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En enero de 2026 se produjeron algunos de los acontecimientos más significativos de la historia reciente de la lucha de clases en Estados Unidos. El asesinato de Renee Good por parte del ICE1 desencadenó un explosivo movimiento contra el ICE, que culminó en una huelga general política de facto. El posterior asesinato de Alex Pretti amenazó con extender el movimiento a nivel nacional, lo que obligó a Trump a dar marcha atrás, al menos temporalmente. ¿Qué conclusiones podemos extraer de esta experiencia?
1. Los levantamientos repentinos y masivos en la lucha de clases no son cosa del pasado. No son imposibles en Estados Unidos; de hecho, son inevitables. Los acontecimientos de Minnesota fueron un ejemplo clásico de cómo un movimiento de masas puede estallar prácticamente de la noche a la mañana a raíz de acontecimientos que politizan amplias capas de la sociedad. La cantidad se transformó en calidad cuando toda la ira acumulada contra el ICE en Minnesota alcanzó un punto de inflexión, que culminó en la erupción política del 23 de enero.
2. Los acontecimientos, los acontecimientos, los acontecimientos impulsan los cambios en la conciencia de masas. La oposición al gobierno de Trump ya estaba presente en Minnesota, pero el descarado asesinato extrajudicial de Renee Good llevó a la acción política a cientos de miles de personas comunes y corrientes. La capa más avanzada de la clase obrera puede aprender de los libros y los argumentos teóricos, pero las masas de trabajadores sacan conclusiones políticas a partir de los acontecimientos. ¡Y qué conclusiones tan profundas han comenzado a sacar los trabajadores de Minnesota! La necesidad de autoorganizarse; una desconfianza total hacia (al menos ciertos sectores del) Estado capitalista; y una comprensión cada vez mayor del poder que pueden ejercer colectivamente sobre la economía. También aprendieron del movimiento anti-ICE en Los Ángeles el pasado mes de junio y en Chicago el otoño pasado, al tiempo que se basaban en la experiencia del movimiento George Floyd de 2020.
3. La corriente subyacente de radicalización de izquierda en Estados Unidos va mucho más allá de lo que la mayoría de la gente piensa. Contrario a lo que afirman los medios de comunicación liberales, no se ha producido un «giro hacia la derecha» fundamental entre los trabajadores estadounidenses. Si bien algunos sectores de la clase trabajadora siguen poniendo a prueba el programa de Trump, otro sector enorme ya se opone totalmente a él y se ha desplazado hacia la izquierda. Acontecimientos sintomáticos como la elección de Zohran Mamdani son solo la punta del iceberg. En Minnesota, vimos a gente común y corriente movilizarse en masacontra los cuerpos armados del Estado capitalista. Surgieron órganos embrionarios de autoorganización de la clase trabajadora en forma de reuniones masivas en los barrios y chats en Signal. Entre ciertos sectores, también se debatió la necesidad de la autodefensa armada. Y el hecho de que la idea de una huelga general se apoderara de las mentes, no solo de los activistas, sino de una capa mucho más amplia de la sociedad, representa un punto de inflexión para la lucha de clases en este país.

4. La idea de que la administración Trump es un gobierno fascista o una dictadura militar-policial en ciernes es totalmente falsa. Sean cuales sean sus inclinaciones personales, Trump no está en condiciones de construir un poderoso régimen bonapartista o fascista. El movimiento en Minnesota puso de manifiesto la debilidad del gobierno de Trump. Frente al movimiento orgánico de las masas —y la clara posibilidad de que el asesinato de Alex Pretti desencadenara una explosión social aún mayor en todo el país—, Trump se vio obligado a dar marcha atrás, destituyendo a Greg Bovino de su cargo y declarando públicamente que «vamos a rebajar un poco la tensión». Esto reivindica completamente los métodos de lucha colectiva de masas que se han visto en las calles de las Ciudades Gemelas 2 y demuestra que el equilibrio de fuerzas de clase en Estados Unidos favorece abrumadoramente a la clase trabajadora. Trump es un experto en distraer y desviar la atención, y prefiere redoblar los esfuerzos y pasar a la ofensiva siempre que sea posible, pero hay límites claros hasta dónde puede llegar.
5. El actual período de crisis e inestabilidad está dejando al descubierto la verdadera naturaleza de la «democracia» burguesa. La democracia burguesa siempre ha sido la dictadura de la clase capitalista sobre la mayoría explotada. En Estados Unidos, especialmente, siempre se ha basado en la represión y la violencia estatal para mantener el dominio capitalista. Acontecimientos como el asesinato de Renee Good y Alex Pretti están erosionando las ilusiones y aclarando el verdadero papel del Estado capitalista en la mente de millones de personas. Se trata de cambios sorprendentes en un país donde el capitalismo y sus instituciones gozaban antes de tanta legitimidad.
