Hondurasgates: Aquí se Hace lo que Trump Diga

[Originalmente publicado en: Partido Comunista Revolucionario, por Carlos Márquez]

 

Los Hondurasgates, una filtración de audios de políticos del Partido Nacional de Honduras, hoy nuevamente en el gobierno, revelan una red de conspiraciones, injerencia extranjera y negociaciones oscuras con actores vinculados al imperialismo estadounidense e israelí para intervenir en la política hondureña y latinoamericana. Las grabaciones muestran discusiones sobre fraude electoral, persecución de opositores, represión violenta contra el pueblo y entrega de recursos al gran capital internacional. Los audios dejan claro que los cachurecos —como se les conoce a los militantes del Partido Nacional— son los perritos falderos del imperialismo y que su papel favorito es mover la cola cada vez que Washington da una orden.

 

La injerencia de Trump en las elecciones

La intervención de Donald Trump en las elecciones hondureñas fue abierta. En plena campaña respaldó públicamente a Nasry “Papi a la Orden” Asfura, candidato del Partido Nacional, a quien presentó como “el único verdadero amigo de la libertad en Honduras”, mientras atacaba tanto a Libre como a Salvador Nasralla, tachandolos de narcocomunistas. Aunque Libre dista mucho de ser comunista y Nasralla es un político de derecha, este último no era visto como un aliado confiable por el trumpismo debido a sus acuerdos previos con Libre. Por ello, el imperialismo apostó por su viejo socio histórico: el Partido Nacional.

Los audios muestran además que, mientras Trump apoyaba a Asfura, el expresidente Juan Orlando Hernández (JOH), condenado en Estados Unidos por narcotráfico, era exonerado políticamente a cambio de acuerdos y negociaciones oscuras. El propio JOH aparece como actor central al que el propio Asfura, hoy presidente, le rinde cuentas.

En ese contexto, Marlon Ochoa, representante de Libre en el Consejo Nacional Electoral, se convirtió en un obstáculo incómodo. Antes y después de las elecciones denunció irregularidades y alertó sobre posibles manipulaciones del sistema electoral. En los audios se habla abiertamente de destituirlo, encarcelarlo e incluso asesinarlo. Finalmente, el 24 de diciembre de 2025, el CNE declaró ganador a Asfura por una diferencia mínima, en un proceso marcado por el fraude e intervención extranjera.

Pocos días después, el imperialismo estadounidense derrocó a Maduro en Venezuela, enviando un mensaje a toda la región sobre lo que está dispuesto a hacer contra quienes desafíen sus intereses. En una conferencia junto a Marco Rubio, Trump fue cuestionado sobre la liberación de Juan Orlando Hernández y, omitiendo completamente su condena por narcotráfico, respondió: “Apoyé al presidente que ganó en Honduras, a la persona que ganó en Chile, a la persona que ganó en Argentina; y nos está yendo muy bien con todo ese grupo”. Con ello dejó claro el respaldo de Washington a los gobiernos alineados con su agenda reaccionaria.

 

Honduras como plataforma de la contrarrevolución

Las grabaciones también revelan planes para convertir nuevamente a Honduras en una plataforma regional de la contrarrevolución. Históricamente, el imperialismo estadounidense utilizó al país como centro de operaciones contra los procesos revolucionarios centroamericanos. Desde la base militar de Palmerola se apoyó la guerra contra la revolución sandinista y contra las guerrillas salvadoreña y guatemalteca. Ahora, los Hondurasgates muestran intentos por restaurar ese papel con el plan de abrir una nueva base militar imperialista.

Las filtraciones incluso señalan la participación de operadores vinculados al gobierno israelí en las negociaciones y el financiamiento para facilitar la liberación de JOH. También revelan planes para impulsar campañas de desinformación y operaciones políticas contra gobiernos de México y Colombia, financiadas por sectores de la derecha continental, entre ellos el gobierno de Javier Milei, con el objetivo de fortalecer un bloque reaccionario alineado con Washington.

En uno de los audios, Asfura informa a JOH sobre reuniones con inversionistas para expandir las ZEDE —enclaves económicos controlados por capital privado extranjero— y avanzar en proyectos ligados a Palmerola y Roatán. También se menciona la instalación de una nueva base militar estadounidense en Roatán, que permitiría a Washington reforzar su control estratégico sobre el Caribe, Centroamérica y Sudamérica.

 

Honduras para el capital, represión para el pueblo

Los audios muestran igualmente la intención de entregar proyectos estratégicos al capital estadounidense y cerrar el paso a China. Asfura menciona que el ferrocarril interoceánico sería entregado a General Electric y afirma: “Los chinos estaban ofertando. Pero nosotros no vamos a ceder”. La política del nuevo gobierno sigue así la línea impulsada por Trump: asegurar el control económico y militar de la región para el imperialismo estadounidense.

Pero los Hondurasgates no solo exponen subordinación económica y geopolítica. También muestran el carácter profundamente represivo del régimen. En uno de los fragmentos más escalofriantes, el general golpista Romeo Vásquez afirma tener grupos preparados dentro de las fuerzas armadas “para empezar la cacería” y habla incluso de “desaparecer” opositores. JOH reafirma esa lógica al señalar que “en Honduras se necesita fuerza, logística y sangre” y que “es lo que el presidente Trump diga”.

