{"id":774,"date":"2010-07-18T16:56:05","date_gmt":"2010-07-18T16:56:05","guid":{"rendered":"http:\/\/bloquepopularjuvenil.org\/bpjwordpress\/?p=774"},"modified":"2010-07-18T16:56:05","modified_gmt":"2010-07-18T16:56:05","slug":"historia-de-la-filosofia-capitulo-iv-el-renacimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcomunista.org\/historia-de-la-filosofia-capitulo-iv-el-renacimiento\/","title":{"rendered":"Historia de la Filosof\u00eda. Cap\u00edtulo IV. El Renacimiento"},"content":{"rendered":"<p><a class=\"thumbnail\" href=\"\/images\/stories\/theory\/La_scuola_di_Atene.png\" rel=\"lightbox[9472]\" title=\"Historia de la Filosof&iacute;a. Cap&iacute;tulo IV.  El\nRenacimiento\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" height=\"113\" width=\"160\" alt=\"Historia de la Filosof&iacute;a.  Cap&iacute;tulo IV.  El Renacimiento\" src=\"http:\/\/marxist.com\/images\/thumbs\/250x177-images-stories-theory-La_scuola_di_Atene.png\" style=\"border: 1px solid black; float: right; margin: 5px;\" \/><\/a>El punto de partida de la ciencia moderna es el Renacimiento, ese per&iacute;odo tan maravilloso de renacimiento espiritual e intelectual que puso fin a miles de a&ntilde;os de reinado de la ignorancia y la superstici&oacute;n. La humanidad miraba de nuevo a la naturaleza sin que la sombra del dogma cegara sus ojos. El mundo volvi&oacute; a descubrir las maravillas de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica griega, a trav&eacute;s de traducciones directas de versiones fidedignas llegadas a Italia despu&eacute;s de la invasi&oacute;n turca de Constantinopla. La perspectiva materialista del mundo de los antiguos jonios y atomistas indicaron a la ciencia cu&aacute;l era el camino correcto.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a class=\"thumbnail\" href=\"\/images\/stories\/theory\/La_scuola_di_Atene.png\" rel=\"lightbox[9472]\" title=\"Historia de la Filosof&iacute;a. Cap&iacute;tulo IV.  El\nRenacimiento\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" height=\"113\" width=\"160\" alt=\"Historia de la Filosof&iacute;a.  Cap&iacute;tulo IV.  El Renacimiento\" src=\"http:\/\/marxist.com\/images\/thumbs\/250x177-images-stories-theory-La_scuola_di_Atene.png\" style=\"border: 1px solid black; float: right; margin: 5px;\" \/><\/a>El punto de partida de la ciencia moderna es el Renacimiento, ese per&iacute;odo tan maravilloso de renacimiento espiritual e intelectual que puso fin a miles de a&ntilde;os de reinado de la ignorancia y la superstici&oacute;n. La humanidad miraba de nuevo a la naturaleza sin que la sombra del dogma cegara sus ojos. El mundo volvi&oacute; a descubrir las maravillas de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica griega, a trav&eacute;s de traducciones directas de versiones fidedignas llegadas a Italia despu&eacute;s de la invasi&oacute;n turca de Constantinopla. La perspectiva materialista del mundo de los antiguos jonios y atomistas indicaron a la ciencia cu&aacute;l era el camino correcto.<\/p>\n<p><!--break--><\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Sent&iacute; entonces lo mismo que el vig&iacute;a que observa el firmamento y ve de pronto un nuevo astro; o lo que el gran Cort&eacute;s, cuando con ojos de &aacute;guila por primera vez divis&oacute; el Pac&iacute;fico y todos sus soldados entre s&iacute; se miraron sin dar cr&eacute;dito a aquello callado, all&aacute; en lo alto de un monte del Dari&eacute;n&rdquo; <br \/>\nJohn Kyats<\/p>\n<\/blockquote>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Eppur si mouve&rdquo;  <br \/>\n&ldquo;Y sin embargo se mueve&rdquo;  <br \/>\nGalileo Galilei<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>El punto de partida de la ciencia moderna es el Renacimiento, ese per&iacute;odo tan maravilloso de renacimiento espiritual e intelectual que puso fin a miles de a&ntilde;os de reinado de la ignorancia y la superstici&oacute;n. La humanidad miraba de nuevo a la naturaleza sin que la sombra del dogma cegara sus ojos. El mundo volvi&oacute; a descubrir las maravillas de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica griega, a trav&eacute;s de traducciones directas de versiones fidedignas llegadas a Italia despu&eacute;s de la invasi&oacute;n turca de Constantinopla. La perspectiva materialista del mundo de los antiguos jonios y atomistas indicaron a la ciencia cu&aacute;l era el camino correcto.<\/p>\n<p>El Renacimiento fue un per&iacute;odo revolucionario en todo el sentido de la palabra. Lutero no s&oacute;lo inici&oacute; la Reforma religiosa, tambi&eacute;n reform&oacute; la lengua alemana. Al mismo tiempo la Guerra Campesina en Alemania, con sus tintes comunistas, se&ntilde;al&oacute; cual ser&iacute;a la forma de la futura lucha de clases. &ldquo;Qued&oacute; hecha pedazos la dictadura de la Iglesia sobre la mente de los hombres; la rechazaron de manera directa la mayor&iacute;a de los pueblos germ&aacute;nicos, que adoptaron el protestantismo, en tanto que entre los latinos se arraigaba cada vez m&aacute;s un alegre esp&iacute;ritu de libre pensamiento, recibido de los &aacute;rabes y alimentado por la filosof&iacute;a griega, reci&eacute;n descubierta, todo lo cual preparaba el camino para el materialismo del siglo XVIII&rdquo;. (Engels. La dial&eacute;ctica de la naturaleza. Madrid. Editorial Akal. 1978. p. 27).<\/p>\n<p>El descubrimiento de Am&eacute;rica y la ruta mar&iacute;tima de las Indias Orientales abrieron nuevos horizontes para el comercio y la exploraci&oacute;n. Pero fue en el terreno del intelecto donde se abrieron los mayores horizontes. Era imposible mantener la antigua y estrecha parcialidad, ahora para llegar a la verdad era necesario derribar las viejas barreras. Como en todas las &eacute;pocas revolucionarias exist&iacute;a un ardiente deseo de saber.<\/p>\n<p>El desarrollo de la ciencia est&aacute; vinculada estrechamente con el crecimiento de la tecnolog&iacute;a, que, a su vez, est&aacute; relacionada con el desarrollo de las fuerzas productivas. Tomemos por ejemplo la astronom&iacute;a. Las especulaciones cosmol&oacute;gicas de los antiguos griegos estaban limitadas debido a la ausencia de telescopios que les ayudaran en sus observaciones. En el a&ntilde;o 137 a. C, los observadores hab&iacute;an establecido la existencia de 1.025 cuerpos planetarios. En 1580 el n&uacute;mero era exactamente el mismo y se utilizaba el mismo instrumento: el simple ojo humano.<\/p>\n<p>Los astr&oacute;nomos de hoy, con poderosos radiotelescopios, pueden observas conjuntos abrumadores de estrellas y galaxias. Esto ha transformado completamente la astronom&iacute;a, desafortunadamente, los avances tecnol&oacute;gicos han llegado m&aacute;s lejos que el desarrollo de las ideas en las mentes de los hombres y mujeres. En muchos aspectos, la visi&oacute;n del mundo de algunos cient&iacute;ficos durante la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX, tiene m&aacute;s en com&uacute;n con la iglesia medieval que con los h&eacute;roes del Renacimiento que con su lucha contra el oscurantismo filos&oacute;fico hicieron posible la ciencia moderna.<\/p>\n<p>Anaximandro y Anax&aacute;goras dijeron que el universo era infinito &ldquo;no ten&iacute;a principio ni fin&rdquo;. La materia no se puede crear ni destruir. Esta idea fue aceptada por otros muchos fil&oacute;sofos de la antig&uuml;edad y se puede resumir en el famoso aforismo Ex nihilo nihil fit (fuera de la nada no hay nada). Es por lo tanto in&uacute;til buscar el principio o la creaci&oacute;n del universo, porque el universo siempre ha existido.<\/p>\n<p>Para la Iglesia, esta opini&oacute;n es una anatema porque deja al Creador fuera de la foto. En un mundo infinito y material no hay lugar para Dios, el demonio, los &aacute;ngeles, el cielo o el infierno. Por lo tanto, se aprovecharon &aacute;vidamente del escrito m&aacute;s d&eacute;bil y pueril de Plat&oacute;n, el Timeo, que en realidad es el mito de la creaci&oacute;n. Por otro lado, ten&iacute;an el sistema tolomeico del cosmos, que, adem&aacute;s correspond&iacute;a con el esquema cosmol&oacute;gico de Arist&oacute;teles, que contaba con una autoridad absoluta en aquella &eacute;poca. Presentaba al universo como un sistema cerrado. La tierra se encontraba en el centro, encerrada en siete esferas de cristal, sobre las que el sol, la luna y los planteas trazaban &oacute;rbitas circulares perfectas alrededor de la tierra. Para nuestra mentalidad moderna este concepto nos parece extra&ntilde;o. Pero para los fen&oacute;menos que se pod&iacute;an observar en la &eacute;poca, esta interpretaci&oacute;n del universo era suficiente. Realmente, desde el punto de vista del simple &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;, parece que el sol gira alrededor de la tierra y no viceversa.<\/p>\n<p>A pesar de todo esto, la visi&oacute;n geoc&eacute;ntrica fue puesta en duda incluso en los tiempos de Tolomeo. La alternativa fue la teor&iacute;a helioc&eacute;ntrica defendida por Aristarco de Samos (310-230 a. C), quien defendi&oacute; la hip&oacute;tesis de Cop&eacute;rnico, &eacute;ste defend&iacute;a que todos los planetas, incluida la tierra, giraban alrededor del sol describiendo &oacute;rbitas c&iacute;rculos y la tierra se mov&iacute;a sobre su eje cada veinticuatro horas. Esta teor&iacute;a brillante fue rechazada en favor de la visi&oacute;n tolomeica, porque la primera teor&iacute;a no era apropiada para la visi&oacute;n eclesi&aacute;stica. La tierra segu&iacute;a en el centro del universo y la Iglesia continuaba en el centro del mundo.<\/p>\n<p>Cop&eacute;rnico, el gran astr&oacute;nomo polaco (1473-1543), viaj&oacute; en su juventud a Italia y all&iacute; se contagi&oacute; del nuevo esp&iacute;ritu de investigaci&oacute;n y libre pensamiento. Pronto acept&oacute; que el sol era el centro del universo, aunque no defendi&oacute; en p&uacute;blico estas ideas por temor a la reacci&oacute;n de la Iglesia. S&oacute;lo cuando se encontraba en su lecho de muerte, decidi&oacute; publicar su libro, De Revolutionibus Orbium Coelestium (De las revoluciones de los orbes celestes), que dedic&oacute; al Papa con la esperanza de escapar a la censura. Temporalmente tuvo &eacute;xito y el libro no fue prohibido hasta los tiempos de Galileo cuando la Inquisici&oacute;n y los jesuitas \u2015las tropas de choque de la contrarreforma\u2015 estaban en pleno auge.<\/p>\n<p>Tycho Brahe, el astr&oacute;nomo dan&eacute;s (1546-1630), adopt&oacute; una posici&oacute;n intermedia, defend&iacute;a que mientras el sol y la luna giraban alrededor de la tierra, los planteas lo hac&iacute;an alrededor del sol. M&aacute;s importante fue el papel del alem&aacute;n Johannes Kepler (1571-1630) que utiliz&oacute; los c&aacute;lculos de Brahe para corregir algunas incorrecciones del modelo de Cop&eacute;rnico y propuso sus tres famosas leyes: el movimiento de los planetas no describe c&iacute;rculos sino elipses; la l&iacute;nea que une un planeta con el sol barre &aacute;reas iguales en tiempos iguales y que el cuadro del per&iacute;odo de revoluci&oacute;n de un planeta es proporcional al cubo de su distancia media al sol.<\/p>\n<p>Estas proposiciones asestaron un duro golpe a las posiciones ortodoxas de la Iglesia. Los planetas ten&iacute;an que moverse en c&iacute;rculo porque era la forma perfecta. Esta fue la idea aceptada por todos los idealistas desde Pit&aacute;goras. La primera ley de Kepler dec&iacute;a que se mov&iacute;an en elipses, &iexcl;muy lejos de ser una forma perfecta! Su segunda ley era a&uacute;n m&aacute;s monstruosa desde el punto de vista &ldquo;oficial&rdquo;, en lugar de un fino y suave movimiento, la velocidad de los planetas en &oacute;rbita variaba, cuanto m&aacute;s cerca estaban del sol mayor era su velocidad. &iquest;C&oacute;mo estas ideas pod&iacute;an ser compatibles con la noci&oacute;n de una armon&iacute;a divina en el universo?<\/p>\n<p>La diferencia est&aacute; en que mientras las teor&iacute;as de Kepler se basaban en las minuciosas observaciones de Brahe, la postura de la Iglesia se basaba en una teor&iacute;a idealista que sencillamente se asum&iacute;a como verdadera. Para el observador de hoy en d&iacute;a parece absurda la posici&oacute;n de aquellos que estaban en contra de Kepler y Cop&eacute;rnico. Todav&iacute;a se pueden escuchar ecos de este m&eacute;todo idealista cuando f&iacute;sicos y matem&aacute;ticos serios, defienden ecuaciones que no se corresponden con hechos conocidos a trav&eacute;s de la observaci&oacute;n, sino que se defienden por su supuesto valor est&eacute;tico. M&aacute;s adelante volveremos sobre esta cuesti&oacute;n.<\/p>\n<h4>Galileo<\/h4>\n<p>El cient&iacute;fico m&aacute;s grande del Renacimiento probablemente fue Galileo (1564-1642). Hizo grandes descubrimientos en el campo de los proyectiles y la ca&iacute;da de los objetos, Galileo fue un defensor convencido de la posici&oacute;n de Cop&eacute;rnico y el primer astr&oacute;nomo que utiliz&oacute; el telescopio para la investigaci&oacute;n del cielo. Sus observaciones no dejaron ninguna piedra firme del antiguo universo. La luna no era una esfera perfecta, era una superficie irregular, con monta&ntilde;as y mares. Venus ten&iacute;a fases como el sol y lo m&aacute;s importante de todo, J&uacute;piter ten&iacute;a cuatro lunas. La Iglesia defend&iacute;a la existencia de siete planteas porque para ella el siete era un n&uacute;mero m&iacute;stico. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an existir once planetas? La imagen de un profesor neg&aacute;ndose a mirar a trav&eacute;s del telescopio de Galileo ha pasado al folklore de historia cient&iacute;fica, y resume el choque entre dos perspectivas antag&oacute;nicas del mundo.