La hipocresía del “no a la guerra” de la cumbre progresista por la democracia de Barcelona

Convocada bajo los auspicios de la Global Progressive Mobilisation – así en inglés en la versión española – del 17 al 19 de abril se celebró en Barcelona la IV reunión “En defensa de la democracia”, presidida por el presidente del gobierno español Pedro Sánchez y con la participación destacada de dirigentes nacionales como la mexicana Claudia Sheinbaum, el colombiano Gustavo Petro, el brasileño Lula da Silva entre otros.

De esta cumbre salieron declaraciones altisonantes y discursos grandilocuentes, contra la guerra en Irán, contra el bloqueo a Cuba, en defensa de la democracia y por un mundo multipolar. La reunión estaba concebida como un foro de oposición a Trump, su política exterior y “las fuerzas conservadoras y de extrema derecha”. Pero ¿cuál es la sustancia de estos llamados y qué es lo que representan?

En primer lugar hay que aclarar quiénes eran los convocantes de esta serie de reuniones y cumbres en Barcelona. Oficialmente la Global Progressive Mobilisation estaba organizada por la Alianza Progresista, la Internacional Socialista y el Partido de los Socialistas Europeos. Para aquellos que puedan estar confundidos (entre los que tengo que confesar que me encontraba yo mismo cuando leí la lista), la Alianza Progresista es una especie de escisión de la Internacional Socialista.

En 2013, al calor de los levantamientos revolucionarios en Egipto y Túnez, algunos miembros de la IS decidieron que era demasiado escandaloso que los derrocados dictadores de esos países, Mubarak y Ben Alí, fueran ambos miembros de la Internacional Socialista y decidieron formar otra organización, la Alianza Progresista, que no incluyera a miembros tan incómodos.

La Internacional Socialista, por supuesto, es la continuadora de aquella que ya en 1914 traicionó a la clase obrera mundial apoyando la carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial, sellando esa traición con el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en Berlín en enero de 1919.

Pero la formación de la Alianza Progresista no debe entenderse como un paso adelante, ni una ruptura hacia la izquierda. Nada más lejos de la realidad. El punto central de la AP era ampliar el campo de la socialdemocracia a la colaboración con fuerzas progresistas y liberales. Así, aunque la Internacional Socialista agrupaba partidos que por lo menos en algún momento habían sido socialistas o por lo menos usado la palabra socialista o socialdemócrata, entre los participantes en la Alianza Progresista se cuenta el Partido Demócrata de los EEUU, y uno de los participantes estrella de la 1ª reunión “En defensa de la democracia” en Nueva York en 2024 fue ni más ni menos que el presidente francés Emmanuel Macron.

Es más, aunque la AP se supone que surge como una ruptura con la IS, en realidad, la mayoría de los participantes de la primera siguen siendo miembros de la segunda, incluyendo el PSOE español de Pedro Sánchez.

En realidad, el corazón político de esta sopa de letras es la defensa de la democracia burguesa y del orden mundial liberal imperialista, aparentemente contra Trump y las “fuerzas conservadores y de extrema derecha”, pero también contra el autoritarismo de Putin, y la defensa del “orden multilateral basado en reglas” en contra de la política exterior de la actual administración de EEUU.

 

No a las guerras … de Trump

Por eso, el “No a la guerra” que Pedro Sánchez repitió en la reunión progresista de Barcelona, no debe interpretarse al pie de la letra. En realidad las variopintas posiciones políticas de los asistentes coinciden todas en su oposición a las guerras de Trump, pero solo a esas, al parecer. Los progresistas y liberales reunidos en Barcelona parecen añorar las viejas y buenas guerras de antaño. Así pues, el gobierno de Pedro Sánchez ha dado pleno apoyo a la guerra de Biden contra Rusia en Ucrania, proporcionando financiación y material bélico, junto a sus aliados europeos.

Por cierto que esa guerra no se llevó a cabo bajo los auspicios de las tan mentadas Naciones Unidas. El argumento de que Rusia había violado las fronteras de un país soberano pierde toda validez si tenemos en cuenta que los países que combaten a Rusia en Ucrania tienen un largo, larguísimo historial de invasiones y ataques a países soberanos (Iraq, Afganistán, Libia, Siria, por mencionar solo algunos ejemplos más recientes.

El “No a la guerra” de Barcelona debe ser interpretado más correctamente como “no a las guerras de Trump – sí a las guerras de Biden”. O “sí a las guerras que defienden los intereses de los imperialismos europeos”.

