{"id":8085,"date":"2020-03-18T20:36:02","date_gmt":"2020-03-19T02:36:02","guid":{"rendered":"http:\/\/bloquepopularjuvenil.org\/?p=8085"},"modified":"2020-03-18T20:36:05","modified_gmt":"2020-03-19T02:36:05","slug":"lecciones-de-la-comuna-de-paris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcomunista.org\/?p=8085","title":{"rendered":"Lecciones de la Comuna de Par\u00eds"},"content":{"rendered":"<p><strong>Le\u00f3n Trotsky<\/strong><\/p>\n<p><em>Publicamos a\u00a0 continuaci\u00f3n un art\u00edculo escrito por Le\u00f3n Trotsky en el a\u00f1o 1921, acerca de las lecciones de los acontecimientos revolucionarios del a\u00f1o 1871 conocidos como la Comuna de Par\u00eds.<\/em><\/p>\n<p>Cada vez que volvemos a estudiar la historia de la Comuna descubrimos un nuevo matiz gracias a la experiencia que nos han proporcionado las luchas revolucionarias ulteriores, tanto la revoluci\u00f3n rusa como la alemana y la h\u00fangara. La guerra franco-alemana fue una explosi\u00f3n sangrienta que presagiaba una inmensa carnicer\u00eda mundial, la Comuna de Par\u00eds fue como un rel\u00e1mpago, el anuncio de una revoluci\u00f3n proletaria mundial.<\/p>\n<p>La Comuna nos mostr\u00f3 el hero\u00edsmo de las masas obreras, su capacidad para unirse como un bloque, su virtud para sacrificarse por el futuro\u2026 Pero al mismo tiempo puso de manifiesto la incapacidad de las masas para encontrar su camino, su indecisi\u00f3n para dirigir el movimiento, su fatal inclinaci\u00f3n a detenerse tras los primeros \u00e9xitos permitiendo de este modo que el enemigo se recupere y retome sus posiciones.<\/p>\n<p>La Comuna lleg\u00f3 demasiado tarde. Tuvo todas las posibilidades para tomar el poder el 4 de septiembre, lo que hubiera permitido al proletariado de Par\u00eds ponerse a la cabeza de todos los trabajadores del pa\u00eds en su lucha contra las fuerzas del pasado, tanto contra Bismarck como contra Thiers. Pero el poder cay\u00f3 en manos de los charlatanes democr\u00e1ticos, los diputados de Par\u00eds. El proletariado parisino no ten\u00eda ni un partido ni jefes a los que hubiera estado estrechamente vinculado por anteriores luchas. Los patriotas peque\u00f1o burgueses, que se cre\u00edan socialistas y buscaban el apoyo de los obreros, carec\u00edan por completo de confianza en ellos. No hac\u00edan m\u00e1s que socavar la confianza del proletariado en s\u00ed mismo, buscando continuamente abogados c\u00e9lebres, periodistas, diputados, cuyo \u00fanico bagaje consist\u00eda en una docena de frases vagamente revolucionarias, para confiarles la direcci\u00f3n del movimiento.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n por la que Jules Favre, Picard, Garnier-Pag\u00e8s y Cia tomaron el poder en Par\u00eds el 4 de septiembre es la misma que permiti\u00f3 a Paul-Boncour, A. Varenne, Renaudel y otros muchos hacerse durante un tiempo los amos del partido del proletariado.<\/p>\n<p>Por sus simpat\u00edas, sus h\u00e1bitos intelectuales y su comportamiento, los Reanaudel y los Boncour, e incluso los Longuet y Pressemane, est\u00e1n mucho m\u00e1s cerca de Jules Favre y de Jules Ferry que del proletariado revolucionario. Su fraseolog\u00eda socialista no es m\u00e1s que una m\u00e1scara hist\u00f3rica que les permite imponerse a las masas. Y justamente porque Favre, Simon, Picard y los dem\u00e1s abusaron de la fraseolog\u00eda democr\u00e1tico-liberal, sus hijos y sus nietos tuvieron que recurrir a la fraseolog\u00eda socialista. Pero se trata de hijos y nietos dignos de sus padres, continuadores de su obra. Y cuando se trate de decidir no la composici\u00f3n de una camarilla ministerial sino qu\u00e9 clase debe tomar el poder, Renaudel, Varenne, Longuet y sus semejantes estar\u00e1n en el campo de Millerand -colaborador de Gallifet, el verdugo de la Comuna\u2026 Cuando los charlatanes reaccionarios de los salones y del Parlamento se encuentran cara a cara, en la vida, con la Revoluci\u00f3n, no la reconocen nunca.