<\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha intentado minimizar la persecuci&oacute;n de la ciencia por parte de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II, emprendi&oacute; una investigaci&oacute;n sobre el &ldquo;asunto Galileo&rdquo;, el resultado se public&oacute; en 1992 y revelaba la existencia &ldquo;graves malentendidos rec&iacute;procos&rdquo; y errores por ambas partes. Pero todo eso ocurri&oacute; en &ldquo;un contexto cultural muy diferente al nuestro&rdquo;. En octubre de 1993, el Papa envi&oacute; un mensaje al Congreso sobre Cop&eacute;rnico en la Universidad de Ferrara, con motivo de la conmemoraci&oacute;n del 450 aniversario de la publicaci&oacute;n del libro De Revolutionibus Orbium Coelestium. Seg&uacute;n el Papa, Cop&eacute;rnico era un hombre de ciencia y de fe. En realidad, Cop&eacute;rnico escap&oacute; a la persecuci&oacute;n eclesi&aacute;stica porque su libro no vio la luz del d&iacute;a hasta que &eacute;l se encontr&oacute; en un lugar seguro, &iexcl;el cementerio!.<\/p>\n<p>La Inquisici&oacute;n someti&oacute; dos veces a juicio a Galileo, uno privado (1616) y otro p&uacute;blico (1633). En el segundo juicio se le oblig&oacute; a retractarse de sus ideas, prometi&oacute; que nunca m&aacute;s defender&iacute;a que la tierra giraba alrededor del sol o que rotaba sobre su propio eje. De esta forma la Iglesia consigui&oacute; silenciar al m&aacute;s grande cient&iacute;fico de la &eacute;poca y en el proceso tambi&eacute;n se sepult&oacute; en Italia durante un largo per&iacute;odo de tiempo a la ciencia. Otros tuvieron un destino peor. Giordano Bruno (1548-1600) fue quemado en la hoguera en Roma despu&eacute;s de ocho a&ntilde;os en prisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Bruno fue un materialista inflexible, estuvo influenciado por Nicol&aacute;s de Cusa, quien defend&iacute;a que el universo no ten&iacute;a principio ni fin, ni espacio ni tiempo. El materialismo de Bruno ten&iacute;a ciertos toques de pante&iacute;smo, la idea de que Dios est&aacute; en todas partes y en ninguna, que Dios y la naturaleza son una y la misma cosa. Un concepto similar al hilozoismo defendido por los antiguos j&oacute;nios, y dec&iacute;a que la materia era una sustancia activa y en movimiento, que el hombre y su conciencia eran parte de la naturaleza, ambos eran un todo. Bruno sigui&oacute; los pasos de Nicol&aacute;s de Cusa, y defend&iacute;a la infinitud del universo.<\/p>\n<p>Afirm&oacute; que el universo consist&iacute;a en un n&uacute;mero infinito de mundos, algunos de ellos, posiblemente, habitados. Es f&aacute;cil comprender por que la Iglesia consider&oacute; estas ideas subversivas. Bruno no se amilan&oacute; y lo pag&oacute; con su vida.<\/p>\n<p>La Iglesia Romana no tuvo el monopolio de la persecuci&oacute;n de las nuevas ideas. Lutero denunci&oacute; a Copernico por ser &ldquo;un astr&oacute;logo que se esfuerza en demostrar que la tierra da vueltas, ni los cielos o el firmamento, ni la luna o el sol&rdquo;. Como observa Engels: &ldquo;En esa &eacute;poca las ciencias naturales tambi&eacute;n se desarrollaron en el seno de la revoluci&oacute;n general, y a su vez fueron totalmente revolucionarias; en verdad, debieron conquistar con la lucha su derecho a la existencia. Al lado de los grandes italianos de quienes data la filosof&iacute;a moderna, ofrecieron sus m&aacute;rtires a la hoguera y a las mazmorras de la Inquisici&oacute;n. Y es caracter&iacute;stico que los protestantes superasen a los cat&oacute;licos en sus persecuciones contra la libre investigaci&oacute;n de la naturaleza. Calvino hizo quemar a Servet en la hoguera cuando &eacute;ste se hallaba a punto de descubrir la circulaci&oacute;n de la sangre, y por cierto que lo mantuvo vivo, as&aacute;ndose, durante dos horas; a la Inquisici&oacute;n, por lo menos, le bast&oacute; con quemar vivo a Giordano Bruno&rdquo;. (Engels. Op. Cit. p. 28).<\/p>\n<p>A pesar de todas las contrariedades, el nuevo modo de pensamiento gan&oacute; fue ganando terreno sin parar hasta finales del siglo XVII, cuando consigui&oacute; una victoria decisiva. Los mismos cient&iacute;ficos que, en nombre de la ortodoxia, condenaron las ideas de Galileo, en la pr&aacute;ctica y calladamente descartaban la desacreditada cosmolog&iacute;a tolomeica. El descubrimiento de la circulaci&oacute;n sangu&iacute;nea por William Harvey (1578-1657) revolucion&oacute; el estudio del cuerpo humano y acab&oacute; con los viejos mitos. Fueron los descubrimientos de la ciencia, y no la disputa l&oacute;gica de los fil&oacute;sofos, los que hicieron insostenibles las viejas ideas.<\/p>\n<p>Aunque los m&eacute;todos tradicionales de los escol&aacute;sticos permanecieron a&uacute;n durante mucho tiempo, cada vez m&aacute;s aparec&iacute;an m&aacute;s alejados de la realidad. El auge de la ciencia proced&iacute;a de otra direcci&oacute;n y con otros m&eacute;todos de observaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n. De nuevo Inglaterra se coloc&oacute; a la vanguardia al defender el m&eacute;todo emp&iacute;rico. El m&aacute;s destacado defensor fue Francis Bacon (1561-1626), que durante un tiempo fue Lord Canciller de Inglaterra con el rey Jaime I, hasta que perdi&oacute; su puesto porque se hab&iacute;a enriquecido aceptando regalos de los litigantes. Despu&eacute;s dedic&oacute; su talento a un mejor uso, a escribir libros.<\/p>\n<p>Los escritos de Bacon est&aacute;n llenos de un sentido com&uacute;n sensato y pr&aacute;ctico, son materialistas en el sentido que ingl&eacute;s se da a la palabra emp&iacute;rico. El esp&iacute;ritu de su obra es el de un hombre del mundo ingenioso y de buena naturaleza. A diferencia de Tomas Moro, Bacon no estaba hecho de la misma sustancia que los m&aacute;rtires. Acepta la religi&oacute;n ortodoxa s&oacute;lo porque da poca importancia a los principios generales. En su filosof&iacute;a no juega ning&uacute;n papel la religi&oacute;n, su filosof&iacute;a se inspira en la idea del desarrollo del conocimiento como una forma de incrementar el poder del hombre sobre la naturaleza.<\/p>\n<p>Se rebel&oacute; contra el dogmatismo de los escol&aacute;sticos con sus litigios &ldquo;malsanos y vermiculados&rdquo; que acaban en &ldquo;conclusiones equivocadas y altercados&rdquo;. La &uacute;nica vez en que se mostr&oacute; verdaderamente indignado tuvo relaci&oacute;n con esta cuesti&oacute;n:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Esta clase de saber degenerado rein&oacute; principalmente entre los escol&aacute;sticos, &eacute;stos ten&iacute;an un ingenio agudo y profundo, abundante tiempo libre y escasa lectura, su ingenio se limitaba a pocos autores (principalmente Arist&oacute;teles, su dictador), igualmente, sus personas estaban enclaustradas en las celdas de los monasterios y centros de estudio, conoc&iacute;an poca historia o naturaleza, con escasa cantidad de materia y una disposici&oacute;n infinita a prolongar las afanosas redes de aprendizaje presentes en sus libros. Si para la inteligencia y la mente humanas la contemplaci&oacute;n de las criaturas de Dios y trabajar de acuerdo con este material es algo limitado, entonces, trabajar para s&iacute; mismo de la misma forma que la ara&ntilde;a entreteje su telara&ntilde;a, es interminable que les hace caer en las telara&ntilde;as del aprendizaje, admirable por la delicadeza de su trazado y laboriosidad, pero sin esencia o utilidad&rdquo; (F. Bacon. The Advancement of Learning. p. 26. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Aqu&iacute; tenemos la sana reacci&oacute;n ante el m&eacute;todo est&eacute;ril del idealismo que vuelve la espalda al mundo real, que convierte en reales los caprichos de su cabeza s&oacute;lo porque corresponden con prejuicios preconcebidos elevados a la categor&iacute;a de axiomas. En su lugar, Bacon nos anima a &ldquo;imitar la naturaleza que no hace nada en vano&rdquo; (Ib&iacute;d. p. 201). Resulta significativo que prefiera a Dem&oacute;crito, el atomista, antes que a Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles. Bacon hablaba ir&oacute;nicamente del Artesano Supremo que se supon&iacute;a hab&iacute;a creado el mundo a partir de la nada, y le hac&iacute;a una pregunta pertinente:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Pero si el gran artesano tuvo car&aacute;cter humano, entonces habr&iacute;a creado las estrellas con formas agradables y maravillosas, las habr&iacute;a ordenado como los desgastados tejados de las casas; es dif&iacute;cil que una encuentre acomodo en el cuadrado, tri&aacute;ngulo o l&iacute;nea recta, porque entre tal n&uacute;mero infinito se diferencia de la armon&iacute;a existente entre el esp&iacute;ritu del hombre y el esp&iacute;ritu de la naturaleza&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 133).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Este es un punto muy importante, y uno que con frecuencia olvidan los cient&iacute;ficos y matem&aacute;ticos, quienes creen que sus ecuaciones representan la verdad &uacute;ltima. En la naturaleza no existen las formas perfectas, ni tri&aacute;ngulos, ni c&iacute;rculos, ni planos perfectos, s&oacute;lo existen objetos materiales y procesos reales, de los que estas representaciones ideales son s&oacute;lo toscas aproximaciones. Bacon comprendi&oacute; esto muy bien:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;De aqu&iacute; que los matem&aacute;ticos no puedan estar satisfechos excepto si reducen los movimientos de los cuerpos celestes a c&iacute;rculos perfectos, rechazando las l&iacute;neas espirales e intentando que no se les acuse de exc&eacute;ntricos. De aqu&iacute; que mientras hay muchas cosas en la naturaleza ya que era mon&oacute;dica, sui juris; entonces las reflexiones del hombre les hacen fingir sobre relatividades, paralelas y conjugados, aunque no sean tal cosa&rdquo;. (Ib&iacute;d.).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Las generalizaciones abstractas en la ciencia, incluidas las matem&aacute;ticas, son s&oacute;lo &uacute;tiles en la medida que se corresponden con el mundo real y por lo tanto encuentran una aplicaci&oacute;n en &eacute;l. Incluso la generalizaci&oacute;n m&aacute;s fructuosa e ingeniosa, necesariamente, s&oacute;lo refleja la realidad de una forma parcial e imperfecta. El problema surge cuando los idealistas hacen pretensiones exageradas de sus teor&iacute;as y las elevan al rango de principio absoluto y esperan que la realidad se adapte a sus teor&iacute;as.<\/p>\n<p>La tendencia m&aacute;s reciente en la ciencia es la teor&iacute;a del caos, &eacute;sta representa un regreso, aunque en un nivel mucho m&aacute;s elevado, a la l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n de Bacon y los materialistas del Renacimiento, que volvieron a descubrir una tradici&oacute;n mucho m&aacute;s antigua, la tradici&oacute;n materialista griega de las escuelas j&oacute;nicas y atomistas. Bacon desarroll&oacute; su propia concepci&oacute;n materialista de la naturaleza, se basaba en la idea de que la materia estaba formada por part&iacute;culas dotadas con m&uacute;ltiples propiedades, y una de ellas era el movimiento, no s&oacute;lo se limit&oacute; al movimiento mec&aacute;nico tambi&eacute;n anticip&oacute; una hip&oacute;tesis brillante, que el calor era una forma de movimiento. Se considera el movimiento no s&oacute;lo un impulso externo o una fuerza mec&aacute;nica, se le considera una cualidad inherente de la materia, una forma de esp&iacute;ritu vital o tensi&oacute;n interior. Marx lo comprara con el t&eacute;rmino utilizado por el fil&oacute;sofo alem&aacute;n Jacob B&ouml;hme, &ldquo;Qual&rdquo;, t&eacute;rmino dif&iacute;cil de traducir, significa una tensi&oacute;n interna extrema o &ldquo;tortura&rdquo;. De esta forma, las formas primarias de la materia estar&iacute;an dotadas de movimiento y energ&iacute;a, casi como una fuerza viva. Hoy en d&iacute;a, utilizar&iacute;amos la palabra energ&iacute;a. Si comparamos estas ideas con las concepciones inertes, inexpresivas y mecanicistas que se hicieron durante el siguiente siglo, esta visi&oacute;n de la materia es rotundamente m&aacute;s moderna y se aproxima a la posici&oacute;n del materialismo dial&eacute;ctico.<\/p>\n<p>Esta &uacute;ltima observaci&oacute;n nos lleva al punto central. El verdadero significado de la filosof&iacute;a de Bacon fue se&ntilde;alar el camino hacia delante. Aunque incompleta, s&iacute; conten&iacute;a los g&eacute;rmenes de su futuro desarrollo, como explica Marx en La Sagrada Familia:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;En Bacon, su primer creador, el materialismo oculta a&uacute;n ingenuamente los g&eacute;rmenes de su desenvolvimiento universal. La materia sonr&iacute;e al hombre en todo su po&eacute;tico y sensual esplendor. Pero la misma doctrina afor&iacute;stica rebosa a&uacute;n de inconsecuencias teol&oacute;gicas&rdquo;. (Op. Cit. p. 146).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>La teor&iacute;a del conocimiento de Bacon era estrictamente emp&iacute;rica, como Duns Scotus, tambi&eacute;n negaba la existencia de los &ldquo;universales&rdquo;. Desarroll&oacute; el m&eacute;todo de razonamiento conocido como inducci&oacute;n que ya estaba presente en los trabajos de Arist&oacute;teles. Esta es una forma de estudiar experimentalmente las cosas, partimos de una serie de hechos aislados hasta llegar a las proposiciones generales. Como un ant&iacute;doto al idealismo est&eacute;ril de los escol&aacute;sticos, tambi&eacute;n representaba un paso adelante importante aunque contaba con serias limitaciones, que m&aacute;s tarde se convertir&iacute;an en un obst&aacute;culo para el desarrollo del pensamiento. Es el principio de la particular aversi&oacute;n anglosajona hacia la teor&iacute;a, una tendencia al empirismo, el culto servil a los &ldquo;hechos&rdquo; y el rechazo a aceptar las generalizaciones que han dominado el pensamiento en Gran Breta&ntilde;a y por extensi&oacute;n en EEUU.