Estos audios no muestran nada nuevo bajo el sol, pero sí dejan evidenciado la forma cínica de actuar de los oligarcas e imperialistas, muestra a un régimen históricamente ligado al imperialismo, la represión y los intereses oligárquicos. Honduras arrastra décadas de dominación bipartidista entre liberales y nacionalistas, sostenida por el apoyo de Washington. Sin embargo, esa estabilidad comenzó a romperse con la irrupción del movimiento de masas hace casi dos décadas.

 

El reciente pasado revolucionario

En 2017 escribíamos: “Honduras no es capaz de asegurar la mínima democracia burguesa y cada conquista democrática será arrancada por la lucha de obreros y campesinos en las calles”. No tenemos razón para cambiar una sola línea de esa afirmación.

El gobierno de Mel Zelaya recibió las presiones de las masas explotadas, pero chocó rápidamente con la oligarquía hondureña y el imperialismo. Su intento de convocar una consulta popular para discutir una Asamblea Constituyente terminó desencadenando el golpe de Estado de 2009. Lejos de pacificar la situación, el golpe abrió una heroica lucha revolucionaria de las masas.

Durante años, el pueblo hondureño protagonizó enormes jornadas de lucha contra el régimen golpista. La presidencia de Xiomara Castro fue conquistada tras más de una década de resistencia. Muchos compañeros cayeron en ese proceso. Entre ellos destaca Isy Obed, joven asesinado el 5 de julio de 2009 cuando las fuerzas armadas dispararon contra una multitud que esperaba el regreso de Zelaya en el aeropuerto Toncontín de Tegucigalpa. Una bala militar penetró su cabeza y le arrebató la vida con apenas 19 años. El general Romeo Vásquez fue condenado por ese crimen, aunque posteriormente exonerado tras el retorno de los cachurecos al poder.

El movimiento de masas hondureño mostró una enorme combatividad. En algunos momentos llegó incluso a fisurar a las propias fuerzas armadas, cuyos sectores dudaban sobre continuar reprimiendo al pueblo. Sin embargo, el proceso encontró límites claros debido a la ausencia de una dirección revolucionaria.

Mel Zelaya y Libre no impulsaron una estrategia orientada a llevar la lucha hasta el final, sino que utilizaron la movilización principalmente como apoyo para la batalla electoral. Los métodos de lucha tampoco avanzaron hacia medidas capaces de poner en jaque al régimen y al Estado, como una huelga general revolucionaria siguiendo el ejemplo de la gran lucha bananera de 1954.

 

La responsabilidad de la izquierda

Aunque el gobierno de Xiomara implementó algunos programas sociales, becas y apoyos al campo, no logró transformar radicalmente las condiciones de vida de las masas. La pobreza apenas disminuyó, el aparato estatal heredado del régimen se mantuvo intacto y muchos responsables de crímenes y corrupción nunca fueron juzgados. Al mismo tiempo, Libre reprodujo prácticas clientelares e integró en el gobierno a políticos oportunistas.

Por ello, aunque la ofensiva imperialista y la campaña reaccionaria tuvieron un peso importante en las elecciones de 2025, el problema no puede reducirse únicamente al fraude. Amplios sectores populares comenzaron a perder confianza en Libre debido a sus límites reformistas y a su incapacidad para romper con el sistema capitalista hondureño.

Es significativo que muchos jóvenes vieran el proceso electoral con escepticismo. El reformismo de Libre no logró responder a las aspiraciones de transformación profunda surgidas durante los años de resistencia. Sin embargo, la experiencia también demuestra que las masas hondureñas poseen una enorme capacidad de lucha. Ya en el pasado fueron capaces de derrotar parcialmente a los reaccionarios mediante la movilización revolucionaria.

 

Solo la revolución socialista puede detenerlos

Los Hondurasgates no revelan nada esencialmente nuevo sobre la oligarquía hondureña. Simplemente exponen públicamente su carácter servil, represivo y subordinado al imperialismo. Pero el regreso de los oligarcas serviles al imperialismo significará una pesadilla para las masas y la clase obrera y la juventud no deben permitir eso.

La burguesía hondureña continúa actuando como lacaya de Washington, dispuesta a entregar el país, reprimir al pueblo, ofrecerlo como ofrenda al gran capital y convertir nuevamente a Honduras en un enclave estratégico para la contrarrevolución regional. Pero el movimiento de masas los puede frenar.

La tarea pendiente sigue siendo construir una alternativa revolucionaria independiente tanto de la oligarquía como de las direcciones reformistas. La juventud trabajadora y estudiantil enfrenta la necesidad de organizarse en base a un programa socialista, construyendo un partido comunista revolucionario capaz de agrupar a los sectores más conscientes de la clase obrera y conducir la lucha hasta sus últimas consecuencias.

Solo la movilización revolucionaria de las masas explotadas puede enfrentar realmente al imperialismo, a la oligarquía y al régimen reaccionario que hoy intenta instalarse en Honduras. Pero el movimiento debe llegar hasta el final y aplastar el capitalismo, expropiar a los oligarcas e imperialistas e instaurar un Estado de los trabajadores para obtener una verdadera independencia nacional y justicia para las masas.

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