<\/p>\n<p>El partido obrero -el verdadero- no es un instrumento de maniobras parlamentarias, es la experiencia acumulada y organizada del proletariado. S\u00f3lo con la ayuda del partido, que se apoya en toda su historia pasada, que prev\u00e9 te\u00f3ricamente la direcci\u00f3n que tomar\u00e1n los acontecimientos, sus etapas, y define las l\u00edneas de actuaci\u00f3n precisas, puede el proletariado liberarse de la necesidad de recomenzar constantemente su historia: sus dudas, su indecisi\u00f3n, sus errores.<\/p>\n<p>El proletariado de Par\u00eds carec\u00eda de un tal partido. Los socialistas burgueses, de los que estaba llena la Comuna, elevaban los ojos al cielo esperando un milagro o una palabra prof\u00e9tica, dudaban y durante ese tiempo, las masas andaban a tientas, desorientadas a causa de la indecisi\u00f3n de unos y la franqueza de otros. El resultado fue que la Revoluci\u00f3n estall\u00f3 en medio de ellas demasiado tarde. Par\u00eds estaba cercado.<\/p>\n<p>Pasaron seis meses antes de que el proletariado recuperase el recuerdo de las revoluciones anteriores, de sus lecciones, de los combates anteriores, de las reiteradas traiciones de la democracia, y tomara el poder.<\/p>\n<p>Estos seis meses fueron una p\u00e9rdida irreparable. Si en septiembre de 1870, se hubiera encontrado a la cabeza del proletariado franc\u00e9s el partido centralizado de la acci\u00f3n revolucionaria, toda la historia de Francia, y con ella toda la historia de la humanidad, hubiera tomado otra direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si el 18 de marzo el poder pas\u00f3 a manos del proletariado de Par\u00eds, no fue porque \u00e9ste se apoderase de \u00e9l conscientemente, sino porque sus enemigos hab\u00edan abandonado la capital.<\/p>\n<p>Estos \u00faltimos iban perdiendo terreno constantemente, los obreros los despreciaban y detestaban, hab\u00edan perdido la confianza de la peque\u00f1a burgues\u00eda y los grandes burgueses tem\u00edan que ya no fueran capaces de defenderlos. Los soldados estaban enfrentados a sus oficiales. El gobierno huy\u00f3 de Par\u00eds para concentrar en otra parte sus fuerzas. Entonces el proletariado se hizo el amo de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero no lo comprendi\u00f3 hasta el d\u00eda siguiente. La Revoluci\u00f3n le cay\u00f3 encima sin que se lo esperase.<\/p>\n<p>Este primer \u00e9xito fue una nueva fuente de pasividad. El enemigo hab\u00eda huido a Versalles. \u00bfAcaso eso no era una victoria? En esos momentos se habr\u00eda podido aplastar a la banda gubernamental sin apenas efusi\u00f3n de sangre. En Par\u00eds, se habr\u00eda podido detener a todos los ministros, empezando por Thiers. Nadie habr\u00eda movido un dedo para defenderlos. No se hizo. No hab\u00eda un partido organizado centralizadamente, capaz de una visi\u00f3n de conjunto sobre la situaci\u00f3n y con \u00f3rganos especiales para ejecutar las decisiones.<\/p>\n<p>Los restos de la infanter\u00eda no quer\u00edan retroceder hacia Versalles. El v\u00ednculo que ligaba oficiales y soldados era muy d\u00e9bil. Y si hubiera existido en Par\u00eds un centro dirigente de partido, habr\u00eda introducido entre las tropas en retirada -puesto que hab\u00eda posibilidad de retirada- algunos centenares o al menos unas decenas de obreros leales, a los que se les habr\u00edan dado instrucciones para alimentar el descontento de los soldados contra los oficiales y aprovechar el primer momento psicol\u00f3gico favorable para liberar a la tropa de sus mandos y conducirla a Par\u00eds para unirse al pueblo. Habr\u00eda sido f\u00e1cil hacer esto, seg\u00fan confesaron incluso los partidarios de Thiers. Pero nadie lo pens\u00f3. No hab\u00eda nadie que pensara. En los grandes acontecimientos, por otra parte, tales decisiones s\u00f3lo puede tomarlas un partido revolucionario que espera una revoluci\u00f3n, se prepara, se mantiene firme, un partido que est\u00e1 habituado a tener una visi\u00f3n de conjunto y no tiene miedo a la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y precisamente el proletariado franc\u00e9s carec\u00eda de partido de combate.