<\/p>\n<p>Las limitaciones del m&eacute;todo estrictamente inductivo son evidentes. No importa la cantidad de hechos que se examinen, porque s&oacute;lo toma una excepci&oacute;n para socavar cualquier conclusi&oacute;n general que podamos extraer. Si hemos visto mil cisnes blancos y llegamos a la conclusi&oacute;n de que todos los cisnes son blancos, y despu&eacute;s vemos un cisne negro, entonces nuestra conclusi&oacute;n estar&iacute;a equivocada. Estas conclusiones son hipot&eacute;ticas, porque exigen m&aacute;s pruebas. La inducci&oacute;n, en &uacute;ltima instancia, es la base de todo conocimiento, porque todo lo que conocemos, al final, procede de la observaci&oacute;n del mundo objetivo y de la experiencia. Durante un largo per&iacute;odo de observaci&oacute;n, combinado con una actividad pr&aacute;ctica que nos permita demostrar la correcci&oacute;n o no de nuestras ideas, descubriremos toda una serie de relaciones esenciales que existen entre los fen&oacute;menos, y demuestran que tienen caracter&iacute;sticas comunes y pertenecen a un g&eacute;nero o especie en particular.<\/p>\n<p>Las generalizaciones a las que se llega despu&eacute;s de un largo per&iacute;odo de desarrollo humano, algunas de ellas consideradas axiomas, juegan un papel importante en el desarrollo del pensamiento y no se puede prescindir f&aacute;cilmente de ellas. El m&eacute;todo de pensamiento de la l&oacute;gica tradicional juega un papel importante, porque establece las reglas elementales que nos impiden llegar a contradicciones absurdas y nos permiten seguir una l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n consistente. El materialismo dial&eacute;ctico no considera que la inducci&oacute;n y la deducci&oacute;n sean incompatibles, cree que son aspectos diferentes del proceso de conocimiento dial&eacute;ctico, inseparablemente relacionados y que se condicionan mutuamente.<\/p>\n<p>El m&eacute;todo del conocimiento humano procede de lo particular a lo universal, y tambi&eacute;n de lo universal a lo particular. Por esa raz&oacute;n es incorrecto y unilateral contraponer una a la otra.<\/p>\n<p>A pesar de intentar hacer lo contrario, es imposible partir de los &ldquo;hechos&rdquo; sin tener ninguna concepci&oacute;n previa. Esta te&oacute;rica objetividad nunca ha existido ni existir&aacute;. Cuando nos aproximamos a un hecho, siempre tenemos nuestras concepciones y categor&iacute;as. Pueden ser conscientes o inconscientes, pero siempre est&aacute;n presentes. Aquellos que imaginan poder ser felices sin filosof&iacute;a, como ocurre con muchos cient&iacute;ficos, lo que hacen es repetir inconscientemente la filosof&iacute;a &ldquo;oficial&rdquo; existente y los prejuicios de la sociedad en la que viven. Por eso es indispensable que los cient&iacute;ficos y los pensadores luchen para elaborar un m&eacute;todo consistente de mirar el mundo, una filosof&iacute;a coherente que pueda convertirse en una herramienta adecuada para analizar las cosas y los procesos.<\/p>\n<p>En Introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a de la historia, Hegel ridiculiza, correctamente, a todos aquellos historiadores (muy comunes en Gran Breta&ntilde;a) que pretenden limitarse a la realidad y para ello se ocultan tras una falsa fachada de &ldquo;objetividad acad&eacute;mica&rdquo;, mientras que dan rienda suelta a todos sus prejuicios:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Mas la historia hemos de tomarla tal cual es; se impone que procedamos de un modo hist&oacute;rico, emp&iacute;rico. Entre otras cosas, no debemos dejarnos seducir por los historiadores profesionales, pues estos, en especial los alemanes, que gozan de gran autoridad, hacen lo mismo que echan en cara a los fil&oacute;sofos, a saber: introducir apri&oacute;ricas fantas&iacute;as en la historia (&#8230;) Como primera condici&oacute;n, podr&iacute;amos enunciar la de que captemos fielmente lo hist&oacute;rico; es en esas expresiones generales, como &lsquo;fiel&rsquo; y &lsquo;captar&rsquo;, donde se da el equ&iacute;voco. Incluso el historiador habitual y mediocre, que acaso opina tambi&eacute;n y afirma, se comporta s&oacute;lo receptivamente y abandon&aacute;ndose a lo dado; no permanece pasivo en su pensamiento, pues aporta sus categor&iacute;as y ve lo existente a trav&eacute;s de ellas.<\/p>\n<p>Especialmente en todo lo que debe ser cient&iacute;fico, no puede permanecer inactiva la raz&oacute;n y ha de ser empleada la reflexi&oacute;n. A quien considera el mundo como racional, tambi&eacute;n el mundo lo tiene a &eacute;l por racional: ambas cosas est&aacute;n en acci&oacute;n rec&iacute;proca. Pero los diversos modos propios de especulaci&oacute;n, de los criterios y de la apreciaci&oacute;n sobre la importancia o insignificancia de los hechos no son de este lugar&rdquo;. (Hegel. Filosof&iacute;a de la historia. Barcelona. Ediciones Zeus. 1971. pp. 39-40).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Las ideas de Bertrand Russell eran diametralmente puestas al materialismo dial&eacute;ctico, pero hace una cr&iacute;tica correcta de las limitaciones del empirismo, para ello sigue la misma l&iacute;nea de Hegel:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;En general la formaci&oacute;n de hip&oacute;tesis es la parte m&aacute;s dif&iacute;cil de la obra cient&iacute;fica y en la que es indispensable una gran habilidad. Hasta ahora, no se ha hallado ning&uacute;n m&eacute;todo que haga posible la invenci&oacute;n de hip&oacute;tesis por medio de reglas. Habitualmente, una hip&oacute;tesis es un preliminar necesario para la colecci&oacute;n de hechos, puesto que la selecci&oacute;n de &eacute;stos requiere algo previo que determine su importancia. Sin algo de esta clase, la mera multiplicidad de hechos es desconcertante&rdquo;. (B. Russell. Op. Cit. pp. 162-163)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>La escuela baconiana de pensamiento ejerci&oacute; una influencia contradictoria en los acontecimientos posteriores. Por un lado, al acentuar la necesidad de la observaci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n, impuls&oacute; la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Por otro lado, permiti&oacute; el surgimiento de una estrecha perspectiva empirista que ha tenido un efecto negativo en el desarrollo del pensamiento filos&oacute;fico, sobre todo en Gran Breta&ntilde;a. En La dial&eacute;ctica de la naturaleza, Engels se&ntilde;ala la paradoja de esta escuela emp&iacute;rica que imaginaba haberse deshecho de una vez por todas de la metaf&iacute;sica, cuando en realidad, termin&oacute; aceptando todo tipo de ideas m&iacute;sticas.<\/p>\n<p>Se hab&iacute;a ganado la batalla inmediata contra la religi&oacute;n. La ciencia se hab&iacute;a liberado de los lazos de la teolog&iacute;a que la hab&iacute;an mantenido esclavizada durante mucho tiempo. Ser&iacute;a la condici&oacute;n previa para que la ciencia diera un salto de gigante, consigui&oacute; m&aacute;s en un siglo que en los mil a&ntilde;os anteriores. Pero esta nueva perspectiva del mundo todav&iacute;a estaba poco desarrollada, y en general, se caracterizaba por un empirismo ingenuo y superficial, que todav&iacute;a no se hab&iacute;a alejado de una vez por todas de la religi&oacute;n y el idealismo. &ldquo;La emancipaci&oacute;n de las ciencias naturales respecto de la teolog&iacute;a comienza a partir de ah&iacute;, aunque la batalla entre determinadas formulaciones de unas y otra se arrastra hasta nuestros d&iacute;as, y en muchos cerebros no ha terminado a&uacute;n&rdquo; (Engels. Op. Cit. p. 29).<\/p>\n<p>Cien a&ntilde;os despu&eacute;s, a pesar de los avances inimaginables realizados por la ciencia y el conocimiento humano, todav&iacute;a no se ha ganado la batalla decisiva.<\/p>\n<h4>La &eacute;poca de la inmutabilidad<\/h4>\n<p>En el Renacimiento, como en la antig&uuml;edad, la filosof&iacute;a y la ciencia, que eran la misma cosa, se ve&iacute;a la naturaleza como una sola cosa, un conjunto interdependiente. Adelantaron hip&oacute;tesis brillantes, por ejemplo, sobre la naturaleza del universo, pero estas hip&oacute;tesis no se pod&iacute;an verificar o desarrollar debido a la situaci&oacute;n en la que se encontraban la tecnolog&iacute;a y la producci&oacute;n.<\/p>\n<p>S&oacute;lo con el nacimiento del capitalismo, y en particular con la revoluci&oacute;n industrial, fue posible investigar detalladamente el funcionamiento de la naturaleza en sus distintas manifestaciones. Este acontecimiento alter&oacute; profundamente la forma de mirar al mundo:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Una verdadera ciencia de la naturaleza no data propiamente sino de la segunda mitad del siglo XV, y a partir de entonces ha hecho progresos con velocidad siempre creciente. La descomposici&oacute;n de la naturaleza en sus partes particulares, el aislamiento de los diversos procesos y objetos naturales en determinadas clases especiales, la investigaci&oacute;n del interior de los cuerpos org&aacute;nicos seg&uacute;n sus muy diversas conformaciones anat&oacute;micas, fue la condici&oacute;n fundamental de los progresos gigantescos que nos han aportado los &uacute;ltimos cuatrocientos a&ntilde;os al conocimiento de la naturaleza. Por todo ello nos ha legado tambi&eacute;n la costumbre de concebir las cosas y los procesos naturales en su aislamiento, fuera de la gran conexi&oacute;n de conjunto. No en su movimiento, por tanto, sino en su reposo; no como entidades esencialmente cambiantes, sino como subsistencias firmes; no en su vida, sino en su muerte. Y al pasar ese modo de concepci&oacute;n de la ciencia natural a la filosof&iacute;a, como ocurri&oacute; por obra de Bacon y Locke, cre&oacute; en ella la espec&iacute;fica limitaci&oacute;n de pensamiento de los &uacute;ltimos siglos, el modo metaf&iacute;sico de pensar&rdquo;. (Engels. Anti D&uuml;hring. p. 21)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>En los escritos de Thomas Hobbes (1588-1679), el materialismo de Bacon se desarrolla de una forma sistem&aacute;tica. Hobbes vivi&oacute; en un per&iacute;odo de revoluci&oacute;n. Era un mon&aacute;rquico convencido que experiment&oacute; de primera mano el vendaval de la guerra civil inglesa. La inminente victoria del Parlamento le oblig&oacute; a huir a Francia, donde se encontr&oacute; y coincidi&oacute; con Descartes. Sus convicciones mon&aacute;rquicas le llevaron a simpatizar con los mon&aacute;rquicos exiliados entre los que vivi&oacute; (durante un tiempo ense&ntilde;&oacute; matem&aacute;ticas al pr&iacute;ncipe Carlos). Pero como le ocurri&oacute; a Hegel, sus ideas pol&iacute;ticas conservadoras no le impidieron que su filosof&iacute;a fuera considerada sospechosa por las autoridades, la ideas de Hobbes eran demasiado radicales para sus contempor&aacute;neos. El tono materialista que utiliza en el Leviat&aacute;n, publicado en 1651, provoc&oacute; la ira de la Iglesia y del gobierno franc&eacute;s, al mismo tiempo, sus teor&iacute;as sociales ofend&iacute;an a los exiliados brit&aacute;nicos debido a su racionalismo. Hobbes tuvo que huir a Gran Breta&ntilde;a, all&iacute; Cromwell le dio la bienvenida, siempre y cuando se abstuviera de cualquier actividad pol&iacute;tica.<\/p>\n<p>La restauraci&oacute;n mon&aacute;rquica despu&eacute;s de la muerte de Cromwell, lleg&oacute; acompa&ntilde;ada de numerosas restricciones de la libertad intelectual. Se expuls&oacute; a los baconianos Oxford y Cambridge y estos centros perdieron su car&aacute;cter cient&iacute;fico. Desde 1662 a 1695 existi&oacute; una censura f&eacute;rrea. Hobbes tem&iacute;a que los obispos le intentaran quemar en la hoguera por ser sospechoso de ate&iacute;smo, incluso se mencion&oacute; esta cuesti&oacute;n en un informe parlamentario. Su libro Behemont no pudo ver la luz en 1679. Desde ese momento no pudo publicar nada importante en Inglaterra por temor a la represi&oacute;n eclesi&aacute;stica.<\/p>\n<p>No es dif&iacute;cil de entender porqu&eacute; se gan&oacute; esta reputaci&oacute;n. Desde la primera p&aacute;gina de su Leviat&aacute;n, proclama con un esp&iacute;ritu intransigente la doctrina materialista. Para &eacute;l no existe absolutamente nada en la mente humana que no tenga su origen en los sentidos:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Por lo que respecta a los pensamientos del hombre, quiero considerarlos en primer t&eacute;rmino singularmente, y luego en su conjunto, es decir, en su dependencia mutua.<\/p>\n<p>Singularmente, cada uno de ellos es una representaci&oacute;n o apariencia de cierta cualidad o de otro accidente de un cuerpo exterior a nosotros, de lo que com&uacute;nmente llamados objeto. Dicho objeto act&uacute;a sobre los ojos, o&iacute;dos y otras partes del cuerpo humano, y por su diversidad de actuaci&oacute;n producto diversidad de apariencias.<\/p>\n<p>El origen de todo ello es lo que llamamos sensaci&oacute;n (en efecto: no existe ninguna concepci&oacute;n en el intelecto humano que antes no haya sido recibida, totalmente o en parte, por los &oacute;rganos de los sentidos). Todo lo dem&aacute;s deriva de este elemento primordial&rdquo;. (T. Hobbes. Del ciudadano y Leviat&aacute;n. Madrid. Editorial Tecnos. 1999. P. 49).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>En otra parte, llega a atribuir los or&iacute;genes de la religi&oacute;n a las supersticiones primitivas que surgen de fen&oacute;menos como los sue&ntilde;os, aunque, por razones obvias, limita la aplicaci&oacute;n de esta idea a las &iexcl;religiones no cristianas!