Manifiesto contra la agresión imperialista a América Latina

El brutal bombardeo del imperialismo norteamericano contra Venezuela el 3 de enero pone sobre la mesa la nueva realidad a la que nos enfrentamos en América Latina, México incluido. Una nueva política para el continente y el mundo está siendo anunciada con el martillar de los misiles estadounidenses.

Los bombardeos a Venezuela y el secuestro de su presidente, la política contra los migrantes en EE. UU., el abandono del imperialismo norteamericano a la OTAN y la ruptura de las reglas establecidas en las que se sustentaba el orden mundial,  son las señales de una nueva era mundial: “la era del imperialismo desenfrenado, en la que la fuerza es el derecho y el mundo entero estará dividido en esferas de influencia entre las grandes potencias.” (Alan Woods, El regalo de Año Nuevo de Donald J. Trump al mundo).

El arribo de Trump a su segundo mandato y la decadencia relativa del imperialismo norteamericano

Un año se ha cumplido desde que Trump llegó a su segundo mandato al frente del gobierno de los EE. UU., este periodo ha cimbrado al mundo de pies a cabeza. Este peculiar personaje no es el causante del caos mundial, es el resultado más acabado de este periodo de bancarrota capitalista, de crisis, guerra y revolución. Más particularmente, es fruto de la decadencia relativa del imperialismo norteamericano y del ascenso de otras potencias a nivel mundial, como Rusia y China.

Reconociendo el declive del imperialismo norteamericano y la influencia creciente de China en el mundo, la estrategia de Trump planteó terminar con los conflictos que no tenían ningún interés directo para la seguridad nacional del imperialismo estadounidense y la clase dominante en su país, dando la espalda a la burguesía europea en la guerra en Ucrania y centrando toda su atención en reforzar su dominio en lo que considera su patio trasero.

Esto ha significado un terremoto a nivel mundial, el imperialismo europeo, particularmente el alemán, ha quedado expuesto públicamente. Europa fue arrastrada a la guerra en Ucrania por Biden y ahora, cuando la derrota es anunciada, son desamparados frente al poderío militar ruso.

Los viejos aliados han recibido una patada en la boca y con ello el bloque occidental que dominó el mundo en las últimas décadas se está rompiendo. Para reafirmar esta nueva realidad vemos lo que plantea ahora Trump sobre Groenlandia, colonia de la corona danesa, miembro de la OTAN.

Trump desde el primer minuto dijo que su interés estaba centrado en América Latina, Groenlandia y Canadá. Ya ha dado muestras de lo que es capaz  en Venezuela y ha dejado claro que uno de los próximos objetivos es conseguir Groenlandia porque lo considera fundamental para su seguridad nacional. Esto destruirá la OTAN y no le importa mucho el asunto, sus intereses están por encima de lo que los europeos puedan pensar o hacer.

Para Trump todo esto es estratégico porque es la forma de volver a hacer fuerte al imperialismo norteamericano, por eso es que no le importa destruir el derecho internacional, lo ha dicho con todas sus palabras: “No necesito el derecho internacional”,  para él solo su propia moralidad es la que le indica lo que tiene que hacer y lo que no. Como dialécticos sabemos que la moralidad y pensamiento es un reflejo de su condición material, por tanto, su moralidad es la de un imperialista necesitado de más recursos y poder.

La política de Trump sobre América Latina

El 5 de diciembre la administración Trump publicó su “Estrategia de Seguridad Nacional”, en la cual se muestra de cuerpo entero, pues deja en claro las intenciones que tiene su gobierno con respecto al mundo. Este documento es una confirmación de la política que ya estaba implementando y lo pone por escrito para que no haya duda sobre sus intenciones.

En relación al continente americano el documento plantea tres ejes generales: luchar contra el narcotráfico, contra la migración y el avance de China. La lucha contra el avance de China es la esencia de la cuestión, los otros dos son las excusas para conseguir cerrar la puerta al imperialismo chino en la región.

Bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico ha sentado a México a “negociar” —lease le a impuesto— un cambio en la lucha contra el narcotráfico, tener una política económica anti china y le puso un cuchillo en el cuello, el cual puede ser utilizado en cualquier momento, cuando designó a los cárteles como organizaciones terroristas.

La política criminal contra Venezuela comenzó inventando un supuesto cártel de los Soles y acusó al presidente Nicolás Maduro de dirigir  esta organización. Es importante señalar que el Departamento de Justicia de EE. UU.  ya dijo que el mentado cártel no existe, echando por tierra todas las mentiras del gobierno de Trump.