<\/p>\n<p>El Comit\u00e9 central de la Guardia nacional era, de hecho, un Consejo de Diputados de los obreros armados y de la peque\u00f1a burgues\u00eda. Un tal Consejo elegido directamente por las masas que han entrado en el camino de la revoluci\u00f3n, representa una excelente estructura ejecutiva. Pero al mismo tiempo, y justamente a causa de su ligaz\u00f3n inmediata y elemental con unas masas que se encuentran tal y como las encontr\u00f3 la revoluci\u00f3n, refleja no s\u00f3lo los puntos fuertes de masas sino tambi\u00e9n sus debilidades, y refleja antes las debilidades: manifiesta indecisi\u00f3n, atentismo, tendencia a la inactividad tras los primeros \u00e9xitos.<\/p>\n<p>El Comit\u00e9 central de la Guardia nacional necesitaba ser dirigido. Era indispensable disponer de una organizaci\u00f3n que encarnase la experiencia pol\u00edtica del proletariado y estuviese presente por todas partes -no solo en el Comit\u00e9 central, sino en las legiones, en los batallones, en las capas m\u00e1s profundas del proletariado franc\u00e9s. Por medio de los Consejos de Diputados, -que en este caso eran \u00f3rganos de la Guardia nacional- el partido habr\u00eda podido estar continuamente en contacto con las masas, pulsando as\u00ed su estado de \u00e1nimo; su centro dirigente habr\u00eda podido lanzar diariamente una consigna que los militantes del partido habr\u00edan podido difundir entre las masas, uniendo su pensamiento y su voluntad.<\/p>\n<p>Apenas el gobierno hubo retrocedido sobre Versalles, la Guardia nacional se apresur\u00f3 a declinar toda responsabilidad, precisamente cuando esta responsabilidad era enorme. El comit\u00e9 central imagin\u00f3 elecciones \u00ablegales\u00bb a la Comuna. Entabl\u00f3 conversaciones con los concejales de Par\u00eds para cubrirse, por la derecha, con la \u00ablegalidad\u00bb.<\/p>\n<p>Si al mismo tiempo se hubiera preparado un violento ataque contra Versalles, las conversaciones con los ediles hubieran significado una astucia militar plenamente justificada y acorde con los objetivos. Pero en realidad, estas conversaciones se mantuvieron para intentar que un milagro evitase la lucha. Los radicales peque\u00f1o burgueses y los socialistas idealistas, respetando la \u00ablegalidad\u00bb y a las gentes que encarnaban una parcela de estado \u00ablegal\u00bb, diputados, concejales, etc., esperaban, desde lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n, que Thiers se detendr\u00eda respetuosamente ante el Par\u00eds revolucionario tan pronto como \u00e9ste se hubiera dotado de una Comuna \u00ablegal\u00bb.<\/p>\n<p>La pasividad y la indecisi\u00f3n se vieron favorecidas en este caso por el principio sagrado de la federaci\u00f3n y la autonom\u00eda. Par\u00eds, como pod\u00e9is comprobar, no es m\u00e1s que una comuna entre otras. Par\u00eds no quiere imponerse a nadie; no lucha por la dictadura, en todo caso ser\u00eda la \u00abdictadura del ejemplo\u00bb.<\/p>\n<p>En resumidas cuentas, esto no fue m\u00e1s que una tentativa para reemplazar la revoluci\u00f3n proletaria que se estaba desarrollando por una reforma peque\u00f1o burguesa: la autonom\u00eda comunal. La verdadera tarea revolucionaria consist\u00eda en asegurar al proletariado en el Poder en todo el pa\u00eds. Par\u00eds deb\u00eda servir de base, punto de apoyo, plaza de armas. Para alcanzar este objetivo era preciso derrotar a Versalles sin p\u00e9rdida de tiempo y enviar por toda Francia agitadores, organizadores, fuerzas armadas. Era necesario entrar en contacto con los simpatizantes, reafirmar a los que dudaban y quebrar la oposici\u00f3n de los adversarios. Pero en lugar de esta pol\u00edtica de ofensiva y agresi\u00f3n, la \u00fanica que pod\u00eda salvar la situaci\u00f3n, los dirigentes de Par\u00eds intentaron limitarse a su autonom\u00eda comunal: ellos no atacar\u00edan a los dem\u00e1s si \u00e9stos no les atacaban a ellos; cada ciudad deb\u00eda recuperar el sagrado derecho al auto-gobierno. Este parloteo idealista -una especie de anarquismo mundano- cubr\u00eda en realidad la cobard\u00eda ante una acci\u00f3n