<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;De esta ignorancia para distinguir los ensue&ntilde;os y otras fantas&iacute;as, de la visi&oacute;n y de las sensaciones, surgieron en su mayor parte de las creencias religiosas de los gentiles, en los tiempos pasados, cuando se adora a s&aacute;tiros, faunos, ninfas y otras ficciones por el estilo; tal es, tambi&eacute;n, ahora, el origen del concepto que la gente vulgar tiene hadas, fantasmas y duendes, as&iacute; como del poder de las brujas&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 56).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Siguiendo los pasos de Bacon, Hobbes apela directamente a la naturalezacomo la fuente de todo conocimiento:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;La Naturaleza misma no puede equivocarse: pero como los hombres abundan en copiosas palabras, pueden hacerse m&aacute;s sabios o m&aacute;s malvados que de ordinario. Tampoco es posible sin letras, para ning&uacute;n hombre, llegar a ser extraordinariamente sabio o extraordinariamente loco (a menos que su memoria est&eacute; atacada por la enfermedad, o por defectos de constituci&oacute;n de los &oacute;rganos). Usan los hombres sabios las palabras para sus propios c&aacute;lculos, y razonan con ellas: pero hay multitud de locos que las eval&uacute;an por la autoridad de un Arist&oacute;teles, de un Cicer&oacute;n o de un Tom&aacute;s, o de otro doctor cualquiera, hombre en definitiva&rdquo;. (Ib&iacute;d. pp. 69- 70).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Y como Bacon y Duns Scotus, sigue la tradici&oacute;n del nominalismo, negando la existencia de los universales excepto en el lenguaje.<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;De todos los nombres, algunos son propios y peculiares de una sola cosa, como Pedro, Juan, este hombre, este &aacute;rbol: algunos, comunes a diversas cosas, como hombres, caballo, animal. A&uacute;n cuando cada uno de estos sea un nombre, es, no obstante nombre de diversas cosas particulares; consideradas todas en conjunto constituyen lo que se llama un universal. Nada hay universal en el mundo m&aacute;s que los hombres, porque cada una de las cosas denominadas es individual y singular&rdquo; (Ib&iacute;d. p. 66).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>En comparaci&oacute;n con Bacon, el m&eacute;todo de Hobbes es m&aacute;s elaborado, aunque al mismo tiempo, es parcial, r&iacute;gido, en una palabra, mecanicista. Esto no era casualidad, por que la ciencia, que hab&iacute;a avanzado m&aacute;s r&aacute;pidamente que la &eacute;poca, era una ciencia mec&aacute;nica. Cada vez m&aacute;s, todo el funcionamiento del mundo se ve&iacute;a de una forma mec&aacute;nica. Para Hobbes la sociedad era como el cuerpo humano, y &eacute;ste, a su vez, era s&oacute;lo una m&aacute;quina.<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;La naturaleza (el arte con que Dios ha hecho y gobierna el mundo) est&aacute; imitada de tal modo, como en otras muchas cosas, por el arte del hombre que &eacute;ste puede crear un animal artificial. Y siendo la vida un movimiento de miembros cuya iniciaci&oacute;n se halla en alguna parte principal de los mismos, &iquest;por qu&eacute; no podr&iacute;amos decir que todos los aut&oacute;matas (artefactos que mueven a s&iacute; mismos por medio de resortes y ruedas, como lo hace el reloj) tienen una vida artificial? &iquest;Qu&eacute; es en realidad el coraz&oacute;n sino un resorte; y los nervios, que son sino diversas fibras; y las articulaciones, sino varias ruedas que dan movimiento al cuerpo entero tal como el Art&iacute;fice se lo propuso? El arte va a&uacute;n m&aacute;s lejos, imitando esta obra racional que es la m&aacute;s excelsa de la naturaleza: el hombre. En efecto: gracias al arte se crea ese gran Leviat&aacute;n que llamamos rep&uacute;blica o Estado (en lat&iacute;n, civitas) que no es sino un hombre artificial&rdquo;. (Ib&iacute;d. pp. 45-46)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Marx resume la contribuci&oacute;n de Hobbes en el siguiente pasaje de La sagrada familia:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Partiendo de Bacon, Hobbes formula el razonamiento siguiente: Si la materialidad proporciona al hombre todos sus conocimientos, entonces la intuici&oacute;n, la idea, la representaci&oacute;n, etc., no son m&aacute;s que fantasmas del mundo material m&aacute;s o menos despojados de su forma sensible. La ciencia s&oacute;lo puede dar un nombre a estos fen&oacute;menos. Un solo y mismo nombre puede aplicarse a varios fantasmas. Incluso puede haber nombre de nombres. Pero ser&iacute;a contradictorio afirmar por una parte que todas las ideas tienen su origen en el mundo material y sostener por otra parte que una palabra es m&aacute;s que una palabra y que, adem&aacute;s de los seres representados, siempre individuales, existen tambi&eacute;n seres generales. Una substancia inmaterial es no menos contradictoria que un cuerpo inmaterial. Cuerpo, ser, substancia, con una sola y misma idea real. No puede separase el pensamiento de una materia que piensa. Ella es el sujeto de todos los cambios. La palabra infinito no tiene sentido, a no ser que signifique la capacidad de nuestro esp&iacute;ritu de adicionar sin fin. Como s&oacute;lo lo material puede ser objeto de la percepci&oacute;n y del saber, nada sabemos de la existencia de Dios. S&oacute;lo es cierto mi propia existencia. Toda pasi&oacute;n humana es un movimiento mec&aacute;nico que empieza o termina. Los objetos de los impulsos son el bien. El hombre est&aacute; sometido a las mismas leyes que la naturaleza. Poder y libertad son id&eacute;nticos&rdquo;. (Marx y Engels. Op. Cit. p. 146).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>La visi&oacute;n mecanicista del mundo, en un sentido, representa un paso atr&aacute;s con relaci&oacute;n a Bacon. &ldquo;La materialidad pierde su flor y se convierte en la materialidad abstracta del ge&oacute;metra. El movimiento f&iacute;sico es sacrificado al movimiento mec&aacute;nico o matem&aacute;tico; la geometr&iacute;a es proclamada la ciencia fundamental. El materialismo se torna mis&aacute;ntropo a fin de poder vencer en su propio terreno al esp&iacute;ritu mis&aacute;ntropo e inmaterial, el materialismo ha de martirizar su propia carne y volverse asceta. As&iacute; se presenta como un ente de raz&oacute;n, pero desarrolla igualmente la l&oacute;gica inexorable de la inteligencia&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 146). Este tipo de materialismo mec&aacute;nico fue el que predomin&oacute; durante el pr&oacute;ximo siglo y medio en Gran Breta&ntilde;a y Francia.<\/p>\n<p>John Locke (1632-1704) sigui&oacute; el mismo camino que Hobbes, cre&iacute;a que la experiencia es la &uacute;nica fuente de ideas. A &eacute;l pertenece la c&eacute;lebre m&aacute;xima: nihil est in intellectu, quod non prius fuit in sensu (no hay nada en el intelecto que no se derive de los sentidos). Fue Locke, con su Ensayo sobre el entendimiento humano, quien suministr&oacute; la raz&oacute;n para el principio fundamental de Bacon, el origen de todo el conocimiento y las ideas humanas se encontraba en el mundo material que nos llega a trav&eacute;s de nuestra percepci&oacute;n sensorial. Es el filosofo del razonable sentido com&uacute;n: &ldquo;Locke hab&iacute;a fundado la filosof&iacute;a del buen sentido, es decir, estableci&oacute; por un rodeo que no exist&iacute;a una filosof&iacute;a distinta del buen sentido y de la raz&oacute;n descansando en el sentido com&uacute;n&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 147). La &ldquo;Raz&oacute;n&rdquo; dec&iacute;a, &ldquo;debe ser nuestro juez y gu&iacute;a en todo&rdquo;. La obra de Locke fue traducida al franc&eacute;s, e inspir&oacute; a Condillac y otros para lanzar la escuela francesa de filosof&iacute;a materialista, que prepar&oacute; intelectualmente, el terreno para la revoluci&oacute;n de 1789-93.<\/p>\n<h4>El avance de la ciencia<\/h4>\n<p>Desde el final del siglo XVII hasta principios del siglo XVIII, el mundo de la ciencia experiment&oacute; una transformaci&oacute;n total, gracias a las conquistas del per&iacute;odo anterior. En Inglaterra, la victoria de la burgues&iacute;a en la Guerra Civil y el posterior compromiso de una monarqu&iacute;a constitucional despu&eacute;s de 1688, crearon unas condiciones relativamente m&aacute;s libres para el desarrollo de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Al mismo tiempo, el crecimiento del comercio y la manufactura crearon la necesidad de desarrollar una tecnolog&iacute;a m&aacute;s avanzada y el capital necesario para pagarla. Fue un per&iacute;odo sin precedentes de innovaci&oacute;n y progreso cient&iacute;fico.<\/p>\n<p>Los pasos delante de la &oacute;ptica hicieron posible la invenci&oacute;n del microscopio. En Francia, Gassendi recuper&oacute; las teor&iacute;as at&oacute;micas de Dem&oacute;crito y Epicuro. En Alemania, Von Guericke invent&oacute; la bomba de aire. Robert Boyle consigui&oacute; grandes avances en qu&iacute;mica. Los descubrimientos de Cop&eacute;rnico, Brahe, Kepler, Galileo y Huygens prepararon el terreno para la revoluci&oacute;n newtoniana en la astronom&iacute;a, por otra parte necesaria porque la navegaci&oacute;n exig&iacute;a m&aacute;s seguridad. En esa &eacute;poca, la ciencia estaba dominada por el m&eacute;todo mecanicista, es decir, hab&iacute;a que interpretar los fen&oacute;menos naturales con relaci&oacute;n a su forma, tama&ntilde;o, posici&oacute;n, medidas y movimiento de corp&uacute;sculos, y hab&iacute;a que explicar su comportamiento, exclusivamente, en cuanto a su contacto con otras part&iacute;culas.<\/p>\n<p>El principal exponente de la nueva ciencia fue Isaac Newton (1643-1727), que se convertir&iacute;a en presidente de la Royal Society en 1703, y ejerci&oacute; una influencia colosal no s&oacute;lo en la ciencia, tambi&eacute;n en la filosof&iacute;a y en la forma de pensar de todo el per&iacute;odo en el que vivi&oacute; y mucho tiempo despu&eacute;s. El poeta Alexander Poppe resume en un poema la actitud aduladora que ten&iacute;an los ingleses contempor&aacute;neos hacia Newton:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;La naturaleza y sus leyes estaban en la oscuridad: Dios dijo &lsquo;que sea Newton&rsquo;, y se hizo la luz&rdquo;<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Newton naci&oacute; en 1642 el d&iacute;a de Navidad, el mismo a&ntilde;o en que muri&oacute; Galileo y estall&oacute; la guerra civil entre Carlos I y el Parlamento. En 1867, public&oacute; su famoso Principia Mathematica, donde inclu&iacute;a las leyes del movimiento: ley de la inercia, ley de la proporcionalidad de la fuerza y el movimiento, ley de la igualdad de acci&oacute;n y reacci&oacute;n, de las que se derivan los principios b&aacute;sicos de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica. Tambi&eacute;n propuso y demostr&oacute; su teor&iacute;a de la gravitaci&oacute;n universal. Esta teor&iacute;a representa la ruptura definitiva con el viejo dibujo del mundo de Arist&oacute;teles y Tolomeo. En lugar de esferas celestes dirigidas por &aacute;ngeles, Newton propuso un esquema del universo que funcionaba seg&uacute;n las leyes de la mec&aacute;nica, sin la necesidad de una interpretaci&oacute;n divina, excepto, por el impulso inicial necesario para poner todo el conjunto en movimiento.<\/p>\n<p>Newton era un producto t&iacute;pico de la escuela emp&iacute;rica inglesa y prefiri&oacute; no hacer preguntas sobre el papel del Todopoderoso en su universo mec&aacute;nico. Por su parte, el establishment religioso, personificado en el Obispo Sprat, tuvo que reconocer lo inevitable y propuso un compromiso con la ciencia, igual que el acuerdo entre el rey Guillermo y el Parlamento, el compromiso dur&oacute; aproximadamente un siglo, hasta que llegaron los descubrimientos de Darwin. La necesidades del capitalismo garantizaron que se dejara en paz a la ciencia y que &eacute;sta pudiera continuar con su trabajo.<\/p>\n<p>Igual que los grandes pensadores del Renacimiento, los cient&iacute;ficos de la &eacute;poca de Newton en su mayor&iacute;a eran hombres dotados de amplia visi&oacute;n cient&iacute;fica. El propio Newton no fue s&oacute;lo astr&oacute;nomo, tambi&eacute;n fue matem&aacute;tico, &oacute;ptico, mec&aacute;nico e incluso qu&iacute;mico. Su contempor&aacute;neo y amigo, Robert Hook, no solo fue el f&iacute;sico experimental m&aacute;s grande antes de Faraday, tambi&eacute;n fue qu&iacute;mico, matem&aacute;tico, bi&oacute;logo e inventor, comparti&oacute; con Papin el honor de preparar el camino para la m&aacute;quina de vapor.<\/p>\n<h4>La invenci&oacute;n del c&aacute;lculo<\/h4>\n<p>El descubrimiento del c&aacute;lculo infinitesimal, que revolucion&oacute; las matem&aacute;ticas, fue atribuido a Newton y a Leibniz. Es posible que ambos llegaran por separado a la misma conclusi&oacute;n. Newton, en su M&eacute;todo de las fluxiones, concibe la l&iacute;nea como una &ldquo;cantidad en movimiento&rdquo; (el &ldquo;fluente&rdquo;), la velocidad por medio de la cual &ldquo;fluye&rdquo; es descrita como su fluxi&oacute;n. Newton hace referencia a un &ldquo;momento&rdquo;, de una duraci&oacute;n infinitamente peque&ntilde;a, en el cual, el fluente aumentar&aacute; en un tiempo infinitamente peque&ntilde;o. Esta idea represent&oacute; una ruptura total con el m&eacute;todo tradicional de las matem&aacute;ticas, que exclu&iacute;a completamente los conceptos infinito e infinitesimal, se supon&iacute;a que no exist&iacute;an.