El siguiente escrito es una crónica de una compañera comunista que narra cómo vivió su primera experiencia en la marcha del 8M en San Salvador, El Salvador.
Por: SR
La actividad se formó más o menos desde las 8 hasta las 11 y media. Se salió del Salvador del Mundo a las 9, porque a las 8:30 hubo una especie de reunión con la prensa. Varias chicas platicaron con ellos y se tomaron fotos con los carteles. Ya como a las 9:05 o 9:10 empezamos a coordinarnos para irnos sobre la marcha, y caminamos ese tramo hasta la placita que está enfrente del Galaxy, entre el centro comercial y el súper.
La verdad fue muy motivador. Llevábamos carteles, algunos hechos a mano, otros con dibujos, y había mujeres de todas las edades, incluso una bebé. Todo fue muy pacífico: caminamos, cantamos consignas, y luego nos detuvimos un rato para usar el micrófono. Una de las chicas habló y dijo que aún no había denunciado a su agresor, pero que estaba esperando pruebas; casi lloraba, y ese momento generó un sentimiento fuerte de apoyo entre todas.
Seguimos con consignas feministas y llegamos al parque, donde nos reunimos en la glorieta. Hubo batucada y varias actividades: un espacio donde mujeres mayores compartían cómo en su momento también lucharon y abrieron camino en El Salvador, otra área donde hacían trenzas, actividades con compañeras lesbianas que estaban estampando camisas con stencil, e incluso pequeñas clases de batucada. Fue un ambiente bastante dinámico, bonito y empoderador.
Sin embargo, aunque todo fue pacífico, siempre estuvo presente la vigilancia policial. En la placita frente al Galaxy, donde estábamos reunidas, había policías, y les dijeron a las organizadoras que teníamos que retirarnos. Entonces nos tocó movernos. En realidad, no estuvimos mucho tiempo ahí, quizá unos 30 o 40 minutos. En general, toda la actividad fue relativamente corta, tal vez una hora y media o una hora cuarenta en total, pero bastante intensa.
Algo que me gustó mucho fueron los carteles, especialmente uno que decía “mi primer 8 de marzo”. Ese mensaje era importante porque varias mujeres estaban participando por primera vez; yo conocí al menos unas cinco que llegaban por primera vez a una marcha así. Entre ellas estaba una de las chicas a la que luego le alteraron el cartel en redes.
Porque después vino otra parte complicada: al día siguiente empezaron a circular imágenes manipuladas con inteligencia artificial, cambiando lo que decían los carteles. Fue bastante amarillista. En el caso de esta chica, yo sé que ella no llevaba ese mensaje, sino otro completamente distinto. Se denunció la página, pero el contenido igual circuló y generó morbo, burla y distorsión de lo que realmente fue la actividad.
También hubo polémica porque una de las chicas manchó un monumento. Según entiendo, ese tipo de acciones se permiten en monumentos pero no en propiedad privada, y eso fue lo que pasó. Aun así, ese tipo de cosas se usaron para desviar la atención de lo que realmente fue la marcha.
En general, más allá de todo eso, la experiencia fue muy significativa. La fraternidad y la hermandad que se vive en esos espacios es algo bien fuerte, especialmente entre mujeres: el apoyo, las consignas, el sentirse acompañadas. Eso fue lo más importante de todo lo que se vivió ese día.
En síntesis, lo vivido ese día demuestra que, incluso en condiciones de control, vigilancia y distorsión mediática, las mujeres siguen encontrando formas de organizarse, expresarse y apoyarse mutuamente. No fue solo una marcha corta o una actividad puntual, sino un espacio donde se condensaron experiencias, denuncias, memoria histórica y, sobre todo, una fuerte sensación de comunidad y lucha compartida. Frente al intento de deslegitimar estas expresiones, ya sea mediante el amarillismo, la manipulación digital o la presión policial, lo que queda es la realidad vivida: la solidaridad, la valentía de alzar la voz y la necesidad de transformar de raíz las condiciones que originan estas problemáticas.
Pero estas experiencias, por sí solas, no bastan. Si bien son fundamentales como espacios de encuentro y concientización, también señalan la urgencia de dar un paso más: organizar esa energía, esa indignación y esa fraternidad en una lucha consciente contra el sistema que reproduce la violencia, la opresión y la desigualdad.
Por eso, la invitación es a no quedarse únicamente en la experiencia del momento, sino a dar el salto hacia la militancia organizada. Te invitamos a sumarte a Revolución Comunista, a formarte políticamente, a debatir, a construir colectivamente y a luchar por una transformación real de la sociedad. Porque solo mediante la organización consciente de la clase trabajadora y la juventud será posible acabar con las raíces profundas de estas injusticias.