revolucionaria que era preciso llevar hasta sus \u00faltimas consecuencias, pues, de otro modo, no se hubiera debido empezar\u2026<\/p>\n<p>La hostilidad a una organizaci\u00f3n centralizada -herencia del localismo y autonomismo peque\u00f1o burgu\u00e9s- es sin lugar a dudas el punto d\u00e9bil de cierta fracci\u00f3n del proletariado franc\u00e9s. Para algunos revolucionarios, la autonom\u00eda de las secciones, de los barrios, de los batallones, de las ciudades, es la suprema garant\u00eda de la verdadera acci\u00f3n y de la independencia individual. Pero esto no es m\u00e1s un gran error que cost\u00f3 muy caro al proletariado franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Bajo la forma de \u00ablucha contra el centralismo desp\u00f3tico\u00bb y contra la disciplina \u00abasfixiante\u00bb se libra un combate por la conservaci\u00f3n de los diversos grupos y sub-grupos de la clase obrera, por sus mezquinos intereses, con sus peque\u00f1os l\u00edderes de barrio y sus or\u00e1culos locales. La clase obrera en su totalidad, aunque conserve la originalidad de su cultura y sus matices pol\u00edticos, puede actuar con m\u00e9todo y firmeza, sin ir a remolque de los acontecimientos y dirigiendo sus golpes mortales contra los puntos d\u00e9biles del enemigo, a condici\u00f3n de que est\u00e9 liderada, por encima de barrios, secciones y grupos, por un aparato centralizado y cohesionado por una disciplina de hierro. La tendencia hacia el particularismo, cualquiera que se su forma, es una herencia de un pasado muerto. Cuanto antes se libere de ella el comunismo franc\u00e9s -comunismo socialista y comunismo sindicalista-, mejor ser\u00e1 para la revoluci\u00f3n proletaria.<\/p>\n<h3 align=\"center\">*<\/h3>\n<p>El partido no crea la revoluci\u00f3n a su gusto, no escoge seg\u00fan le convenga el momento para tomar el poder, pero interviene activamente en todas las circunstancias, pulsa en todo momento el estado de \u00e1nimo de las masas y eval\u00faa las fuerzas del enemigo, determinando as\u00ed el momento propicio para la acci\u00f3n definitiva. Esta es la m\u00e1s dif\u00edcil de sus tareas. El partido no cuenta con una soluci\u00f3n que valga para todos los casos. Necesita una teor\u00eda justa, un estrecho contacto con las masas, una acertada comprensi\u00f3n de la situaci\u00f3n, una visi\u00f3n revolucionaria y una gran decisi\u00f3n. Cuando m\u00e1s profundamente penetra un partido revolucionario en todas las esferas de la lucha revolucionarias y cuanto m\u00e1s cohesionado est\u00e1 en torno a un objetivo y por la disciplina, mejor y m\u00e1s r\u00e1pidamente puede llevar a cabo su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La dificultad consiste en ligar estrechamente esta organizaci\u00f3n de partido centralizado, soldado interiormente por una disciplina de hierro, con el movimiento de las masas, con sus flujos y reflujos. No se puede conquistar el poder sin una poderosa presi\u00f3n revolucionaria de las masas trabajadoras. Pero, en esta acci\u00f3n, el elemento preparatorio es inevitable. Y cuanto mejor comprenda el partido la coyuntura y el momento, mejor preparadas estar\u00e1n las bases de apoyo, mejor repartidas estar\u00e1n las fuerzas y sus objetivos, m\u00e1s seguro ser\u00e1 el \u00e9xito y menos v\u00edctimas costar\u00e1. La correlaci\u00f3n entre una acci\u00f3n cuidadosamente preparada y el movimiento de masas es la tarea pol\u00edtico-estrat\u00e9gica de la toma del poder.<\/p>\n<p>La comparaci\u00f3n del 18 de marzo de 1871 con el 7 de noviembre de 1917 es, desde este punto de vista, muy instructiva. En Par\u00eds se sufri\u00f3 una absoluta falta de iniciativa para la acci\u00f3n por parte de los c\u00edrculos dirigentes revolucionarios. El proletariado, armado por el gobierno burgu\u00e9s, era, de hecho, due\u00f1o de la ciudad y dispon\u00eda de todos los medios materiales del poder -ca\u00f1ones y fusiles- pero no se dio cuenta de ello. La burgues\u00eda hizo una tentativa para arrebatar al gigante sus armas: intent\u00f3 robarle al proletariado sus ca\u00f1ones. Pero el intento fracas\u00f3. El gobierno huy\u00f3 aterrado desde Par\u00eds a Versalles. El campo estaba libre. Pero el proletariado no se dio cuenta de que era el amo de Par\u00eds m\u00e1s que al d\u00eda siguiente. Los \u00abjefes\u00bb iban a remolque de los acontecimientos, tomaban nota de ellos cuando ya se hab\u00edan producido y hac\u00edan todo lo posible para embotar el filo revolucionario.