<\/p>\n<p>Ahora, el m&eacute;todo de Newton permit&iacute;a a los matem&aacute;ticos ocuparse por primera vez del movimiento. Newton habla de las &ldquo;matem&aacute;ticas del movimiento y el crecimiento&rdquo;. Este instrumento le permiti&oacute; formular las leyes del movimiento planetario descubiertas por Kepler como las leyes generales del movimiento y la materia.<\/p>\n<p>El descubrimiento del c&aacute;lculo infinitesimal result&oacute; fundamental para el desarrollo de la ciencia. En la medida que implicaba una contradicci&oacute;n, r&aacute;pidamente provoc&oacute; una controversia que durar&iacute;a mucho tiempo. El primer detractor del c&aacute;lculo no fue otro que el obispo Berkeley, quien rechaz&oacute; el uso de cantidades infinitesimalmente peque&ntilde;as. Para &eacute;l, el c&aacute;lculo entraba en contradicci&oacute;n con la l&oacute;gica y por lo tanto, era inaceptable. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; son estas fluxiones?&rdquo;, se preguntaba, &ldquo;Las velocidades de aumentos ef&iacute;meros. Y, &iquest;qu&eacute; son estos aumentos ef&iacute;meros? No son cantidades finitas y tampoco son cantidades infinitamente peque&ntilde;as, por lo tanto, no son nada. Quiz&aacute; podr&iacute;amos llamarles fantasmas de cantidades pasadas&rdquo;. (Citado por Hooper. Op. Cit. p. 322. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>De nuevo nos encontramos con la principal limitaci&oacute;n del m&eacute;todo de la l&oacute;gica formal. Su premisa b&aacute;sica es la supresi&oacute;n de toda contradicci&oacute;n. Pero el movimiento es una contradicci&oacute;n, es estar y no estar en el mismo lugar y al mismo tiempo. Hegel, en el primer volumen de Ciencia de la L&oacute;gica, trata en detalle el c&aacute;lculo diferencial y el integral, y demuestra que se ocupa de magnitudes en proceso de desaparici&oacute;n, no antes, cuando son magnitudes infinitas y no despu&eacute;s, cuando son nada, se trata de magnitudes que est&aacute;n y no est&aacute;n. Evidentemente estas ideas entran en contradicci&oacute;n con las leyes de la l&oacute;gica formal y l&oacute;gicamente, provocaron la indignaci&oacute;n de los l&oacute;gicos y matem&aacute;ticos ortodoxos. A pesar de los obst&aacute;culos, los nuevos matem&aacute;ticos consiguieron resultados brillantes y lograron resolver problemas que hasta ese momento no hab&iacute;an conseguido solucionar los m&eacute;todos tradicionales. Cuando Newton public&oacute; el Principia, lo tuvo que rehacer y darle la forma de la geometr&iacute;a cl&aacute;sica griega, y as&iacute; encubrir que hab&iacute;a utilizado para sus c&aacute;lculos este nuevo m&eacute;todo.<\/p>\n<p>Newton tambi&eacute;n adelant&oacute; la teor&iacute;a corpuscular de la luz, en ella dec&iacute;a que la luz se descompon&iacute;a en min&uacute;sculos corp&uacute;sculos proyectados a trav&eacute;s del espacio por los cuerpos luminosos. A principios del siglo XIX, esta teor&iacute;a se abandon&oacute; en favor de la teor&iacute;a ondulatoria de Huygen, vinculada a la idea del &ldquo;&eacute;ter&rdquo;, un hipot&eacute;tico medio sin peso e invisible, que como ocurre con la &ldquo;materia oscura&rdquo; de nuestros astr&oacute;nomos modernos, no pod&iacute;a ser detectado por nuestros sentidos, supuestamente trascend&iacute;a por el espacio y llenaba los huecos existentes entre el aire y el resto de materia.<\/p>\n<p>Esta teor&iacute;a, hasta 1900 parec&iacute;a explicar todo lo que se conoc&iacute;a sobre el fen&oacute;meno de la luz, entonces, Max Planck propuso la idea de que la luz se transmit&iacute;a en peque&ntilde;os paquetes de energ&iacute;a o &ldquo;cuantos&rdquo;. As&iacute;, se revitaliz&oacute; la antigua teor&iacute;a newtoniana de las part&iacute;culas, aunque con una gran diferencia. Se descubri&oacute; que las part&iacute;culas subat&oacute;micas se comportaban como ondas y tambi&eacute;n como part&iacute;culas. Este concepto en s&iacute; tan contradictorio e &ldquo;il&oacute;gico&rdquo;, escandaliz&oacute; a los l&oacute;gicos formales, como ocurri&oacute; en el pasado con el c&aacute;lculo diferencial e integral. Finalmente, tuvieron que aceptarla de mala gana, sencillamente, porque como ocurri&oacute; con el c&aacute;lculo, la teor&iacute;a cont&oacute; con el respaldo de los resultados pr&aacute;cticos. En cada giro decisivo vemos el mismo choque entre los avances reales de la ciencia y los obst&aacute;culos que encuentra en su camino debido a formas anticuadas del pensamiento.<\/p>\n<p>No existe duda alguna de la contribuci&oacute;n revolucionaria de Newton a la ciencia, aunque su legado tenga sus ventajas e inconvenientes. La adulaci&oacute;n acr&iacute;tica que en vida recibi&oacute; en Inglaterra, oscureci&oacute; el papel tan importante de sus contempor&aacute;neos, como Hooke, que public&oacute; su Principia siete a&ntilde;os antes, aunque sin el respaldo matem&aacute;tico necesario, o Leibniz, el fil&oacute;sofo alem&aacute;n que probablemente fue el aut&eacute;ntico descubridor del c&aacute;lculo. Algunas de las teor&iacute;as newtonianas ya fueron propuestas mucho antes por Galileo y Kepler. Su contribuci&oacute;n m&aacute;s importante fue la sistematizaci&oacute;n y resumen de los descubrimientos del per&iacute;odo anterior, darles una forma general y respaldarlos con c&aacute;lculos matem&aacute;ticos.<\/p>\n<p>El aspecto negativo de la enorme autoridad de Newton, es que permiti&oacute; el surgimiento de una nueva ortodoxia que inhibi&oacute; durante mucho tiempo el pensamiento cient&iacute;fico. &ldquo;Su capacidad era tan grande y su sistema tan perfecto que desalent&oacute; de un modo positivo el progreso cient&iacute;fico durante un siglo, o lo permiti&oacute; &uacute;nicamente en terrenos que &eacute;l no hab&iacute;a explorado&rdquo;. (J. D. Bernal. Op. Cit. p. 372). Los l&iacute;mites de la escuela empirista inglesa se resumen en su c&eacute;lebre frase: hypothesis non fingo (yo no hago hip&oacute;tesis). Esta m&aacute;xima se convertir&iacute;a en el grito de batalla del empirismo, y que no tiene nada que ver con el m&eacute;todo cient&iacute;fico actual, ni siquiera con el m&eacute;todo de Newton, por ejemplo, en el campo de la &oacute;ptica realiz&oacute; &ldquo;numerosas conjeturas como son las causas f&iacute;sicas de la &oacute;ptica y otros fen&oacute;menos, e incluso, en parte, llego a proponerlas como hechos&rdquo; (Forbes y Dijksterhaus. Op. cit. Vol. 1. P. 247. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>Los avances de la ciencia fueron enormes. Este per&iacute;odo leg&oacute; una visi&oacute;n general del mundo conservadora. La perspectiva est&aacute;tica y mec&aacute;nica domin&oacute; la mente de los hombres durante generaciones, como se&ntilde;ala Engels:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Pero lo que caracteriza en particular a ese per&iacute;odo es la elaboraci&oacute;n de una peculiar concepci&oacute;n general, cuyo punto central es la noci&oacute;n de la absoluta inmutabilidad de la naturaleza. Sea cual fuere la manera en que lleg&oacute; a existir esta &uacute;ltima, una vez existente se manten&iacute;a tal como era mientras continuase existiendo. Los planetas y los sat&eacute;lites, despu&eacute;s de ser puestos en movimiento por el misterioso &lsquo;primer impulso&rsquo;, segu&iacute;an girando en sus elipses predeterminadas para toda la eternidad, i por lo menos hasta el final de todas las cosas. Las estrellas se manten&iacute;an fijas e inm&oacute;viles para siempre en sus lugares, y unas a otras se conservaban en la eternidad, o desde el primer d&iacute;a de su creaci&oacute;n, como se quiera. Los &lsquo;cinco continentes&rsquo; de la actualidad existieron siempre, y siempre tuvieron las mismas monta&ntilde;as, valles y r&iacute;os, el mismo clima, la misma flora y fauna, salvo en los casos en que se hubiera producido cambios o transplantes por mano del hombre. Cuando nacieron, las especies de plantas y animales quedaron establecidas para siempre; lo igual produc&iacute;a continuamente lo igual, y ya era mucho para Linneo el admitir la posibilidad de que aqu&iacute; y all&aacute; hubiesen surgido nuevas especies por cruzamiento. En contraste con la historia de la humanidad, que se desarrolla en el tiempo, a la naturaleza se le asignaba s&oacute;lo un despliegue en el espacio. Se le negaba todo cambio, todo desarrollo. Las ciencias naturales, tan revolucionarias al principio, se vieron de pronto ante una naturaleza desde todo punto d vista conservadora, en la cual todo era hoy como hab&iacute;a sido al comienzo y en la que -hasta el fin del mundo, o por toda la eternidad- todo seguir&iacute;a siendo como fue antes&rdquo;. (Engels. La dial&eacute;ctica de la naturaleza. pp. 29-30).<\/p>\n<\/blockquote>\n<h4>La decadencia del empirismo<\/h4>\n<p>Mientras que el materialismo de Bacon reflejaba la esperanza, una mirada hacia delante del Renacimiento y la reforma, la filosof&iacute;a de finales del siglo XVII y principios del XVIII se form&oacute; en un clima diferente. En Inglaterra, los ricos y poderosos quedaron conmocionados durante la guerra civil y sus &ldquo;excesos&rdquo;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de quebrantar el poder de la monarqu&iacute;a absolutista, la burgues&iacute;a ya no necesitaba los servicios de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a revolucionaria y de las capas m&aacute;s bajas de la sociedad, las tropas de choque de Cromwell que hab&iacute;an comenzado a reivindicar sus propias demandas independientes, no s&oacute;lo en el terreno de la religi&oacute;n, tambi&eacute;n con relaci&oacute;n a la existencia de la propiedad privada.<\/p>\n<p>El propio Cromwell aplast&oacute; a la izquierda, representada por levellers y diggers, pero los ricos comerciantes presbiterianos de Londres no se sintieron seguros hasta despu&eacute;s de la muerte de Cromwell, ellos hab&iacute;an invitado al pr&iacute;ncipe Carlos a que regresara de Francia. El compromiso con los Estuardo no dur&oacute; mucho tiempo y la burgues&iacute;a tuvo que echar del trono a Jaime, el sucesor de Carlos. Pero esta vez no hubo llamamiento a las masas, recurrieron a los servicios del protestante holand&eacute;s Guillermo de Orange, &eacute;ste tom&oacute; posesi&oacute;n del trono ingl&eacute;s con la condici&oacute;n de que aceptara el poder del parlamento. Este acuerdo es conocido como la &ldquo;Revoluci&oacute;n Gloriosa&rdquo; (aunque no tuvo nada que ver con el nombre) y estableci&oacute; de una vez por todas el poder de la burgues&iacute;a en Inglaterra.<\/p>\n<p>La &eacute;poca estuvo caracterizada por un r&aacute;pido crecimiento del comercio y la industria, acompa&ntilde;ado de gigantescos avances en la ciencia. Sin embargo, en el reino de la filosof&iacute;a no se consiguieron grandes resultados. Estos per&iacute;odos no son conducentes a amplias generalizaciones filos&oacute;ficas. &ldquo;Los nuevos tiempos&rdquo;, escrib&iacute;a Plej&aacute;nov, &ldquo;van acompa&ntilde;ados de nuevas aspiraciones y &eacute;stas provocan la aparici&oacute;n de nuevas filosof&iacute;as&rdquo;. La &eacute;poca revolucionaria heroica hab&iacute;a pasado, la nueva clase dirigente ya no quer&iacute;a o&iacute;r hablar de este tipo de cosas.<\/p>\n<p>Incluso bautiz&oacute; la aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n que hab&iacute;a quebrantado el poder de sus enemigos, ahora se llamaba &ldquo;la gran rebeli&oacute;n&rdquo;. Los ricos se guiaban por estrechas consideraciones pr&aacute;cticas y miraban con recelo la teor&iacute;a, a pesar de todo impulsaron la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica que tuvo consecuencias pr&aacute;cticas, traducibles en libras, chelines y peniques. Este esp&iacute;ritu ego&iacute;sta impregn&oacute; todo el pensamiento filos&oacute;fico de la &eacute;poca, al menos en Inglaterra, animada s&oacute;lo por las obras sat&iacute;ricas de Swift y Sheridan.<\/p>\n<p>La nueva evoluci&oacute;n del empirismo revelaba su car&aacute;cter limitado que termin&oacute; llevando a la filosof&iacute;a anglosajona a un cul-de-sac del que todav&iacute;a no ha conseguido salir. Este aspecto negativo del &ldquo;sensacionalismo&rdquo; ya era evidente en los escritos de David Hume (1711-1776) y George Berkeley (1685- 1753). Este &uacute;ltimo fue obispo de Cloyne en Irlanda y vivi&oacute; al final de un per&iacute;odo tormentoso cuando Irlanda hab&iacute;a entrado en el torbellino de la guerra civil de Inglaterra y los subsiguientes alzamientos religiosos y din&aacute;sticos que terminaron en la &ldquo;revoluci&oacute;n gloriosa&rdquo; y la batalla de Boyne, la lucha entre un pretendiente ingl&eacute;s y otro holand&eacute;s termin&oacute; con una traici&oacute;n a los intereses del pueblo irland&eacute;s.<\/p>\n<p>Berkeley reflejaba el ambiente dominante de conservadurismo filos&oacute;fico, estaba obsesionado con la necesidad de luchar contra las que consideraba tendencias subversivas en la ciencia contempor&aacute;nea y que representaban una amenaza para la religi&oacute;n. Era un pensador astuto, aunque no original, y pronto comprendi&oacute; que era posible aprovechar el aspecto d&eacute;bil del materialismo de la &eacute;poca para transformarlo exactamente en su contrario. Esta tarea la realiz&oacute; con bastante efectividad en su obra m&aacute;s importante, Tratado sobre los principios del conocimiento humano (1734).