Trump ha acusado al presidente colombiano Gustavo Petro de tener una fábrica de cocaína y le recomendó que cuidara su trasero. Esta acusación es una amenaza directa contra Colombia y la clase obrera del continente. En otra de sus declaraciones el presidente estadounidense dijo que el ataque por tierra a los carteles mexicanos avanza. Más recientemente ha dicho que Cuba no recibirá más petróleo desde Venezuela, endureciendo el cerco económico contra la isla.

La política de Trump hacia el continente es muy clara:  la utilización de su poderío económico, político y militar para la expansión y consolidación de los intereses las empresas estadounidenses en la región para que puedan controlar los mercados de los diferentes países; y el acceso a recursos estratégicos, minerales y de infraestructuras.

Esto que se describe en la Estrategia de Seguridad se ha vivido desde el comienzo del gobierno de Trump. Esta política comenzó con declaraciones y presiones diplomáticas pero ahora han tomado el camino de la amenaza y ataques brutales.

El primer país en sufrir esta presión fue Panamá por la relación y contratos que había hecho con China en el Canal. La amenaza imperialista logró  frenar los contratos de las empresas chinas e incluso se habló que ellas venderían sus negocios a empresas norteamericanas, aunque esto no se ha resuelto. Otro logro fue que se admitió que el ejército de los EE. UU. podía entrar a ese país centroamericano. El Canal de Panamá es una ruta comercial que EEUU considera estratégica para su seguridad nacional, de la misma manera que lo son las rutas marítimas en el Ártico.

Al tiempo que se comenzó a mover la maquinaria de guerra imperialista al Caribe, EE. UU. interfirió para definir tres elecciones en el continente; en Argentina utilizó el chantaje para presionar al electorado para que votaran por el candidato de Milei; en Bolivia, aprovechando la división en el proyecto reformista, empujó a Paz, quien  es un aliado del imperialismo; en Chile también metió la mano para que el derechista Kast fuera el triunfador en la contienda electoral y en Honduras, apoyó abiertamente al candidato del derechista Partido Nacional, Nasry Asfura, y para no dejar duda de su apoyo liberó al expresidente Juan Orlando Hernández, ya condenado en EE. UU. por crímenes de narcotráfico.

El último y más brutal acto de intervención en el continente ha sido el bombardeo y secuestro del presidente venezolano el 3 de enero.

La intervención imperialista en Venezuela 

El bombardeo del imperialismo estadounidense a Venezuela marca un punto de inflexión a nivel internacional, deja en claro que a Trump no le importan la ficción de las leyes ni el derecho internacional y que quien decide es la fuerza. Es un regreso a la época del imperialismo crudo y duro. Como no existe un ejército tan poderoso como el norteamericano que le ponga un alto, significa que EE. UU. puede hacer lo que le dé la gana.

La noche del 3 de enero fue el azote de la nueva realidad lo que sorprendió a todo el mundo. Este ataque fue precedido por 6 meses de hostigamiento y agresiones militares, incluyendo los ataques a lanchas rápidas, con más de 100 ejecuciones extrajudiciales y el robo de buques petroleros. Sumemos a eso que la captura y secuestro de Maduro la noche del 3 de enero, implicó el asesinato de casi 100 personas entre civiles y militares.

La Internacional Comunista Revolucionaria, incluyendo nuestras secciones en EEUU y Venezuela, desde el primer día de la escalada, a finales de agosto, condenó la agresión imperialista a un estado soberano. En la lucha del imperialismo por dominar y conquistar mercados, esferas de influencia y terrenos de inversión, los comunistas revolucionarios nos colocamos incondicionalmente del lado del país agredido.

Los objetivos del ataque fueron: el control de los recursos petroleros y minerales de Venezuela, la expulsión de rivales de EEUU de su posición de influencia en el país (China y Venezuela), y enviar un mensaje claro a todos del poderío militar de EEUU como aviso a otros.

De todas maneras hay que tener un sentido de la proporción. EEUU tuvo que utilizar todo su poderío militar, sus armas más avanzadas, el 20% de su flota de guerra, 150 aeronaves, para una operación militar limitada a un solo objetivo preciso, que ni siquiera implica tener tropas invasoras de manera permanente.

