblea del pueblo, llamada &quot;comitia curiata&quot; (comicios de las curias). El pueblo se congregaba agrupado por curias, y verosimilmente en cada curia por gens. Cada una de las treinta curias ten&iacute;a un voto. Los comicios de las curias aprobaban o rechazaban todas las leyes, eleg&iacute;an todos los altos funcionarios, incluso el &quot;rex&quot; (el pretendido rey), declaraban la guerra (pero el Senado firmaba la paz), y en calidad de tribunal supremo decid&iacute;an, siempre que las partes apelasen, en todos los casos en que se trataba de pronunciar sentencia de muerte contra un ciudadano romano. Por &uacute;ltimo, junto al Senado y a la Asamblea del pueblo, estaba el &quot;rex&quot;, que era exactamente lo mismo que el &quot;basileus&quot; griego, y de ninguna manera un monarca casi absoluto, tal como nos lo presenta Mommsen. El &quot;rex&quot; era tambi&eacute;n jefe militar, gran sacerdote y presidente de ciertos tribunales. No ten&iacute;a derechos o poderes civiles de ninguna especie sobre la vida, la libertad y la propiedad de los ciudadanos, en tanto que esos derechos no dimanaban del poder disciplinario del jefe militar o del poder judicial ejecutivo del presidente del tribunal.&rdquo; (Ib&iacute;d.)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>La divisi&oacute;n entre patricios y plebeyos no fue una diferencia exclusiva entre ricos y pobres. Algunos plebeyos se hicieron muy ricos, pero se mantuvieron en su condici&oacute;n de plebeyos por lo que fueron excluidos del poder estatal, que originalmente estaba monopolizado por la aristocracia del clan. El viejo p<em>opulus<\/em>, celoso de sus privilegios, estrictamente prohibi&oacute; cualquier adici&oacute;n a sus propias filas desde el exterior. Parece que la propiedad de la tierra estaba bien dividida entre el <em>populus<\/em> y la plebe en partes iguales. Pero la riqueza comercial e industrial, aunque todav&iacute;a no muy desarrollada, estaba, probablemente en su mayor parte, en manos de la plebe. As&iacute;, la vieja forma legal gentilicia entr&oacute; en contradicci&oacute;n con el cambio en las relaciones econ&oacute;micas y sociales. El n&uacute;mero creciente de la plebe y el creciente poder econ&oacute;mico de su capa superior, llev&oacute; a una lucha de clases entre la plebe y los patricios que domin&oacute; la historia de Roma despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n de los etruscos.<\/p>\n<p>El proceso exacto que destruy&oacute; la antigua sociedad gentilicia no est&aacute; claro. El aumento de la riqueza derivada del comercio de la sal debi&oacute; haber jugado un papel, fortaleciendo la posici&oacute;n de la vieja aristocracia tribal y creando un abismo creciente entre la aristocracia y los miembros pobres de la gens. Lo que est&aacute; claro es que el aumento de la propiedad privada cre&oacute; profundas divisiones en la sociedad desde tiempos muy tempranos. La dureza de las leyes de propiedad en los inicios de la sociedad romana coincidi&oacute; con la forma de la familia, que en Roma adquiri&oacute; la expresi&oacute;n m&aacute;s extrema del patriarcado. El (hombre) cabeza de la familia gozaba de un poder absoluto sobre todos los dem&aacute;s miembros de la familia, qui&eacute;nes tambi&eacute;n fueron considerados como propiedad privada, un hecho que ya hab&iacute;a sido se&ntilde;alado por Hegel:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&quot;Encontramos as&iacute;, no hermosas relaciones familiares entre los romanos; no relaciones libres llenas de amor y sentimiento. El lugar de la confianza es usurpado por el principio del rigor, la dependencia y la subordinaci&oacute;n. El matrimonio, en su forma estricta y formal, llevaba bastante el aspecto de un simple contrato; la mujer era parte de la propiedad del marido (in manum onventio) y la ceremonia de matrimonio se basa en un coemtio, en una forma tal que podr&iacute;a haber sido adoptada en ocasi&oacute;n a cualquier otra compra. El marido adquiri&oacute; un poder sobre su esposa, tal como lo ten&iacute;a sobre su hija; no menos que por encima de su propiedad; de modo que todo lo que ella pudo ganar, lo gan&oacute; por su marido [&#8230;].