Por dar solo un par de ejemplos. La dirigente del Partido Demócrata de EEUU – uno de los dos partidos del imperialismo estadounidense – y ex-Secretaria de Estado Hillary Clinton, fue invitada a dirigir unas palabras a los progresistas que se dieron cita en Barcelona. Hillary participó directamente en la organización del golpe de estado contra el presidente hondureño Manuel Zelaya en 2009. Pero claro, ese era un golpe “en defensa de la democracia”, al parecer. Hillary apoyó de manera entusiasta las guerras imperialistas en Iraq e Afganistán, la intervención militar de EEUU en Libia y Siria, y era una firme defensora del programa de ataques con drones en Pakistán, Yemen, and Somalia. ¿“No a la guerra”? ¡Cuanta hipocresía!

Una de las banderas de Pedro Sánchez en los últimos años ha sido su rechazo público al genocidio israelí en Gaza y a la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán. Hay que decir que en gran medida su posicionamiento trata de responder a la enorme presión de la opinión pública en el Estado español y que gran parte de las medidas anunciadas, luego quedaban desenmascaradas en la letra pequeña.

Por ejemplo, su anuncio inicial de un embargo de la venta de armas a Israel, resultó ser en realidad la congelación de nuevas licencias de exportación, que respetaba las ya existentes. Posteriormente, de nuevo bajo presión, el gobierno español decidió suspender todas las exportaciones de armas a Israel, pero España seguía comprando armas a la industria de defensa israelí, contribuyendo así a financiar el genocidio.

Es cierto que España ha vetado el uso de bases militares estadounidenses en su territorio para la guerra en Irán y posteriormente también el uso del espacio aéreo español. Hay que reconocer que esa es una medida concreta, que crea inconvenientes para la campaña militar de Trump.

Sin embargo, en la misma cumbre de Barcelona estaban representadas fuerzas políticas que han dado su apoyo práctico pleno a la agresión imperialista contra Irán, como por ejemplo el ministro de asuntos exteriores británico David Lammy.

Durante el genocidio israelí en Gaza Lammy salió públicamente a apoyar no solo el “derecho de Israel a defenderse” en general – es decir, el derecho a masacrar la población civil palestina – sino específicamente el “derecho” del estado sionista de cortar el acceso a alimentos y medicamentos a la Franja de Gaza.

El Reino Unido permite sin ninguna limitación el uso por parte de EEUU de bases militares británicas para la guerra contra Irán, incluyendo las bases de RAF Fairford, la de Diego García y la de Akrotiri en Chipre. Aunque oficialmente el gobierno británico ha declarado que sus acciones solamente son “defensivas” está claro que sus bases juegan un papel decisivo en los bombardeos americanos contra Irán.

La misma excusa fue usada por Pedro Sánchez para enviar una fragata de la marina española para “defender a Chipre”. Lo que se presentó como una misión puramente defensiva y europea, en realidad era la defensa de la base británica en la isla, utilizada para interceptar drones y misiles iraníes. Es decir, la defensa de los intereses estadounidenses e israelíes en Oriente Medio.

También presentes en Barcelona estaban varios ministros del SPD alemán, que con la excusa de “parar a la extrema derecha” comparten gobierno con los conservadores de la CDU (el equivalente alemán del PP) en un gabinete de austeridad, recortes del gasto social y agitación militarista. No queda muy claro como cuadra Sánchez su “no a la guerra” con la reintroducción del servicio militar y el aumento del gasto armamentístico de sus correligionarios alemanes, presentes en Barcelona.

 

La defensa de la democracia … liberal

Entonces ¿cómo se puede interpretar la beligerancia de Pedro Sánchez contra Trump en toda una serie de aspectos (Israel, la guerra contra Irán, el gasto militar de la OTAN)? Lo primero que hay que señalar es que el PSOE está en una situación electoral muy delicada, al frente de una mayoría gubernamental precaria y complicada, y se enfrenta a una serie de contiendas electorales difíciles culminando en las elecciones generales de 2027.

Sin lugar a dudas, Pedro Sánchez piensa que agitar contra Trump y contra la guerra es algo popular entre su electorado, cuya movilización necesita para barrar el paso a la derecha, tanto la del PP como la de Vox. En el enfrentamiento de Sánchez con Trump hay un elemento muy grande de cálculo electoral. A eso pudiera añadirse un elemento de ambición personal, de querer jugar un papel mayor en el escenario político internacional, particularmente ahora que parece que a Trump le puede ir mal en las elecciones de medio término en EEUU.

En este sentido, la reunión de Barcelona se inscribe dentro de la corriente de oposición al trumpismo por parte de los sectores liberales de la clase dominante que quieren recuperar el control del gobierno y se ven amenazados por estas fuerzas que no controlan totalmente. Esa es la esencia de su “defensa de la democracia” – simplemente la oposición a un sector de la clase dominante, para apoyar a otro.