La respuesta de las masas venezolanas no ha sido como la que vimos en el 2002 cuando la oligarquía y el imperialismo dieron el golpe contra Hugo Chávez y se volcaron a las calles desde los cerros y cercaron Miraflores. Las movilizaciones que hemos visto han carecido de ese fuego que sólo puede inspirar una revolución.

El gobierno de Nicolás Maduro llevó adelante una contrarrevolución en Venezuela tras la muerte de Chávez. Todos los aspectos más importantes de la revolución bolivariana los acabó la burocracia  madurista:

Se ha aplastado el control obrero, se han privatizado empresas que fueron nacionalizadas, se ha expulsado a los campesinos de tierras que fueron expropiadas bajo Chávez. Al mismo tiempo, se han destruido la negociación colectiva y los derechos de los trabajadores, se ha encarcelado a sindicalistas combativos, se ha retirado el registro electoral a los partidos de izquierda (incluido el Partido Comunista)… muy poco o nada queda de la revolución bolivariana.

El hecho de que esta contrarrevolución termidoriana haya sido llevada a cabo cínicamente por la burocracia de Maduro utilizando la bandera del «socialismo», el «bolivarianismo» y el «chavismo», ha provocado el descrédito generalizado de estas ideas y un proceso de profunda desmoralización política entre las masas de trabajadores y pobres en Venezuela, y ha provocado confusión en todo el continente.

La situación en Venezuela ahora no se puede definir más que como una de dominación semi-colonial por parte de EEUU. El gobierno de Delcy Rodriguez es formalmente la continuación del gobierno de Maduro, pero en la práctica EEUU dicta su política en todos los aspectos fundamentales, y para hacerlo tiene en su mano el control del flujo de petróleo y de los recursos que se generan con su venta. .

El imperialismo al estilo clásico

La Doctrina Monroe, en 1823, representaba la ambición de un país capitalista jóven y dinámico, por controlar el continente y expulsar a sus antiguos amos coloniales europeos. Con el corolario Roosevelt, a principios del SXX, el imperialismo estadounidense, que se acercaba a su periodo de madurez, se arrogaba el derecho de actuar como policía de todo el hemisferio. Hoy el Corolario Trump o “Doctrina Donroe” representa el intento desesperado de un imperialismo senil y en crisis por enfrentarse a los retos de un mundo en el que ya no es la única potencia dominante.

El objetivo de este Corolario es restablecer la autoridad del imperialismo norteamericano en el Hemisferio Occidental a partir de la seguridad nacional de los EE. UU. Para lograrlo busca eliminar competidores no hemisféricos (léase China) ya sea por medio de la fuerza o controlando activos estratégicos de esos países para que sean dependientes del imperialismo. Busca impulsar líderes y presidentes regionales aliados y afines a sus intereses programáticos, interviniendo de diferentes maneras en cada país.

Habla de la necesidad de desplegar su aparato militar con la excusa de cerrar las rutas migratorias y frenar el narcotráfico en la región. Utilización de fuerza letal contra las organizaciones de crimen organizado, particularmente los del narcotráfico que ya han sido clasificados como terroristas. Todo esto ya lo hemos visto en acción en Venezuela.

Esta nueva doctrina de seguridad nacional convierte a todo el continente en un campo de batalla en el que EEUU trata de restablecer su predominio y expulsar a China. Las masas obreras y campesinas pagan los platos rotos de esta disputa.

México en la mira 

En la rueda de prensa el día después de los bombardeos a Venezuela, Donald Trump amenazó a dos países de la región. Sobre Colombia dijo lo siguiente: “Colombia está muy enferma también. Dirigida por un hombre muy enfermo a quien le gusta  fabricar cocaína y venderla en Estados Unidos, y no lo estará haciendo por mucho tiempo.” En la rueda de prensa alguien preguntó si eso implicaba un operativo y Trump respondió “me suena bien a mí”.

Sobre Cuba habló lo siguiente: “Cuba parece como que está lista para caer. No sé si podrá aguantar y uno tiene a muchos grandes cubanoestadounidenses que estarán muy contentos por ello” refiriéndose a que la isla sólo se sostiene a partir del petróleo venezolano y que este no llegará más.

Días después también amenazó a Groenlandia y México, sobre este último dijo lo siguiente en una entrevista: “Vamos a empezar ahora a atacar por tierra a los cárteles. Los cárteles están controlando México”.