6. Con una dirección revolucionaria, el movimiento podría haber ido mucho más lejos. El estado de ánimo y el potencial para una huelga general total estaban presentes al 100 %. Esto podría haber paralizado no solo las pequeñas empresas, las escuelas y las instituciones culturales, sino también los principales motores de la economía: transporte, energía, comunicaciones, logística, industria manufacturera, etc. Tras el asesinato de Alex Pretti, esto podría haberse extendido por todo el país. La burocracia sindical hizo todo lo posible para canalizar la energía de las masas por vías seguras. La presión desde abajo les había obligado a fijar una fecha para un «día de acción», pero evitaron de forma notable hacer nada más. Lo que se necesitaba era ampliar y extender los comités de barrio a los centros de trabajo y, sobre todo, vincularlos a través de representantes electos en un organismo municipal responsable ante las asambleas de masas y capaz de coordinar el movimiento. Armada con este programa, una organización marxista de cuadros de tan solo 500 o 1000 miembros arraigados en los centros de trabajo de los sectores clave de Minneapolis-St. Paul podría haber marcado la diferencia.
7. Los reformistas no entienden nada. En la dirección de la DSA3, en el consejo editorial de Jacobin 4 y en algunos rincones de la burocracia sindical, ciertos socialistas liberal-reformistas hablan de la boca hacia afuera sobre la lucha de clases, mientras que en la práctica se limitan a apoyar al Partido Demócrata y otras instituciones de la clase dominante. Estas personas rinden homenaje a la historia de la lucha de clases en Estados Unidos, pero nunca creyeron realmente que algo así volvería a suceder. Acusaron a los socialistas revolucionarios de «esperar a que sucedieran los acontecimientos», sin comprender ellos mismos la profundidad de la crisis y las inevitables convulsiones que se avecinaban. Ahora que ha sucedido, lo «apoyan», pero siguen sin comprender lo que realmente representa.
8. Hemos entrado en una nueva época de lucha de clases en Estados Unidos. El 23 de enero fue solo el comienzo, un ensayo general, y una señal de que se avecinan cosas mucho más importantes.El segundo cuarto del siglo XXI será muy diferente al primero. En nuestro futuro nos esperan movimientos de masas, huelgas militantes, huelgas generales y, finalmente, una situación revolucionaria en toda regla.

9. La única debilidad real de la clase obrera estadounidense es la falta de un partido revolucionario. Los aproximadamente 160 millones de trabajadores asalariados de Estados Unidos constituyen un poder potencialmente imparable, pero este potencial no puede realizarse plenamente a menos que y hasta que cuente con una dirección digna de ese nombre. En Minnesota, vimos la inmensa creatividad de la clase obrera cuando se ve empujada a la acción, pero también los claros límites de la espontaneidad por sí sola. Para ir más allá y, finalmente, conquistar el poder político y económico, la clase trabajadora necesita un liderazgo marxista. Un partido revolucionario de masas puede canalizar el poder de la clase trabajadora para transformar la sociedad sobre bases socialistas.
10. Un partido así no caerá del cielo. Tiene que construirse conscientemente con antelación a los futuros movimientos y levantamientos revolucionarios; debe estar preparado de antemano. Así como la clase dominante dedica tiempo y recursos a formar y educar al estado mayor que dirige su Estado, la dirección de la clase obrera debe tener su propio campo de entrenamiento serio. La clase obrera necesita un partido de revolucionarios profesionales, personas que hayan estudiado a fondo la teoría marxista y las lecciones de la lucha de clases. Todos los luchadores serios de clase deben unirse a la RCA y ayudar a construir el partido de la próxima revolución socialista estadounidense.
NOTAS:
- Immigration and Customs Enforcement (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU.) ↩︎
- Minnesota y St. Paul se conocen como las “Ciudades Gemelas” (Twin Cities) porque son dos ciudades contiguas, separadas sólo por el río Misisipi, que crecieron y se desarrollaron juntas hasta formar un mismo núcleo urbano, aunque siguen siendo ciudades distintas. ↩︎
- Democratic Socialists of America (Socialistas Democráticos de America), formación socialdemócrata, que canaliza su trabajo político a través del Partido Demócrata de los EE.UU. ↩︎
- Revista norteamericana de orientación socialdemócrata, basada en Nueva York. Varios de sus editores y escritores son integrantes de DSA. ↩︎