A veces usan un lenguaje altisonante y alarmista, como el gobernador de Minnesota, Walz, que declaró en Barcelona “tenemos que llamar a las cosas por su nombre, es fascismo”, refiriéndose a Trump. Pero en realidad lo que defienden es su propio estilo de capitalismo e imperialismo.

Pedro Sánchez también está tratando de usar el conflicto entre EEUU y China para sacar ventajas para la economía española. Así el Estado español es el único país europeo que comercia más con China que con EEUU, China ha realizado algunas inversiones significativas en el Estado español en el sector de los vehículos eléctricos, las baterías eléctricas, la infraestructura de telecomunicaciones y las energías renovables. El presidente del gobierno español ha realizado cuatro visitas oficiales a China desde 2023, a lo que hay que sumar la visita de los reyes en noviembre de 2025.

 

La declaración contra el bloqueo a Cuba

Es necesario también mencionar la declaración contra el bloqueo estadounidense a Cuba que firmaron en Barcelona los mandatarios de México, Brasil y el Estado español. Tanto Sheinbaum como Lula hicieron declaraciones altisonantes contra el bloqueo a Cuba y contra cualquier amenaza de intervención militar de Washington en la mayor de las Antillas.

La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum declaró: “Quiero proponer una declaración en contra de la intervención militar en Cuba. Que el diálogo y la paz prevalezcan” y añadió que México ha “mantenido actualmente la ayuda” a Cuba y “ha sabido sostener sus principios incluso en soledad”.

La realidad es un poco diferente. Desde el 9 de enero que la petrolera estatal mexicana Pemex ha suspendido el suministro de petróleo a Cuba y México, aunque ha enviado ayuda humanitaria a la isla, se ha plegado totalmente a las amenazas de Trump para no enviar crudo a Cuba. En realidad la política de México ha sido, en la práctica, una de sumisión al poderoso vecino del norte en todo tipo de temas: política migratoria, aranceles contra China, colaboración militar, lucha contra el narco, minerales críticos y también en relación a Cuba.

El comunicado conjunto sobre Cuba, lleno de apelaciones a la legalidad internacional, la igualdad soberana y arreglo pacífico de las controversias, no menciona ni una sola vez el bloqueo petrolero de Trump. Es también llamativo que el mandatario colombiano Petro se negó a firmar el comunicado y cuando los periodistas le preguntaron directamente si la reunión de Barcelona era una “cumbre anti-Trump” evadió la cuestión.

 

Los límites de la verborrea progresista

En realidad, la cumbre de Barcelona en general y el comunicado sobre Cuba en particular, revelan claramente los límites del “progresismo”. Brasil, Colombia y México son todos países productores de petróleo. Si tuvieran la voluntad política de desafiar a Trump en la práctica, y no solo en comunicados y declaraciones, deberían enviar el combustible necesaria a Cuba. Eso podría tener consecuencias y conllevar represalias. ¿Pero realmente EEUU puede invadir Brasil, Colombia y México y secuestrar a sus presidentes? Siquiera la amenaza de una agresión de ese tipo tendría consecuencias revolucionarias en todo el continente, aparte de las obvias dificultades militares a las que se enfrentaría.

El problema central que determina los límites del “progresismo” liberal y socialdemócrata es el siguiente: Trump y la derecha populista son un síntoma de la crisis del sistema capitalista, no la causa de esta. Los progresistas y liberales se limitan a querer la restauración del status quo ante, la vuelta a una democracia burguesa “normal”, sin estridencias, en la que el imperialismo invade países pero lo hace bajo el paraguas de la ONU o escudándose en la “defensa de la democracia” y en nombre de “los derechos humanos”. Quieren limar los aspectos más punzantes del capitalismo, mediante un impuesto a los ricos, para impedir una explosición social de los de abajo.

Pero no es posible volver al capitalismo del estado del bienestar que existió en algunos países capitalistas avanzados después de la segunda guerra mundial, porque el auge económico que lo sustentaba ya no existe. Es la crisis económica capitalista, síntoma de su declive senil, lo que determina los ataques a las pensiones, a la sanidad y la educación públicas, a las condiciones de vida de la clase trabajadora, no una elección política “neoliberal” de unos gobernantes malvados.

La única manera de combatir a la clase dominante, no solo a su ala de “derechas” sino también a su ala “liberal”, es atacando el problema de fondo: la existencia del sistema de la propiedad privada de los medios de producción y del lucro privado. El problema es el capitalismo, la solución es la lucha por su abolición.

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