<\/p>\n<p>En Petrogrado los acontecimientos se desarrollaron de forma muy distinta. El partido caminaba firme y decidido hacia la toma del poder. Dispuso a sus hombres por doquier, reforzando todas las posiciones y aprovechando toda ocasi\u00f3n para ahondar la brecha entre los obreros y la guarnici\u00f3n de una parte y el gobierno de otra.<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n armada de las jornadas de julio fue un vasto reconocimiento que hizo el partido para sondear el grado de uni\u00f3n entre las masas y la fuerza de resistencia del enemigo. El reconocimiento de transform\u00f3 en lucha de avanzadillas. Fuimos rechazados, pero al mismo tiempo mediante la acci\u00f3n se estableci\u00f3 la conexi\u00f3n entre el partido y las m\u00e1s amplias masas. Durante los meses de agosto, septiembre y octubre se desarroll\u00f3 un poderoso flujo revolucionario. El partido lo aprovecho y aument\u00f3 de manera considerable sus apoyos entre la clase obrera y la guarnici\u00f3n. M\u00e1s adelante la armon\u00eda entre los preparativos de la conspiraci\u00f3n y la acci\u00f3n de masas fue casi autom\u00e1tica. El Segundo Congreso de los Soviets fue fijado para el 7 de noviembre. Toda nuestra agitaci\u00f3n anterior deb\u00eda conducir a la toma del poder por el Congreso. El golpe de Estado qued\u00f3 fijado para el 7 de noviembre. Se trataba de un hecho perfectamente conocido y comprendido por el enemigo. Por ello Kerensky y sus consejeros intentaron consolidar su posici\u00f3n en Petrogrado, en la medida de lo posible, cara al momento decisivo. Sobre todo necesitaban sacar de la capital al segmento m\u00e1s revolucionario de la guarnici\u00f3n. Por nuestra parte nos aprovechamos de esta tentativa de Kerensky para derivar de ella un nuevo conflicto que tuvo una importancia decisiva. Acusamos abiertamente al gobierno de Kerensky -y nuestra acusaci\u00f3n se vio despu\u00e9s confirmada por escrito en un documento oficial- de proyectar el alejamiento de una tercera parte de la guarnici\u00f3n de Petrogrado, no por consideraciones de orden militar, sino por intereses contrarrevolucionarios. El conflicto hizo que estrech\u00e1ramos a\u00fan m\u00e1s nuestras relaciones con la guarnici\u00f3n e implic\u00f3 que esta \u00faltima se planteara una tarea bien definida: apoyar el Congreso de los Soviets fijado para el 7 de noviembre. Y puesto que el gobierno insist\u00eda -aunque de forma poco en\u00e9rgica- en que la guarnici\u00f3n fuera desplazada, con el pretexto de verificar las razones militares del proyecto gubernamental creamos en el Soviet de Petrogrado, que ya domin\u00e1bamos, un Comit\u00e9 revolucionario de guerra.<\/p>\n<p>De este modo nos dotamos de un \u00f3rgano puramente militar, a la cabeza de las tropas de Petrogrado, que era realmente un instrumento legal de insurrecci\u00f3n armada. Al mismo tiempo nombramos comisarios (Comunistas) en todas las unidades militares, almacenes, etc. La organizaci\u00f3n militar clandestina ejecutaba las tareas t\u00e9cnicas especiales y proporcionaba al Comit\u00e9 revolucionario de guerra militantes de plena confianza para las operaciones militares de importancia. Lo esencial del trabajo de preparaci\u00f3n y realizaci\u00f3n de la insurrecci\u00f3n armada se hac\u00eda abiertamente, con un m\u00e9todo y una naturalidad que la burgues\u00eda, con Kerensky a su cabeza, apenas se apercibi\u00f3 de lo que pasaba ante sus narices. En Par\u00eds, el proletariado s\u00f3lo comprendi\u00f3 que era el due\u00f1o de la situaci\u00f3n inmediatamente despu\u00e9s de su victoria real, una victoria que, por otra parte, no hab\u00eda buscado conscientemente. En Petrogrado las cosas sucedieron de muy distinta forma. Nuestro partido, con el apoyo de los obreros y de la guarnici\u00f3n, se apoder\u00f3 del poder, y la burgues\u00eda, que pas\u00f3 una noche bastante tranquila, s\u00f3lo se dio cuenta a la luz del d\u00eda que el gobierno del pa\u00eds se encontraba ya en manos de sus enterradores.