<\/p>\n<p>Tom&oacute; como punto de partida las premisas filos&oacute;ficas de Locke e intent&oacute; demostrar que el mundo material no exist&iacute;a. La teor&iacute;a empirista del conocimiento de Locke empieza con una proposici&oacute;n evidente: &ldquo;Interpreto el mundo a trav&eacute;s de mis sentidos&rdquo;. Adem&aacute;s hay que a&ntilde;adir la tambi&eacute;n evidente proposici&oacute;n: el mundo existe independientemente de mis sentidos y las impresiones que me proporcionan mis sentidos proceden del mundo material externo a mi. Si no aceptamos esta proposici&oacute;n, entonces r&aacute;pidamente entraremos en el grotesco terreno del misticismo e idealismo subjetivo.<\/p>\n<p>Berkeley era consciente de que una posici&oacute;n materialista consistente terminar&iacute;a derrotando a la religi&oacute;n. Recelaba profundamente de la nueva ciencia porque parec&iacute;a no dejar lugar para el Creador. Newton se consideraba creyente, pero su concepci&oacute;n del universo como un vasto sistema de cuerpos en movimiento actuando de acuerdo con las leyes de la mec&aacute;nica, disgustaba profundamente al obispo. &iquest;D&oacute;nde quedaba Dios? La realidad es que Newton asign&oacute; al Todopoderoso la tarea de dar el empuj&oacute;n inicial a partir del cual todo comenz&oacute;, pero despu&eacute;s &iexcl;parece que Dios no ten&iacute;a mucho que hacer!<\/p>\n<p>Locke, como Newton, nunca renunci&oacute; a la religi&oacute;n, pero la simple declaraci&oacute;n de la existencia de Dios (de&iacute;smo), mientras que no le dejaban ning&uacute;n papel en los asuntos del hombre y la naturaleza, era s&oacute;lo una hoja de parra que ocultaba convenientemente su incredulidad. &ldquo;Al menos para el materialista, el te&iacute;smo no es sino el medio c&oacute;mo e indolente de librarse de la religi&oacute;n&rdquo;. (Marx y Engels. La sagrada familia. p. 147). Siguiendo los pasos de Newton, Locke se content&oacute; con dar por sentado la existencia de una deidad que, despu&eacute;s de dar un peque&ntilde;o empuj&oacute;n al universo, se retir&oacute; a los m&aacute;rgenes del universo para el resto de la eternidad permitiendo al hombre de ciencia continuar con su obra. Era el equivalente filos&oacute;fico de la monarqu&iacute;a constitucional establecida, mediante un compromiso, entre el parlamento y Guillermo III despu&eacute;s de Revoluci&oacute;n Gloriosa de 1688, que, a prop&oacute;sito, era el ideal pol&iacute;tico de Locke.<\/p>\n<p>El disfraz de&iacute;sta no enga&ntilde;&oacute; a Berkeley. Evidentemente hab&iacute;a un punto d&eacute;bil. &iquest;Qu&eacute; sucede si el universo no comenz&oacute; de esta forma? &iquest;Qu&eacute; sucede si siempre hab&iacute;a existido? Locke y Newton aceptaron que, siguiendo las leyes de la mec&aacute;nica elemental, el universo deber&iacute;a haber comenzado con un impulso externo. Pero tampoco se pod&iacute;a rechazar la afirmaci&oacute;n contraria, que el universo hubiera existido eternamente. Si este es el caso, la &uacute;ltima posibilidad de que el Creador tuviera un papel en el universo, habr&iacute;a desaparecido completamente. Locke tambi&eacute;n supon&iacute;a que adem&aacute;s de la materia, el universo conten&iacute;a sustancias &ldquo;inmateriales&rdquo;, mentes y almas. Pero como &eacute;l mismo confes&oacute;, esta conclusi&oacute;n no proced&iacute;a necesariamente de su sistema. El conocimiento deb&iacute;a ser s&oacute;lo otra propiedad de la materia (como es en realidad), una propiedad de la materia organizada de una forma determinada. Aqu&iacute; tambi&eacute;n se pueden ver como de sus premisas materialistas aparecen las concesiones de Locke a la religi&oacute;n, como si hubieran aparecido por casualidad.<\/p>\n<p>La filosof&iacute;a de Berkeley, y la de Hume, es la expresi&oacute;n de una reacci&oacute;n contra el per&iacute;odo anterior, un per&iacute;odo tormentoso y revolucionario, en su mente identificado con el materialismo, la ra&iacute;z del ate&iacute;smo. Berkeley, conscientemente, se dispuso a erradicar el materialismo de una vez por todas y para ello estaba dispuesto a utilizar los medios m&aacute;s radicales, por ejemplo, negando la existencia de la propia materia. Empez&oacute; con la afirmaci&oacute;n incuestionable, &ldquo;interpreto el mundo a trav&eacute;s de mis sentidos&rdquo;, a partir de aqu&iacute;, llega a la conclusi&oacute;n de que el mundo s&oacute;lo existe cuando lo percibo, esse est percipi, (Ser es ser percibido).<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Si digo que la mesa en la que estoy escribiendo existe, eso significa que yo la veo y la siento; y si yo estuviera fuera de mi estudio podr&iacute;a afirmar su existencia en el sentido de que si estuviera en mi estudio la podr&iacute;a percibir o que cualquier otro esp&iacute;ritu la est&aacute; percibiendo en este momento.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; son los objetos arriba mencionados sino cosas que percibimos a trav&eacute;s de los sentidos? &iquest;Y qu&eacute; percibimos adem&aacute;s de nuestras propias ideas o sensaciones? Y, francamente, no resulta repugnante que cualquiera de estas cosas o combinaci&oacute;n de ellas, existan sin ser percibidas?&rdquo; (Berkeley. Tratado sobre los principios del conocimiento humano. pp. 66- 67. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Aqu&iacute; es donde el empirismo, materialismo inconsistente, nos consigue llevar a su l&oacute;gica o m&aacute;s bien, a sus conclusiones il&oacute;gicas. El mundo no puede existir si no lo observo. Esto es lo que quiere decir exactamente Berkeley. En realidad considera extra&ntilde;o a todo aquel que opine de otra forma. &ldquo;Resulta extra&ntilde;o que la opini&oacute;n dominante entre los hombres sea que las casas, las monta&ntilde;as, los r&iacute;os y en una palabra todos los objetos sensibles, tengan una existencia natural o real distinta del ser que percibe el entendimiento&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 66). La duda surge en que convierte al mundo en real por el simple hecho de percibirlo. Berkeley responde: &ldquo;El perceptor o ser activo es lo que llamo MENTE, ESPIRITU, ALMA o YO MISMO&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 65).<\/p>\n<p>Todo es claro y di&aacute;fano. Estamos ante la doctrina del idealismo subjetivo, sin tener que recurrir a &ldquo;si&rdquo; o &ldquo;pero&rdquo;. Los fil&oacute;sofos modernos de las diferentes escuelas del positivismo l&oacute;gico siguen la misma l&iacute;nea, aunque carecen del estilo y honestidad de Berkeley. La consecuencia de este m&eacute;todo de pensamiento es un misticismo extremo y la irracionalidad. En &uacute;ltima instancia, defiende la noci&oacute;n de que s&oacute;lo yo existo y el mundo s&oacute;lo existe en la medida que yo estoy para observarlo. Si salgo de la habitaci&oacute;n entonces &eacute;sta deja de existir. &iquest;C&oacute;mo trat&oacute; Berkeley este inconveniente? F&aacute;cilmente. Habr&iacute;a objetos que mi mente no percibe, pero s&iacute; son percibidos por la &ldquo;mente c&oacute;smica&rdquo; de Dios y por lo tanto existen. De esta forma, el Todopoderoso, hasta entonces reducido a una existencia precaria en los m&aacute;rgenes de un universo mec&aacute;nico, ahora regresaba a un mundo completamente libre de materia. As&iacute;, Berkeley cre&iacute;a haber conseguido &ldquo;un triunfo f&aacute;cil y total sobre todas las miserables sectas de ate&iacute;stas&rdquo;.<\/p>\n<p>En t&eacute;rminos puramente filos&oacute;ficos, la filosof&iacute;a de Berkeley est&aacute; abierta a muchas objeciones. En primer lugar, su cr&iacute;tica principal de Locke era que duplicaba el mundo, es decir, supon&iacute;a que detr&aacute;s de las percepciones sensoriales que, de acuerdo con el empirismo, son las &uacute;nicas cosas que podemos conocer, exist&iacute;a un mundo externo de cosas materiales. Para acabar con esta dualidad, Berkeley sencillamente neg&oacute; la existencia del mundo objetivo. Pero esta negaci&oacute;n en absoluto resuelve el problema. Nosotros, percibimos algo a parte de nuestras percepciones sensoriales. La &uacute;nica diferencia es que este &ldquo;algo&rdquo; no es el mundo real y material, para Berkeley es el mundo inmaterial de los esp&iacute;ritus creado por la &ldquo;mente c&oacute;smica&rdquo; de Dios. En otras palabras, tomando nuestras percepciones sensoriales como algo independiente, separadas y aparte del mundo material objetivo que existe fuera de nosotros, r&aacute;pidamente entramos en el reino del espiritualismo, la peor clase de misticismo.<\/p>\n<p>Los argumentos de Berkeley s&oacute;lo tienen cierto grado de consistencia si aceptamos su premisa inicial, s&oacute;lo podemos conocer las impresiones sensoriales pero nunca el mundo real que existe fuera de nosotros. Esta idea la plantea de una forma dogm&aacute;tica al principio y lo dem&aacute;s, deriva de esta primera proposici&oacute;n. En otras palabras, presupone que debemos demostrar que nuestras sensaciones e ideas no son el reflejo del mundo externo a nosotros. Las sensaciones y las ideas no son una propiedad de la materia pensante, de un cerebro y sistema nervioso humanos, que se pueden investigar y comprender cient&iacute;ficamente, en su lugar, son cosas misteriosas pertenecientes al mundo de los esp&iacute;ritus y emanan de la mente de Dios. No nos sirven para conectar con el mundo, en realidad son una barrera impenetrable, m&aacute;s all&aacute; de ella no podemos conocer con certeza nada.<\/p>\n<p>Berkeley llev&oacute; los argumentos del empirismo al limite y consigui&oacute; convertirlos en su contrario. Engels se&ntilde;ala que Bacon en su historia natural incluso describe formas para convertir las cosas en oro. &ldquo;De la misma manera, en su vejez Isaac Newton se afan&oacute; por exponer la Revelaci&oacute;n de San Juan. De manera que no debe sorprender que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el empirismo ingl&eacute;s en la persona de algunos de sus representantes \u2015y no los peores\u2015, parezca haber ca&iacute;do v&iacute;ctima, sin remedio, de la invocaci&oacute;n y visi&oacute;n de esp&iacute;ritus, importadas de Norteam&eacute;rica&rdquo;. (Engels. La dial&eacute;ctica de la naturaleza. p. 49).<\/p>\n<p>Como podremos ver la propensi&oacute;n al pensamiento m&iacute;stico no ha desaparecido, sino m&aacute;s bien parece aumentar en proporci&oacute;n geom&eacute;trica a los avances de la ciencia. Este es el a pagar por la actitud arrogante de los cient&iacute;ficos que imaginan, equivocadamente, que pueden trabajar actuar sin principios filos&oacute;ficos. Expulsada por la puerta principal, la filosof&iacute;a, inmediatamente, vuelve a entrar por ventana e invariablemente vuelve con su forma m&aacute;s m&iacute;stica y retr&oacute;grada.<\/p>\n<p>En &uacute;ltima instancia, todas las ideas proceden de este mundo material objetivo, que seg&uacute;n Berkeley no existe, y al final, su validez o no, viene determinada por la pr&aacute;ctica, a trav&eacute;s de la experimentaci&oacute;n, de m&uacute;ltiples observaciones y sobre todo, de la actividad pr&aacute;ctica del ser humano en la sociedad. Berkeley vivi&oacute; en una &eacute;poca en que la ciencia consigui&oacute;, con gran &eacute;xito, liberarse del abrazo mortal de la religi&oacute;n y por lo tanto, pudo dar grandes pasos adelante. &iquest;C&oacute;mo se adaptaron las ideas de Berkeley a la situaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo explican las ideas de Berkeley el mundo material? &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n guardan con los descubrimientos de Galileo, Newton y Boyle? Por ejemplo, seg&uacute;n Berkeley, la teor&iacute;a corpuscular de la materia es incorrecta.<\/p>\n<p>Berkeley rechaz&oacute; la teor&iacute;a gravitatoria de Newton porque &eacute;sta intentaba explicar las cosas mediante &ldquo;causas corp&oacute;reas&rdquo;. Aunque el sol y la luna, seres materiales, tienen masa, la &uacute;nica fuerza gravitatoria que pueden ejercer est&aacute; s&oacute;lo en mi imaginaci&oacute;n. Tambi&eacute;n desaprob&oacute; el descubrimiento matem&aacute;tico m&aacute;s importante, el c&aacute;lculo diferencial e integral, si &eacute;l habr&iacute;an sido imposibles los logros conseguidos por la ciencia moderna. Pero no importa, porque el concepto de divisibilidad infinita del &ldquo;espacio real&rdquo; va en contra de los postulados b&aacute;sicos de su filosof&iacute;a, y por eso se opuso a ella. Despu&eacute;s de oponerse a los principales descubrimientos cient&iacute;ficos de su &eacute;poca, Berkeley termin&oacute; sus d&iacute;as ensalzando las propiedades del agua de brea como un elixir para curar todas las enfermedades. Uno se podr&iacute;a justificar pensando esta filosof&iacute;a exc&eacute;ntrica se desvanecer&iacute;a sin dejar rastro. Pero las ideas del obispo Berkeley continuaron ejerciendo una extra&ntilde;a fascinaci&oacute;n sobre los fil&oacute;sofos burgueses, incluso hoy en d&iacute;a, son el origen y la base de la teor&iacute;a del conocimiento (&ldquo;epistemolog&iacute;a&rdquo;) del positivismo l&oacute;gico y la filosof&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica.<\/p>\n<p>Lenin trat&oacute; este tema brillantemente en su libro Materialismo y empirocriticismo, al que volveremos m&aacute;s tarde. Por incre&iacute;ble que parezca, esta filosof&iacute;a profundamente irracional y anticient&iacute;fica, ha impregnado el pensamiento de muchos cient&iacute;ficos, por medio del positivismo l&oacute;gico y con diferentes apariencias. En la &eacute;poca de Berkeley sus ideas no encontraron mucho eco. Hubo que esperar a un clima intelectual como el actual, contradictorio y donde los avances m&aacute;s impresionantes del pensamiento humano conviven con los retrocesos culturales m&aacute;s primitivos.