<\/p>\n<p>&quot;[&#8230;] La relaci&oacute;n de los hijos era exactamente similar: eran, por una parte, tan dependientes de la patria potestad como la esposa en el matrimonio; no pod&iacute;an poseer bienes &ndash;no hab&iacute;a ninguna diferencia si ocupaban un alto cargo en el Estado o no (aunque el peculia castrensia y el adventitia se consideraban de manera diferente), pero por otro lado, cuando se emancipaban, no ten&iacute;an ya ninguna relaci&oacute;n con su padre y su familia. Una evidencia del grado en que la situaci&oacute;n de los ni&ntilde;os fue considerada como an&aacute;loga a la de los esclavos, se presenta en el imaginaria servitus (mancipium), a trav&eacute;s del cual los menores emancipados ten&iacute;an que pasar. En referencia a la herencia, la moralidad parece haber exigido que los ni&ntilde;os la tuvieran que haber compartido por igual. Entre los romanos, por el contrario, el capricho testamentario se manifiesta en su forma m&aacute;s dura. As&iacute;, pervertidos y desmoralizados, estamos aqu&iacute; viendo las relaciones fundamentales de la &eacute;tica.&quot; (Hegel, <em>Lecciones sobre la Filosof&iacute;a de la Historia<\/em>, pp. 286-7)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>El antiguo sistema basado en las gens, originalmente descansaba sobre la propiedad com&uacute;n de la tierra. Pero la decadencia del viejo sistema bajo la presi&oacute;n del comercio y la expansi&oacute;n de la riqueza socav&oacute; todas las viejas relaciones sociales tribales. El aumento de la desigualdad dentro de la gens dio lugar a la dominaci&oacute;n de la clase privilegiada de los patricios. La propiedad privada se estableci&oacute; tan firmemente que las esposas y los ni&ntilde;os eran considerados como propiedad privada, sobre la que los <em>paterfamilias<\/em> mandaban con mano de hierro. Hegel entend&iacute;a perfectamente la relaci&oacute;n entre la familia y el Estado:<\/p>\n<p>&ldquo;La severidad activa e inmoral de los romanos en este &aacute;mbito privado, encuentra necesariamente  su contrapartida en  la severidad pasiva de su uni&oacute;n pol&iacute;tica.  Por la severidad con la que el romano era tratado por el Estado, recib&iacute;a compensaci&oacute;n al serle permitido tratar  a su familia con una severidad de igual naturaleza &ndash; un sirviente por un lado, un d&eacute;spota por el otro&rdquo; (ibid. p. 287)<\/p>\n<p>La nueva forma de la familia patriarcal, basada sobre el dominio tir&aacute;nico de los <em>paterfamilias, <\/em>fue al mismo tiempo un reflejo de cambio social y de las relaciones de propiedad, y una s&oacute;lida base sobre la cual estos &uacute;ltimos descansaban. Gradualmente, el Estado como &oacute;rgano de dominaci&oacute;n de una clase sobre otra se elev&oacute; por encima de la sociedad. La historia de la Rep&uacute;blica romana es simplemente la continuaci&oacute;n, la extensi&oacute;n y profundizaci&oacute;n de estas tendencias, que al final terminaron por destruir a la misma Rep&uacute;blica.<\/p>\n<p class=\"rteright\"><em>Continuar&aacute;<\/em><\/p>\n<div class=\"field field-type-text field-field-fecha-articulo\">\n<div class=\"field-items\">\n<div class=\"field-item odd\">4 de septiembre de 2009<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comenzamos la publicaci&oacute;n de una importante serie de art&iacute;culos de Alan Woods, la cual nos provee una explicaci&oacute;n marxista de los procesos que dieron colapso a la Rep&uacute;blica romana. Aqu&iacute;, el m&eacute;todo del materialismo hist&oacute;rico es usado para arrojar luz sobre un momento decisivo de suma importancia en la historia mundial. 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