<\/p>\n<p>En lo que concern\u00eda a la estrategia, se dieron en nuestro partido muchas divergencias de opini\u00f3n.<\/p>\n<p>Como es sabido, parte del Comit\u00e9 Central se declar\u00f3 opuesta a la toma del poder pues cre\u00edan que a\u00fan no hab\u00eda llegado el momento de actuar, que Petrogrado se encontrar\u00eda aislada del resto del pa\u00eds, que los proletarios no contar\u00edan con el apoyo de los campesinos, etc.<\/p>\n<p>Otros camaradas cre\u00edan que no prest\u00e1bamos suficiente importancia a los detalles del complot militar. En octubre, uno de los miembros del Comit\u00e9 Central exig\u00eda que se cercara el Teatro Alejandrina, sede de la Conferencia Democr\u00e1tica, y se proclamase la dictadura del Comit\u00e9 Central del Partido. Dec\u00eda que con la agitaci\u00f3n y trabajo militar preparatorios del Segundo Congreso mostr\u00e1bamos nuestros planes al enemigo y le ofrec\u00edamos as\u00ed la posibilidad de prevenirse e incluso asestarnos un golpe preventivo. Pero no cabe duda que la tentativa de un complot militar y el asedio del Teatro Alejandrina hubieran sido elementos ajenos al desarrollo de los acontecimientos que habr\u00edan provocado el desconcierto de las masas. Incluso en el Soviet de Petrogrado, en el que nuestra fracci\u00f3n era mayoritaria, una acci\u00f3n tal que se anticipara al desarrollo l\u00f3gico de la lucha no hubiera sido comprendida en ese momento, sobre todo entre la guarnici\u00f3n, en la que a\u00fan hab\u00edan regimientos que dudaban y en los que no se pod\u00eda confiar, principalmente la caballer\u00eda. A Kerensky le hubiera resultado mucho m\u00e1s f\u00e1cil aplastar un complot inesperado para las masas que atacar a la guarnici\u00f3n, y le hubiera permitido consolidarse mucho m\u00e1s en su posici\u00f3n: la defensa de su inviolabilidad en nombre del futuro Congreso de los Soviets. La mayor\u00eda del Comit\u00e9 Central rechaz\u00f3 con raz\u00f3n el plan de asedio a la Conferencia democr\u00e1tica. La coyuntura hab\u00eda sido evaluada perfectamente: la insurrecci\u00f3n armada, sin apenas derramamiento de sangre, triunf\u00f3 precisamente el d\u00eda que hab\u00eda sido fijado, previa y abiertamente, para la convocatoria del Segundo Congreso de los Soviets.<\/p>\n<p>Sin embargo esta estrategia no puede convertirse en norma general, necesitaba unas condiciones organizadas. Nadie cre\u00eda ya en la guerra contra Alemania, e incluso los soldados menos inclinados hacia la revoluci\u00f3n no quer\u00edan marchar al frente. Y aunque s\u00f3lo por esta raz\u00f3n la guarnici\u00f3n entera estaba de parte de los obreros, se reafirmaba cada vez m\u00e1s en su decisi\u00f3n a medida que iban conoci\u00e9ndose las maquinaciones de Kerensky. Pero el estado de \u00e1nimo de la guarnici\u00f3n de Petrogrado ten\u00eda una causa a\u00fan m\u00e1s profunda en la situaci\u00f3n del campesinado y el desarrollo de la guerra imperialista. Si la guarnici\u00f3n se hubiera escindido y Kerensky hubiera tenido oportunidad de apoyarse en algunos regimientos, nuestro plan hubiera fracasado. Los elementos puramente militares del complot (conspiraci\u00f3n y gran rapidez en la acci\u00f3n) hubieran prevalecido. Y est\u00e1 claro que hubiera sido necesario escoger otro momento para la insurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Comuna tuvo tambi\u00e9n la posibilidad de apoderarse de los regimientos, incluso aquellos formados por unos campesinos que hab\u00edan perdido totalmente la confianza y el aprecio por el poder y sus mandos. Sin embargo no hizo nada en este sentido. La culpa no hay que achac\u00e1rsela a las relaciones entre los campesinos y la clase obrera, sino a la estrategia revolucionaria.