<\/p>\n<p>Como se&ntilde;ala G. J. Warnock en su introducci&oacute;n a Los principios del conocimiento humano, la filosof&iacute;a de Berkeley &ldquo;hoy en d&iacute;a, ha conseguido, en general, m&aacute;s apoyo que antes (&#8230;) Hoy algunos f&iacute;sicos, se inclinan por mantener lo que &eacute;l defendi&oacute;, y defienden que en la teor&iacute;a f&iacute;sica no tiene importancia la verdad basada en los hechos, lo que importa es la conveniencia predecible y matem&aacute;tica&rdquo;. (G. J. Warnock. Introducci&oacute;n a Los principios del conocimiento humano, p. 25. En la edici&oacute;n inglesa). El fil&oacute;sofo y cient&iacute;fico idealista,<\/p>\n<p>Eddington dijo que &ldquo;tenemos derecho a creer que hay, por ejemplo, colores vistos por otras personas, pero no por nosotros, dolores de muelas sentidos por otras personas, placeres gozados y penas soportadas por otras personas, y as&iacute; sucesivamente, pero que no tenemos derecho a inferir acontecimientos no experimentados por nadie y que no forman parte de ninguna mente&rdquo;. (Russell. Op. cit. p. 274). Los positivistas l&oacute;gicos como A. J. Ayer, aceptan la idea de que s&oacute;lo podemos conocer los &ldquo;contenidos sensoriales&rdquo; y por lo tanto, cuestiones como la existencia del mundo material &ldquo;carecen de sentido&rdquo; y as&iacute; sucesivamente. &iexcl;El viejo Berkeley se debe estar riendo en su tumba!<\/p>\n<p>El valor de cualquier teor&iacute;a o hip&oacute;tesis, en &uacute;ltima instancia, viene  determinado por su capacidad de ser aplicada con &eacute;xito en la realidad, si es capaz de incrementar nuestros conocimientos del mundo y el control sobre nuestras vidas. Una hip&oacute;tesis que no re&uacute;na ninguna de estas caracter&iacute;sticas no vale para nada, es producto de la especulaci&oacute;n fr&iacute;vola, igual que las discusiones que ten&iacute;an los escol&aacute;sticos medievales sobre cuantos &aacute;ngeles pod&iacute;an bailar sobre la cabeza de un alfiler. En las universidades se ha malgastado una cantidad de tiempo colosal en debates interminables sobre esta clase de cosas. Incluso Bertrand Russell admite que una teor&iacute;a como la de Berkeley, &ldquo;nos prohibir&iacute;a hablar de nada que no hubi&eacute;ramos advertido de modo expl&iacute;cito. Si es as&iacute;, es este un criterio que nadie puede sostener en la pr&aacute;ctica, lo cual es un defecto en una teor&iacute;a defendida bas&aacute;ndose en motivos pr&aacute;cticos&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 275).<\/p>\n<p>Aunque en la pr&oacute;xima frase se siente obligado a a&ntilde;adir que &ldquo;toda la cuesti&oacute;n de la comprobaci&oacute;n y su relaci&oacute;n con el conocimiento, es dif&iacute;cil y compleja; por lo tanto, la dejar&eacute; a un lado por ahora&rdquo;. (Ib&iacute;d.). Estas cuestiones son s&oacute;lo &ldquo;complejas y dif&iacute;ciles&rdquo; para alguien que acepte la premisa de que s&oacute;lo podemos disponer de datos sensoriales, separados y apartados del mundo material.<\/p>\n<p>Como este es el punto de partida para un gran n&uacute;mero de fil&oacute;sofos modernos, no importa las vueltas que den, porque no pueden salir de la trampa creada por el obispo Berkeley.<\/p>\n<h4>El final del camino<\/h4>\n<p>La filosof&iacute;a del empirismo inici&oacute; su vida con grandes expectativas y al final lleg&oacute; a un punto muerto con Dave Hume (1711-76). Hume fue un tory que sigui&oacute; fielmente la senda de Berkeley aunque con algo m&aacute;s de cautela. Su trabajo m&aacute;s famoso es El tratado de la naturaleza humana, publicado en 1739 en Francia donde fue un fracaso. Para Hume la realidad es s&oacute;lo una serie de impresiones, el porqu&eacute; es desconocido y no se puede conocer. Se ocup&oacute; de la existencia o no existencia del mundo que para &eacute;l era un problema indescifrable, fue uno de los primeros fil&oacute;sofos en traducir su ignorancia al griego y llamarla agnosticismo. En esencia esta filosof&iacute;a representa el regreso a las ideas de los esc&eacute;pticos griegos quienes defend&iacute;an que el mundo es incognoscible.<\/p>\n<p>Su principal objetivo se puede encontrar en la secci&oacute;n de su obra titulada Del conocimiento y la probabilidad. Tampoco en esto fue original, simplemente desarroll&oacute; una idea ya presente en Berkeley, la no existencia de la causalidad.<\/p>\n<p>Argumentando contra los descubrimientos de la reci&eacute;n desarrollada ciencia de la mec&aacute;nica, intent&oacute; demostrar que la causalidad mec&aacute;nica no exist&iacute;a, que no se puede decir que un hecho concreto sea la causa de otro, porque s&oacute;lo se trata de un encadenamiento de sucesos. Por ejemplo, si hervimos agua a cien grados cent&iacute;grados, no podemos decir que el agua hierve a causa de haber alcanzado esta temperatura, en su lugar debemos decir que el agua hirvi&oacute; despu&eacute;s de calentarla. O si un hombre es atropellado por un cami&oacute;n, tampoco podemos afirmar que su muerte est&eacute; provocada por esta acci&oacute;n, lo correcto es decir que s&oacute;lo sucedi&oacute; en el mismo momento.<\/p>\n<p>&iquest;No resulta incre&iacute;ble? Pero es el resultado inevitable de la aplicaci&oacute;n estricta de esta clase de empirismo que nos exige atenernos a &ldquo;los hechos y nada m&aacute;s que los hechos&rdquo;. Lo &uacute;nico que debemos decir es que un suceso sigue a otro.<\/p>\n<p>No tenemos derecho a afirmar que una cosa es la causa de otra, porque ser&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; de lo que registran nuestros ojos y o&iacute;dos en un momento determinado. Todo esto nos trae a la mente el consejo del viejo Her&aacute;clito: &ldquo;Los ojos y los o&iacute;dos son malos testigos para los hombres que tienen almas incapaces de comprender su lenguaje&rdquo;.<\/p>\n<p>Una vez m&aacute;s resulta asombroso observar que a pesar de las maravillosas ideas filos&oacute;ficas desarrolladas durante los dos &uacute;ltimos siglos, los fil&oacute;sofos y cient&iacute;ficos modernos hayan elegido como punto de partida e inspiraci&oacute;n precisamente los escritos de Hume. Se ha aprovechado de una forma entusiasta su negaci&oacute;n de la causalidad y ha servido de apoyo ideol&oacute;gico para que cient&iacute;ficos como Heisenberg y otros llegaran a conclusiones filos&oacute;ficas incorrectas en mec&aacute;nica cu&aacute;ntica. De esto hablaremos m&aacute;s tarde. En esencia, Hume afirma que cuando decimos que &ldquo;A&rdquo; causa &ldquo;B&rdquo;, s&oacute;lo queremos decir que estos dos hechos ya se han presentado unidos en muchas ocasiones en el pasado y por lo tanto creemos que se volver&aacute; a repetir en el futuro. Esta afirmaci&oacute;n no es una certeza sino una creencia. No es una necesidad sino un probabilidad. As&iacute; que &ldquo;la necesidad es algo que existe en la mente, pero no en los objetos&rdquo;.<\/p>\n<p>Ante todo, negar la causalidad conduce a la negaci&oacute;n en general del pensamiento cient&iacute;fico y racional. Toda la base y &ldquo;raz&oacute;n de ser&rdquo; de la ciencia es el intento de dar una explicaci&oacute;n racional a lo fen&oacute;menos observados en la naturaleza. A partir de la observaci&oacute;n de una gran n&uacute;mero de hechos extraemos conclusiones generales, que si son lo suficientemente examinadas y demuestran tener una aplicaci&oacute;n amplia, entonces adquieren la condici&oacute;n de leyes cient&iacute;ficas. Por supuesto estas leyes reflejan en que situaci&oacute;n se encuentra nuestro conocimiento en una etapa determinada del desarrollo humano, y por consiguiente, posteriormente son sobrepasadas por otras teor&iacute;as e hip&oacute;tesis que explican mejor de los fen&oacute;menos. En este proceso poco a poco llegamos a adquirir una comprensi&oacute;n m&aacute;s profunda, tanto de la naturaleza como de nosotros mismos. Este proceso es tan ilimitado como la propia naturaleza. Por eso la b&uacute;squeda de la verdad absoluta que capaz de explicar todo o por utilizar una expresi&oacute;n de moda, una Gran Teor&iacute;a Universal (GTU), es tan &uacute;til como la b&uacute;squeda de la piedra filosofal.<\/p>\n<p>Que una generalizaci&oacute;n concreta en un momento dado pueda ser falsificada, no nos autoriza a prescindir totalmente de las generalizaciones. Ni eso significa la renuncia a la b&uacute;squeda de la verdad objetiva o el refugio en actitudes esc&eacute;pticas, como las de Hume, que debido a su total y completa irrelevancia para nuestra pr&aacute;ctica actual, sea en la ciencia como en nuestra vida cotidiana, s&oacute;lo es una postura pretenciosa como la de aquellos que niegan la existencia del mundo material pero se olvidan abstenerse de beber y comer, y que mientras sostienen con firmeza la no existencia de la causalidad, tienen bastante cuidado en evitar los inoportunos encuentros f&iacute;sicos con los camiones.<\/p>\n<p>Todas las leyes naturales se basan en la causalidad. Las mareas oce&aacute;nicas est&aacute;n provocadas por la influencia gravitatoria del sol y la luna. La divisi&oacute;n del &aacute;tomo es el origen de la explosi&oacute;n nuclear, la privaci&oacute;n de comida y bebida durante un mucho tiempo provoca la muerte por inanici&oacute;n. La existencia de la causalidad es tan cierta como todo lo que existe en este pecaminoso mundo material nuestro. Pero para los disc&iacute;pulos de Hume no estaba tan claro. Al aceptar esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n, todo predicci&oacute;n futura se vuelve irracional porque siempre existe la posibilidad de que las cosas se presenten de una forma diferente. Bertrand Russel explica: &ldquo;Quiero decir que, tomando incluso nuestras esperanzas m&aacute;s firmes, tales como la de que el sol saldr&aacute; ma&ntilde;ana, no hay ni una pizca de raz&oacute;n para suponer que es m&aacute;s veros&iacute;mil que se produzcan, que no&rdquo;. (Op. cit. p. 285). M&aacute;s adelante dice: &ldquo;Por ejemplo: cundo (para repetir un ejemplo anterior) veo una manzana, la experiencia pasada me hace esperar que sabr&aacute; como una manzana y no como carne asada. Pero no hay ninguna justificaci&oacute;n racional para esta esperanza&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 287).<\/p>\n<p>De acuerdo con Hume no podemos conocer nada y por lo tanto concluye: &ldquo;todos nuestros razonamientos relacionados con las causas y efectos s&oacute;lo puede proceder de la costumbre; y la fe es m&aacute;s un acto propio de lo sensitivo que de la parte cognitiva de nuestra naturaleza&rdquo; (Hume, Book 1, part. 3, sect. 4. En la edici&oacute;n inglesa). En otras palabras, se abandona el conocimiento en favor de la fe.<\/p>\n<p>Habr&iacute;a que tener en cuenta que la intenci&oacute;n declarada de todo esto es eliminar la metaf&iacute;sica del pensamiento, que de esta forma se limitar&iacute;a a una enumeraci&oacute;n desnuda y cient&iacute;fica de los &ldquo;hechos&rdquo;. Alg&uacute;n ingenuo defini&oacute; en una ocasi&oacute;n la metaf&iacute;sica como &ldquo;un hombre ciego en una habitaci&oacute;n oscura buscando un sombrero negro que no est&aacute; all&iacute;&rdquo;. Esta frase describe acertadamente la dubitativa metaf&iacute;sica de aquellos que al negar la causalidad abren la puerta a la irracionalidad. Con Hume la filosof&iacute;a emp&iacute;rica completa el c&iacute;rculo. Como observa correctamente Russell:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;El &uacute;nico resultado de la investigaci&oacute;n de Hume de lo que pasa por conocimiento, no es el que debemos suponer que hubiera deseado. El subt&iacute;tulo de su libro es: &lsquo;Un intento de introducir el m&eacute;todo experimental de razonamiento en las cuestiones morales&rsquo;. Es evidente que empez&oacute; con una creencia de que el m&eacute;todo cient&iacute;fico produce la verdad, toda la verdad y nada m&aacute;s que la verdad; termin&oacute;, sin embargo, con la convicci&oacute;n de que la creencia no es nunca racional, puesto que no sabemos nada. Despu&eacute;s de exponer los argumentos para el escepticismo (lib. I, parte IV, sec. 1), contin&uacute;a, no refutando los argumentos, sino recurriendo a la credibilidad natural&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 288)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Se puede tener la tentaci&oacute;n de preguntar cu&aacute;l es el valor pr&aacute;ctico de esta filosof&iacute;a. Es evidente que la respuesta no puede venir de Hume, que comenta la mayor frivolidad y con cierto matiz de cinismo: &ldquo;&rsquo;Esta duda esc&eacute;ptica, con respecto a la raz&oacute;n y a los sentidos, es una enfermedad que nunca puede curarse radicalmente, sino que ha de recaer sobre nosotros en cada momento, por m&aacute;s que la expulsemos y parezca a veces que estamos enteramente libre de ella&#8230; La despreocupaci&oacute;n y la distracci&oacute;n es lo &uacute;nico que puede proporcionarnos alg&uacute;n remedio. Por esta raz&oacute;n, me conf&iacute;o completamente a ellas; y doy por sentado, cualquiera que sea la opini&oacute;n del lector en este momento, que de aqu&iacute; a una hora estar&aacute; persuadido de que existen el mundo exterior y el interior&rsquo;&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 289). Esta no es una verdadera filosof&iacute;a, es s&oacute;lo metaf&iacute;sica muerta. No nos dice nada sobre el mundo y no conduce a ninguna parte. Como lo que se puede esperar del hombre que piensa que no existe raz&oacute;n para el estudio de la filosof&iacute;a excepto como una forma de pasar el tiempo. En realidad, evidentemente no existe raz&oacute;n alguna para estudiar la filosof&iacute;a de Hume, excepto como una forma est&uacute;pida de pasar el tiempo.