México siempre ha sido una prioridad estratégica para el imperialismo norteamericano, ambos países comparten 3,152 kilómetros de frontera por la que pasan millones de personas legales o ilegales al año, México es el principal socio comercial de EE. UU., el comercio entre ambos países ronda entre los 632 mil millones de dólares anuales (esta cifra es del 2024).  Además, 40 millones de mexicanos viven en Estados Unidos.

Estos aspectos son de suma importancia porque si bien, México es un país totalmente dependiente de los Estados Unidos, el 15.9% del total del comercio estadounidense es con su vecino sureño. De alguna forma una parte importante de la economía norteamericana también depende de las empresas que están en el territorio nacional, principalmente empresas automovilísticas y armadoras.

Desde la llegada de Trump la presión imperialista se ha incrementado fuertemente, utilizando a la migración y el narcotráfico como excusa el imperialismo ha forzado a un cambio en la política frente al narco, ha hecho que el gobierno mexicano cobre aranceles a mercancías asiáticas, principalmente chinas y ha tenido que adaptarse a los requerimientos migratorios que pide Estados Unidos.

Las exigencias se han cumplido al pie de la letra, incluso el gobierno mexicano ha cerrado un ojo para congraciarse con Trump y ha extraditado a más de 50 líderes de grupos de la delincuencia organizada, incluyendo narcotraficantes que dirigían organizaciones importantes como la de Los caballeros templarios.

Al tiempo que el gobierno de Claudia ha cedido, ha presentado todo su actuar como una negociación victoriosa donde México ha conseguido frenar los ataques de Trump. Es decir, la retórica del gobierno es decir que se negocia de iguales pero en la práctica termina cediendo a todo lo que piden los EE. UU.

Claudia pensaba que este actuar podría impedir que se cobrarán aranceles a las exportaciones mexicanas, logró que por el momento todas las mercancías que estén dentro del T-MEC no paguen aranceles, pero esto puede terminar de un momento a otro. No logró esquivar el 10% general a las otras mercancías que se exportan fuera del tratado comercial ni las que se impusieron a la industria automotriz, plata y aluminio.

El gobierno ha pasado de la incredulidad a la resignación. Primero se negaron al hecho de que se pudieran cobrar los aranceles, ahora  en una de las “mañaneras” Claudia ha dicho que, al declarar a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas, los norteamericanos tienen un marco jurídico para intervenir.

Viendo el actuar de Trump en Venezuela, las amenazas a México ya no suenan a ideas tontas. Una posible agresión imperialista tendría repercusiones muy importantes en México, el gobierno estaría sentado en un barril de pólvora que podría explotar. Si acepta con los brazos cruzados la agresión y se queda en discursos su denuncia, la pérdida de credibilidad en el movimiento de la 4T sería importante, el respaldo que ahora tiene la presidenta caería rápidamente.

Por otro lado, si llamara a una resistencia en las calles, correría el riesgo de que el movimiento la rebase y perdería el control de las masas enfrentándose a ellas para controlar la situación. El gran problema para los gobiernos reformistas, que están bajo la mira del imperialismo, es que ellos no tienen en su perspectiva una sociedad fuera del capitalismo y si aceptas al capital tienes que aceptar las reglas que dominan ahí, y como ya lo mencionamos, las nuevas reglas son la fuerza y el sometimiento.

La intervención en un país como Colombia o México sería muy diferente de lo que ha hecho en Venezuela. En ambos países el proyecto reformista es robusto y con un apoyo de masas.  La respuesta no se haría esperar y no sería fácil recuperar la normalidad, si es que sus dirigentes son apresados.

Si lo que quiere el imperialismo es que México ceda más de lo que ya lo ha hecho, el mejor camino es esperar la negociación del tratado comercial T-MEC que este año entra a revisión. Seguramente ahí el imperialismo doblará a México sobre todas sus demandas. Si el imperialismo decide atacar no sólo se levantaría el país, sino que una parte de los mexicoamericanos que viven allá, seguramente, se pondrían en guardia y en más de una ciudad se verían disturbios.

En la mente de una persona juiciosa, el sentarse a negociar con el país —con todos los precedentes antes mencionados— sería el mejor camino para mantener el dominio que ya ejerce. El problema es que Trump no es muy juicioso que digamos y todo se puede esperar de él.

Si lo que busca es mantener su sometimiento económico, tiene una puerta abierta en el gobierno, si sus objetivos son más políticos, por ejemplo el echar al gobierno de la 4T, la cosa se va a poner complicada.