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 puede pasar en este sentido en la Europa actual? No es nada f\u00e1cil preverlo. Sin embargo, teniendo en cuenta que los acontecimientos se desarrollan lentamente y que los gobiernos burgueses han aprendido bien la lecci\u00f3n, es de prever que el proletariado tendr\u00e1 que superar grandes obst\u00e1culos para ganarse la simpat\u00eda de los soldados en el momento preciso. Ser\u00e1 preciso que la revoluci\u00f3n lleve a cabo un ataque h\u00e1bil en el momento adecuado. El deber del partido es prepararse para ello. Justamente por eso deber\u00e1 conservar y acentuar su car\u00e1cter de organizaci\u00f3n centralizada que dirigiendo abiertamente el movimiento revolucionario de las masas, es, al mismo tiempo, un aparato clandestino para la insurrecci\u00f3n armada.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de la electividad de los mandos fue uno de los motivos del conflicto entre la Guardia nacional y Thiers. Par\u00eds rehus\u00f3 aceptar el mando que hab\u00eda designado Thiers. Varlin formul\u00f3 inmediatamente la reivindicaci\u00f3n de que todos los mandos de la Guardia nacional, sin excepci\u00f3n, fueran elegidos por los propios guardias nacionales. Ese fue el principal apoyo del Comit\u00e9 central de la Guardia nacional.<\/p>\n<p>Esta cuesti\u00f3n debe ser considerada desde dos perspectivas: la pol\u00edtica y la militar. Ambas est\u00e1n relacionadas entre s\u00ed, pero es preciso distinguirlas. La tarea pol\u00edtica consist\u00eda en depurar la Guardia nacional de los mandos contrarrevolucionarios. El \u00fanico medio para conseguirlo era la total electividad, ya que la mayor\u00eda de la Guardia nacional estaba compuesta de obreros y peque\u00f1o burgueses revolucionarios. M\u00e1s a\u00fan, la divisa de electividad deb\u00eda ampliarse tambi\u00e9n a la infanter\u00eda. De un solo golpe Thiers se hubiera visto privado de su principal arma, la oficialidad contrarrevolucionaria. Pero para realizar este plan al proletariado le faltaba un partido, una organizaci\u00f3n que dispusiera de adeptos en todas las unidades militares. En una palabra, la electividad, en este caso, no ten\u00eda como objetivo inmediato dotar a los batallones de mandos adecuados, sino liberarlos de los mandos adictos a la burgues\u00eda. Hubiera sido como una cu\u00f1a para dividir el ej\u00e9rcito en dos partes, a lo largo de una l\u00ednea de clase. As\u00ed sucedieron las cosas en Rusia en la \u00e9poca de Kerensky, sobre todo en v\u00edsperas de Octubre.<\/p>\n<p>Pero cuando el ej\u00e9rcito se libera del antiguo aparato de mando inevitablemente se produce un debilitamiento de la cohesi\u00f3n en sus filas y la disminuci\u00f3n de su esp\u00edritu de combate. El nuevo mando elegido es a menudo bastante d\u00e9bil en el terreno t\u00e9cnico-militar y en lo tocante al mantenimiento del orden y la disciplina. De manera que cuando el ej\u00e9rcito se libera del viejo mando contrarrevolucionario que lo oprim\u00eda, surge la cuesti\u00f3n de dotarle de un mando revolucionario capaz de cumplir su misi\u00f3n. Y este problema no puede ser resuelto por unas simples elecciones. Antes que la gran masa de soldados pudiera adquirir la suficiente experiencia para seleccionar a sus mandos la revoluci\u00f3n ser\u00eda aplastada por el enemigo, que ha aprendido a escoger sus mandos durante siglos. Los m\u00e9todos de democracia informe (la simple electividad) deben ser completados, y en cierta medida reemplazados, por medidas de cooptaci\u00f3n. La revoluci\u00f3n debe crear una estructura compuesta de organizadores experimentados, seguros, merecedores de una confianza absoluta, dotada de plenos poderes para escoger, designar y educar a los mandos. Si el particularismo y el autonomismo democr\u00e1tico son extremadamente peligrosos para la revoluci\u00f3n proletaria en general, son a\u00fan diez veces m\u00e1s peligrosos para el ej\u00e9rcito. Nos lo demostr\u00f3 el ejemplo tr\u00e1gico de la Comuna.