<\/p>\n<p>Algo en lo que podemos estar de acuerdo con Bertrand Russell, es que la filosof&iacute;a de Hume representa &ldquo;la bancarrota de la racionalidad del siglo XVIII&rdquo;. Las ideas de Hume, como las de Berkeley, representan un giro hacia el idealismo subjetivo. Es el empirismo al rev&eacute;s. Del punto de partida que todo se aprende a trav&eacute;s de la experiencia, ahora llegamos a la conclusi&oacute;n de que nada se puede aprender a trav&eacute;s de la experiencia y la observaci&oacute;n. Es la ant&iacute;tesis del esp&iacute;ritu cient&iacute;fico progresista con el que se inici&oacute; el per&iacute;odo. De estas ideas no se puede obtener nada positivo. Por lo tanto, dejemos a aquellos que no pueden estar seguros de que el sol saldr&aacute; ma&ntilde;ana en la oscuridad en la que se encuentran, donde puedan encontrar alg&uacute;n consuelo a sus dificultades y a la espera del d&iacute;a en que coman una manzana con sabor a carne asada.<\/p>\n<h4>El nacimiento del materialismo franc&eacute;s<\/h4>\n<p>Desde ese momento qued&oacute; bloqueado el camino para un nuevo avance de la filosof&iacute;a en Gran Breta&ntilde;a, aunque con la Ilustraci&oacute;n francesa consigui&oacute; dar un impulso poderoso. La diferencia entre el empirismo ingl&eacute;s y el materialismo franc&eacute;s algunas veces se atribuye a la diferencia del temperamento nacional. Por ejemplo:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Llevar el empirismo de Locke hasta su &uacute;ltimas consecuencias, hasta el sensualismo y el materialismo, fue la tarea que asumieron los franceses. Aunque el punto de partida son los principios ingleses, entre &eacute;stos el empirismo no pod&iacute;a alcanzar la forma extrema que adquiri&oacute; entre los franceses que implicaba la destrucci&oacute;n total de todas las bases de la vida religiosa y moral. Esta &uacute;ltima consecuencia no resultaba agradable para el car&aacute;cter nacional de los ingleses&rdquo;. (Schwegler, op. Cit. P. 184).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>La existencia de diferentes temperamentos nacionales y tradiciones sin duda juega un papel importante, como Marx y Engels se&ntilde;alaron en La Sagrada Familia: &ldquo;La diferencia entre el materialismo franc&eacute;s y el materialismo ingl&eacute;s es la diferencia que existe entre ambas nacionalidades. Los franceses dan al materialismo ingl&eacute;s el espirit, la carne y los huesos, la elocuencia. Le dotan del temperamento que le faltaba y de la gracia. Lo civilizan&rdquo;. (Op. cit. p. 147).<\/p>\n<p>Sin embargo, para explicar los grandes movimientos hist&oacute;ricos no basta s&oacute;lo con apelar a las caracter&iacute;sticas nacionales. El car&aacute;cter del ingl&eacute;s y el franc&eacute;s tambi&eacute;n eran diferentes cien a&ntilde;os antes, sin la existencia de Hume o Voltaire, ambos fueron producto de su propio tiempo o, para ser m&aacute;s exactos, producto de una concatenaci&oacute;n de circunstancias sociales, econ&oacute;micas y culturales concretas. La filosof&iacute;a de Berkeley y Hume emerge en un per&iacute;odo en el que la burgues&iacute;a ya hab&iacute;a triunfado e intentaba poner freno a la revoluci&oacute;n.<\/p>\n<p>Concordet, Diderot y Voltaire pertenecen a un per&iacute;odo completamente diferente, un per&iacute;odo de fermento social e intelectual que llev&oacute; a la revoluci&oacute;n de 1789-93. En cierto sentido la lucha de los &ldquo;fil&oacute;sofos&rdquo; contra la religi&oacute;n y la ortodoxia sirvi&oacute; de preparaci&oacute;n para la toma de la Bastilla. Antes de derrocar el antiguo orden era necesario, en primer lugar, desterrarlo de las mentes de hombres y mujeres.<\/p>\n<p>En su excelente ensayo sobre Holbach y Helvitius, Plej&aacute;nov dice lo siguiente sobre la filosof&iacute;a francesa del siglo XVIII:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;La filosof&iacute;a materialista del siglo XVIII era una filosof&iacute;a revolucionaria. Era sencillamente la expresi&oacute;n ideol&oacute;gica de la lucha de la burgues&iacute;a revolucionaria contra el clero, la nobleza y la monarqu&iacute;a absolutista. En su lucha contra un sistema obsoleto, la burgues&iacute;a no pod&iacute;a respetar una visi&oacute;n del mundo que era inherente al pasado y santificaba ese despreciable sistema. &lsquo;A tiempos diferentes, circunstancias diferentes y una filosof&iacute;a diferente&rsquo;, se&ntilde;ala Diderot brillantemente en su art&iacute;culo sobre Hobbes en la Enciclopedia&rdquo;. (Pl&eacute;janov. Selected Philosophical Works. Vol 2. p. 45. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Las ideas de Locke tuvieron gran impacto sobre Abbe de Condillac (1715- 80). Condillac aceptaba, como Locke, que el conocimiento proviene de los sentidos, pero fue m&aacute;s all&aacute; al decir que todos los procesos mentales, incluida la voluntad, s&oacute;lo son sensaciones modificadas. Realmente, nunca neg&oacute; la existencia de Dios pero s&oacute;lo defend&iacute;a la existencia de la materia. Una conclusi&oacute;n extraordinaria por parte de alguien que era cura. Otro disc&iacute;pulo de Locke fue Claude Adrien Helvetius (1715-71), de quien Marx dijo que con &eacute;l &ldquo;el materialismo adquiri&oacute; un car&aacute;cter verdaderamente franc&eacute;s&rdquo;. Helvetius fue tan sincero que incluso desconcert&oacute; a sus seguidores materialistas y fueron incapaces de seguirlo en todas sus audaces conclusiones.<\/p>\n<p>Baron Holbach (1723-89), aunque alem&aacute;n, pas&oacute; la mayor parte de su vida en Francia donde jug&oacute; un papel importante en el movimiento materialista. Al igual que Helvetius sufri&oacute; la persecuci&oacute;n de la Iglesia y su libro Le Systeme de la Nature fue quemado en p&uacute;blico por orden del parlamento del Par&iacute;s. Un materialista decidido, Holbach atac&oacute; la religi&oacute;n y el idealismo, especialmente las ideas de Berkeley. Locke ya cre&iacute;a posible que la materia pudiera tener la facultad de pensar y Holbach estaba de acuerdo, pero a diferencia de Locke estaba dispuesto para extraer todas las conclusiones y lanz&oacute; por la venta a la religi&oacute;n y la Iglesia.<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Si consultamos la experiencia, veremos que son ilusiones y opiniones religiosas que buscan la verdadera fuente de la hueste de demonios que la humanidad ve en todas partes, la ignorancia de las causas naturales ha llevado a la creaci&oacute;n de dioses; el enga&ntilde;o ha convertido a los &uacute;ltimos en algo terrible; el concepto de amargura de ellos ha perseguido al hombre sin hacerle algo mejor, le ha hecho estremecerse en vano, ha llenado su mente de quimeras, le ha opuesto al progreso de la raz&oacute;n e impedido la b&uacute;squeda de la felicidad. Estos temores le han convertido en esclavo de aquellos que le han enga&ntilde;ado con el pretexto de cuidar a sus dioses o cerrar sus grilletes, le presionaba esa estupidez, la renuncia a la raz&oacute;n, el letargo espiritual y la degradaci&oacute;n del alma eran los mejores medios de conseguir la felicidad eterna&rdquo;. (Citado por Plejanov. Op. cit. p. 72).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>La Mettrie (1709-51) fue a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; al reconocer que todas las formas de vida, vegetales y animales (incluido el hombre), consist&iacute;an en materia organizada de diferentes maneras. Sus principales trabajos fueron el famoso L&rsquo;Homme Machine (El hombre m&aacute;quina) y Le systeme d&rsquo;Epicure (El sistema de Epicuro). La Mettrie fue en parte seguidor de Descartes, quien dijo que los animales eran m&aacute;quinas en la medida que no pod&iacute;an pensar. La Mettrie aplic&oacute; esto literalmente y dijo que el hombre tambi&eacute;n deb&iacute;a ser una m&aacute;quina porque no exist&iacute;a una diferencia cualitativa entre el hombre y los animales. Esta idea es un reflejo de la influencia que la mec&aacute;nica ten&iacute;a en el pensamiento cient&iacute;fico de la &eacute;poca.<\/p>\n<p>La intenci&oacute;n de La Mettrie era combatir la idea de que el hombre era una creaci&oacute;n especial de Dios, como algo completamente al margen de la naturaleza debido al privilegio especial que supon&iacute;a tener un alma inmortal. Esta idea ya fue planteada por el materialista y cient&iacute;fico ingl&eacute;s Joseph Prietsley hoy en d&iacute;a recordado principalmente por ser el descubridor del ox&iacute;geno.<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;El poder de corte en una navaja depende de cierta cohesi&oacute;n de sus partes constituyentes. Supongamos que esta navaja se disuelve completamente en un l&iacute;quido &aacute;cido, entonces perder&aacute; su capacidad de corte o dejar&aacute; de existir, sin embargo, en el proceso no se ha eliminado ninguna part&iacute;cula constituyente de la navaja y se puede recuperar su antigua forma, su capacidad de corte, etc., si se precipita el metal. De esta forma cuando el cuerpo se disuelve a causa de la putrefacci&oacute;n, cesa completamente su poder pensante&rdquo;. (Citado por Plejanov. Op. cit. p. 82. Nota al pie de p&aacute;gina. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>La Mettrie consideraba el pensamiento una de las propiedades de la materia:<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Creo que el pensamiento es tan compatible con la materia organizada que parece ser una propiedad de esta &uacute;ltima, igual que la electricidad, la facultad de movimiento, la impenetrabilidad, la extensi&oacute;n, etc.,&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 333)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>A partir del materialismo radical y el racionalismo de la Ilustraci&oacute;n, era f&aacute;cil extraer conclusiones revolucionarias y esto es lo que hizo Voltaire (1694-1778), aunque realmente no era un fil&oacute;sofo, jug&oacute; un papel prominente en este movimiento, como escritor, historiador y propagandista. Fue arrestado en dos ocasiones por sus s&aacute;tiras pol&iacute;ticas y pas&oacute; la mayor parte de su vida fuera de Francia. La contribuci&oacute;n m&aacute;s grande Voltaire fue su colaboraci&oacute;n con Diderot en la gran Enciclopedia (1751-80), una ambiciosa empresa que resum&iacute;a todo el conocimiento cient&iacute;fico de la &eacute;poca. Rousseau, Voltaire, Holbach, Helvetius y otros fil&oacute;sofos materialistas y progresistas, se unieron para elaborar un trabajo militante dirigido contra la base del orden social existente, contra su filosof&iacute;a y moralidad.<\/p>\n<p>Si se comparan con los escritos de los materialistas franceses, las opiniones filos&oacute;ficas de Jean Jacques Rousseau representan un paso atr&aacute;s. Sin embargo, en el terreno de la cr&iacute;tica social elabor&oacute; varias obras maestras, Engels alaba especialmente su obra: Los or&iacute;genes de la desigualdad entre los hombres.<\/p>\n<p>Rousseau no es realmente un fil&oacute;sofo en el sentido estricto de la palabra y por lo tanto, no trataremos aqu&iacute; sus ideas. En general, estos escritores prepararon el terreno para la revoluci&oacute;n burguesa de 1789-93. Sus denuncias feroces iban dirigidas contra los males del feudalismo y la Iglesia. El ideal para la mayor&iacute;a de estos pensadores era la monarqu&iacute;a constitucional. Sin embargo, m&aacute;s tarde el pueblo empez&oacute; a sacar conclusiones comunistas y socialistas de sus escritos.<\/p>\n<blockquote>\n<p>&ldquo;Cuando se estudia las teor&iacute;as del materialismo sobre la bondad natural y la igual inteligencia de los hombres, sobre la omnipotencia de la educaci&oacute;n, de la experiencia, de la costumbre, sobre la influencia de las circunstancias exteriores en los hombres, sobre la alta importancia de la industria, sobre la justicia del placer, etc., no hace falta una sagacidad extraordinaria para descubrir lo que las une necesariamente al comunismo y al socialismo. Si el hombre obtiene del mundo sensible y de la experiencia sobre el mundo sensible todo conocimiento, sensaci&oacute;n, etc., conviene entonces organizar el mundo emp&iacute;rico de tal manera que el hombre se asimile cuanto encuentre en &eacute;l de verdaderamente humano, que &eacute;l mismo se conozca como hombre. Si el inter&eacute;s bien entendido es el principio de toda moral, conviene que el inter&eacute;s particular del hombre se confunda con el inter&eacute;s humano. Si el hombre no es libre en el sentido materialista de la palabra, esto es, si es libre no por la fuerza negativa de evitar esto o aquello, sino por la fuerza positiva de hacer valer su verdadera individualidad, no conviene castigar los cr&iacute;menes en el individuo, sino destruir los focos antisociales donde nacen los cr&iacute;menes y dar a cada cual es espacio social necesario para el desenvolvimiento esencial de su vida. Si el hombre es formado por las circunstancias, se deben formar humanamente las circunstancias. Si el hombre es sociable por naturaleza, es en la sociedad donde desarrolla su verdadera naturaleza, y la fuerza de su naturaleza debe medirse por la fuerza de la sociedad y no por la fuerza del individuo particular&rdquo;. (Marx y Engels. Op. cit. p. 149).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p><span class=\"breadcrumbs pathway\"> <a class=\"pathway\" href=\"\/\">Home<\/a> &raquo; <a class=\"pathway\" href=\"\/es\/\">Spanish<\/a> &raquo; <a class=\"pathway\" href=\"\/teoria-es\/\">Teor&iacute;a<\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El punto de partida de la ciencia moderna es el Renacimiento, ese per&iacute;odo tan maravilloso de renacimiento espiritual e intelectual que puso fin a miles de a&ntilde;os de reinado de la ignorancia y la superstici&oacute;n. La humanidad miraba de nuevo a la naturaleza sin que la sombra del dogma cegara sus ojos. 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