Muchas cosas pueden pasar a lo largo del año, apenas estamos comenzando enero y la situación política está ardiendo, tendremos un largo año donde se presentarán situaciones que no habremos visto en un periodo reciente, nos tenemos que preparar para dar la lucha con los ojos abiertos.

La posición de los comunistas

Sería irresponsable no sacar conclusiones de lo que estamos presenciando. Es correcto que el gobierno mexicano repudie la intervención armada, pero es insuficiente. La 4T, en sus 7 años de gobierno, no hizo nada para romper la dinámica de dependencia con EE. UU., al contrario, la profundizó, cerrando cualquier otra posibilidad de desarrollo “independiente”.

Si hay un país que sufre de manera directa las presiones del imperialismo norteamericano, es México. La presidenta cree que con una “buena” negociación con Trump, se puede salvar de la nueva dinámica, pero esto es un error.

El gobierno mexicano ha utilizado estas presiones para consolidar su apoyo popular con un discurso nacionalista, al tiempo que ha confirmado su alianza con la burguesía nacional para “fortalecer” la economía. Piensa que la burguesía nacional le va apoyar, pero ellos no tienen amigos, ven por sus intereses y si ven que el barco se hunde, saltarán como ratas en busca de un nuevo asidero.

Nuestra posición es muy clara, nos oponemos a la intervención imperialista en Venezuela y en toda América Latina. Nos oponemos a las amenazas y presiones que el imperialismo ejerce contra México.

Si el imperialismo lanza un ataque militar contra México lucharemos en un frente único con todas las fuerzas que se opongan a la intervención, incluyendo el gobierno de Claudia. Pero, la unidad debe servir para luchar, no para lavarle la cara al imperialismo o adormecer la conciencia de nuestra clase.

Ante el llamado de “unidad nacional” que hace la dirección de Morena, nosotros decimos la unidad internacional de los explotados para la lucha. Si una parte de la burguesía quiere unirse a luchar, deberá de ser tras el programa de la clase obrera.

Los sindicatos y organizaciones sociales ya han comenzado a movilizarse, la jornada de lucha del sábado 10 de enero en la CDMX es una buena muestra de cómo los sindicatos pueden tomar la batuta en esta lucha. La clase obrera puede frenar las fábricas de capital norteamericano en el momento de una agresión, la clase obrera junto a los estudiantes y campesinos pueden paralizar el país en una jornada de huelga, golpeando duramente al capital internacional y con ello presionando para que cesen las hostilidades.

La clase obrera y aliados, con una dirección independiente es la única que puede empujar al gobierno a una lucha abierta contra el imperialismo, exigir el armamento del pueblo y la conformación de comités antiimperialistas que luchen con las armas en la mano para defender la soberanía nacional y contra el dominio del gran capital.

Los comunistas estaremos en primera línea de lucha antiimperialista contra cualquier intento de intervención militar contra el país, defendiendo el derecho democrático de soberanía nacional.

Al mismo tiempo, exigimos que el gobierno tome medidas para prepararnos para un ataque mayor por parte del imperialismo. Pugnamos por la aplicación de estas medias que consideramos necesarias y que defenderemos desde la base de los sindicatos, centros de estudio y barrios::

  • Hablar claramente sobre los peligros de la intervención imperialista, haciendo un llamado a la movilización masiva de los trabajadores y la juventud.
  • Un plan de movilización y armamento de los trabajadores en defensa de la soberanía nacional ante cualquier ataque imperialista.
  • Conformación de comités de trabajadores en todas las empresas para estar listos y actuar en caso de una agresión imperialista.
  • Por la integración de un consejo nacional de huelga que pueda movilizar y paralizar todas las empresas de capital norteamericano y nacional para detener la producción en caso de agresión.
  • Por la conformación de un comité nacional antiimperialista que pueda tomar medidas ante cualquier agresión, con representantes obreros, estudiantiles, campesinos e indígenas.
  • Por la nacionalización de todas las empresas de capital norteamericano en caso de agresión.

Sólo el pueblo organizado y dispuesto a la lucha hasta el final puede detener cualquier ataque. El imperialismo no necesita “provocaciones” o excusas para intervenir. En este caso la debilidad invita a la agresión y nuestro planteamiento es, como lo defendía Lenin: si quieres paz, prepárate para la guerra.

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