<\/p>\n<p>El Comit\u00e9 central de la Guardia nacional basaba su autoridad en la electividad democr\u00e1tica. Pero cuando tuvo necesidad de desplegar al m\u00e1ximo su iniciativa en la ofensiva, sin la direcci\u00f3n de un partido proletario, perdi\u00f3 el rumbo y se apresur\u00f3 a transmitir sus poderes a los representantes de la Comuna, que necesitaba una base democr\u00e1tica m\u00e1s amplia. Y jugar a las elecciones fue un gran error en ese momento. Pero una vez celebradas las elecciones y reunida la Comuna, hubiera sido preciso que ella misma creara un \u00f3rgano que concentrara el poder real y reorganizara la Guardia nacional. Y no fue as\u00ed. Junto a la Comuna elegida estaba el Comit\u00e9 central, cuyo car\u00e1cter electivo le confer\u00eda una autoridad pol\u00edtica gracias a la cual pod\u00eda enfrentarse a aqu\u00e9lla. Al mismo tiempo se ve\u00eda as\u00ed privado de la energ\u00eda y firmeza necesarias en las cuestiones puramente militares que, tras la organizaci\u00f3n de la Comuna, justificaban su existencia. La electividad, los m\u00e9todos democr\u00e1ticos no son m\u00e1s que una de las armas de las que dispone el proletariado y su partido. La electividad no puede ser de ning\u00fan modo un fetiche, un remedio contra todos los males. Es necesario combinarla con las designaciones. El poder de la Comuna proced\u00eda de la Guardia nacional elegida. Pero una vez creada, la Comuna hubiera debido reorganizar toda la Guardia nacional con mano firme, dotarla de mandos seguros e instaurar un r\u00e9gimen disciplinario muy severo. La Comuna no lo hizo, priv\u00e1ndose por ello de un poderoso centro dirigente revolucionario. Por ello fue aplastada.<\/p>\n<p>Podemos hojear p\u00e1gina por p\u00e1gina toda la historia de la Comuna y encontraremos una sola lecci\u00f3n: es necesaria la en\u00e9rgica direcci\u00f3n de un partido. El proletariado franc\u00e9s se ha sacrificado por la Revoluci\u00f3n como ning\u00fan otro lo ha hecho. Pero tambi\u00e9n ha sido enga\u00f1ado m\u00e1s que otros. La burgues\u00eda lo ha deslumbrado muchas veces con todos los colores del republicanismo, del radicalismo, del socialismo, para cargarlo con las cadenas del capitalismo. Por medio de sus agentes, sus abogados y sus periodistas, la burgues\u00eda ha planteado una gran cantidad de f\u00f3rmulas democr\u00e1ticas, parlamentarias, autonomistas, que no son m\u00e1s que los grilletes con que ata los pies del proletariado e impide su avance.<\/p>\n<p>El temperamento del proletariado franc\u00e9s es como una lava revolucionaria. Pero por ahora est\u00e1 recubierta con las cenizas del escepticismo, resultado de muchos enga\u00f1os y desencantos. Por eso, los proletarios revolucionarios de Francia deben ser m\u00e1s severos con su partido y denunciar inexcusablemente toda disconformidad entre las palabras y los hechos. Los obreros franceses necesitan una organizaci\u00f3n para la acci\u00f3n, fuerte como el acero, con jefes controlados por las masas en cada nueva etapa del movimiento revolucionario.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1nto tiempo nos conceder\u00e1 la historia para prepararnos? No lo sabemos. Durante cincuenta a\u00f1os la burgues\u00eda francesa ha mantenido el poder en sus manos, tras haber erigido la Tercera Rep\u00fablica sobre los cad\u00e1veres de los comuneros. A los luchadores del 71 no les falt\u00f3 hero\u00edsmo. Lo que les faltaba era claridad en el m\u00e9todo y una organizaci\u00f3n dirigente centralizada. Por ello fueron derrotados. Y ha transcurrido medio siglo antes de que el proletariado franc\u00e9s pueda plantearse vengar la muerte de los comuneros. Pero ahora intervendr\u00e1 de manera m\u00e1s firme, m\u00e1s concentrada. Los herederos de Thiers tendr\u00e1n que pagar la deuda hist\u00f3rica, \u00edntegramente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Le\u00f3n Trotsky Publicamos a\u00a0 continuaci\u00f3n un art\u00edculo escrito por Le\u00f3n Trotsky en el a\u00f1o 1921, acerca de las lecciones de los acontecimientos revolucionarios del a\u00f1o 1871 conocidos como la Comuna de Par\u00eds. 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